Fetiches que muchos prefieren

05/13/2011 |
Los fetiches más comunes están relacionados con los objetos que se pueden llevar puestos y los que se pueden oler o frotar con la genitalia. (Archivo)  
Hay personas que desarrollan el fetiche con partes del cuerpo humano.

No puede evitar girar la vista cuando sus ojos divisan un par de zapatos de tacón alto.

Tan sólo observarlos es suficiente para que él logre un alto grado de excitación. Por esa razón, se pasea por las zapaterías en busca de la sensación placentera que le produce el calzado femenino.

El ejemplo antes mencionado representa un caso de fetichismo, específicamente con los zapatos de mujer. Pero, ¿qué es el fetichismo?

“A grandes rasgos, viene siendo un tipo de parafilia. La parafilia es un patrón de comportamiento sexual donde la fuente predominante del placer no se encuentra en la cópula o en el coito, sino en alguna otra cosa u objeto o actividad”, acota la sexóloga y perita forense Alicia Fernández, quien sostiene que el fetichista logra el orgasmo a través de un objeto, sustancia o parte del cuerpo en particular.

El psicólogo Carlos Sosa sostiene que hay personas que desarrollan el fetiche con partes del cuerpo humano, como los pies, las piernas, las caderas o los senos. “El busto femenino es un objeto de fetichismo masculino muy común en los Estados Unidos”, acota.

Una práctica común de las personas que tienen fetiches es masturbarse con el objeto que les genera placer, establece Sosa. “Hay personas que los combinan; usan el fetiche además de la interacción con una pareja. Puede ser combinado o una práctica solitaria”, añade.

Los favoritos

Los fetiches más comunes están relacionados con los objetos que se pueden llevar puestos y los que se pueden oler o frotar con la genitalia, acota la sexóloga. Las vestiduras femeninas, como pantis, pantimedias, tacones altos, botas, minifaldas y ropa de cuero y disfraces son los preferidos de los fetichistas.

“Hay personas que guardan prendas íntimas de su pareja, que no las lavan porque el olor las estimula y ésa puede ser una forma de fetichismo”, sostiene Sosa. “Las personas que practican sadomasoquismo utilizan trajes de baño de cuero, fuete (látigo), cadenas y puyas. Ésos son fetiches”, destaca.

No hay estadísticas en Puerto Rico que indiquen qué género tiene mayor prevalencia en el fetichismo, sin embargo, la doctora opina que el hombre tiende a ser más fetichista que la mujer. La sexóloga advierte, por otro lado, que a algunas féminas les gustan los uniformes de los cuerpos de seguridad y militares. Esto pudiera ser un fetiche.

Existen hombres heterosexuales que sienten placer vistiéndose de mujer o utilizando objetos como esposas, grilletes y látigos, acota Fernández. Hay fetichistas que visitan tiendas de ropa femenina y eso es suficiente para que se sientan excitados.

“Uno de los fetichistas más comunes en Puerto Rico (en diferentes épocas y municipios) es el robapantis, que vigilaba a la mujer más cercana que tendía su ropa en los cordeles. Este hombre iba recolectando los pantis de las mujeres”, sostiene Fernández, a lo que añade que “él no va detrás de la mujer, sino del panti, del objeto”.

El caso más reciente registrado en Puerto Rico fue el de Luis Serrano Nogueras, de 38 años, un hombre que le robaba la ropa íntima a una vecina suya en el barrio Bermejales, en Orocovis.

Cuestión de medida

“Todo el mundo, en mayor o menor grado, puede tener conductas fetichistas”, comenta Sosa.

“A todos los hombres les provoca ver senos, caderas y piernas bonitas, los erotiza. El que es fetichista, si ese objeto no está presente, no alcanza la excitación sexual, tiene una dependencia, pasa a ser una patología, una adicción”, sostiene la sexóloga.

La doctora sostiene que hay que diferenciar lo que es una técnica erotológica de lo que es una parafilia. La primera es un método que puede desarrollar el hombre o la mujer para estimular a su pareja. En ésta, la persona se puede disfrazar, por ejemplo, de conejita o de enfermera en alguna ocasión especial (Halloween, o un aniversario). “Si siempre necesita eso, es una parafilia”, añade.

Zona de peligro

El fetichismo puede ser una práctica inofensiva, a menos que pueda provocar malestar clínicamente significativo, problemas o angustia a la persona que lo padece, o a terceros. Entonces, se trataría de un trastorno patológico. “Se clasifica como enfermedad siempre y cuando sea una conducta recurrente durante al menos seis meses, necesaria para la excitación sexual y que afecte la vida social o laboral del sujeto”, añade Fernández, quien sostiene que si no se afectan dichos aspectos, se considera simplemente una manifestación de su sexualidad.

Sosa comenta: “Tenemos que ocuparnos del fetiche cuando representa un peligro para la persona como, por ejemplo, prácticas que han resultado fatales, como ahorcarse de alguna cuerda en un clóset para experimentar mayor sensación de placer en el orgasmo”. Ése fue el caso del actor David Carradine, quien fue hallado muerto en el armario de un hotel de Tailandia en lo que aparenta haber sido una sesión de asfixia autoerótica.

“Mientras las prácticas sean inofensivas, cada cual tiene derecho a disfrutar de su sexualidad después que no haya un peligro inminente ni para sí mismo ni para otras personas”, acota el psicólogo.

Fernández sostiene que si el fetiche se torna en una patología, el plan de trabajo estaría dirigido a desarrollar el autocontrol y la inteligencia emocional del fetichista para que canalice esos impulsos.