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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

Crítica: Dark Shadows

05/10/2012
DARK SHADOWS.- Dirigida por Tim Burton. Protagonizada por Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Eva Green, Jackie Earle Haley, Helena Bonham Carter, Chloe Moretz. Clasificación PG-13. Duración: 113 minutos.

Luego del estreno del catastrófico remake de Planet of the Apes (2001), la carrera de Tim Burton cayó en un pantano creativo del que no ha salido. Pasó de ser un inventivo director con un estilo único y gran imaginación a un cineasta estancado en su zona de comodidad. La última vez que trató de hacer algo diferente fue dos años después con Big Fish (2003), película que no funciona a cabalidad, pero al menos trató y se nota la buena intención detrás del trabajo.

Desde entonces Burton prácticamente se ha dedicado a tomar propiedades intelectuales que han sido populares en otros medios y aplicarles su estética “burtonesca”, lo cual significa tornarlas góticas –o hacerlas más góticas- y apoyarse de las excéntricas interpretaciones de su “musa” favorita, Johnny Depp. La manera como se recicla a sí mismo ha llegado a tal punto que parece una parodia de aquel director que nos deleitó con las memorables Beetlejuice, Edward Scissorhands y Ed Wood.

Burton regresa ahora con Dark Shadows, su octava colaboración con Depp –a quien vuelve a maquillar con exceso de polvo blanco-, y en la cual adapta al cine una telenovela de culto estadounidense de los años 60. El director realiza un buen trabajo de reproducir el melodrama inherente de los culebrones, perceptible en las actuaciones exageradas de su talentoso elenco y los encuadres televisivos que realiza con la cámara, pero aun cuando estéticamente demuestra su declarado amor por la serie original, el filme no deja de sentirse hueco y sumamente aburrido ante la ausencia de una trama cautivante. 

Reconozco que exigir un buen argumento en una película basada en una telenovela es como lamentar la falta de realismo en una cinta de superhéroes. Sin embargo, poco logra el guión de Seth Grahame-Smith por delinear unos personajes simpáticos en situaciones que nos importen. A grandes trazos, es una historia de venganza de una bruja hacia un vampiro que nunca correspondió su amor; a menores, el tedioso pulseo entre dos familias por controlar el negocio de la pesca en un pueblito.

Depp encarna a Barnabas Collins, un vampiro que fue sepultado por la bruja Angelique (Eva Green) desde el siglo 18 hasta que logra escapar 200 años más tarde, en 1972. Barnabas regresa a la mansión de su familia y se encuentra no sólo con sus descendientes, sino con que la empresa que inició su padre ha decaído ante la competencia liderada por la propia Angelique, cuyos hechizos la mantienen joven.

Mientras por un lado Burton exalta los aspectos más absurdos de la trama y se mantiene mayormente firme en que ésta sea presentada con seriedad, no resiste recurrir al humor que siempre se manifiesta de alguna manera en sus trabajos. Cuando el libreto trata ser gracioso falla espectacularmente con chistes simplones y obvios (“Alice Cooper es la mujer más fea que he visto”) que se anclan en el choque cultural de Barnabas con las idiosincrasias de los años 70 para provocar carcajadas fáciles que nunca llegan.

Esta comedia innecesaria también afecta las interpretaciones de elenco, que en su mayoría son buenas cuando se encuentran dentro del espectro novelero. Depp ha perfeccionado con los años su rutina de personajes extraños y aquí aumenta la teatralidad en una actuación que realiza sin el más mínimo esfuerzo. Quienes sí resultan memorables son Pfeiffer y Green, la primera como la típica figura matriarcal de las telenovelas, y la segunda como la inescrupulosa seductora, sin que ninguna rompa con la atmósfera melodramática. El resto del elenco se mantiene en el perímetro sin mucho que hacer.

Hasta que Burton no acepte un guión que lo rete como artista, seguiremos viendo de él trabajos como este: fáciles, olvidables y desechables. Fracasa hasta en ser entretenido. Su amor por Dark Shadows está en pantalla, aunque a veces sea difícil notarlo, pero al mismo tiempo influye en su acercamiento al material y al final se siente como un homenaje hecho por un ferviente fanático deseoso de compartirlo con más personas. Es un cineasta talentoso y posiblemente aún le queden una o dos buenas películas por dirigir. Esta no es una de ellas. O quizás ya sea hora de que persiga una carrera en lo que siempre ha sido su mayor destreza: diseño de producción.