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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

UC: Rosemary’s Baby

11/14/2012

Sólo una película en esta edición de Universidad Criterion, pero cuando se trata de un clásico de esta envergadura, no hace falta más.

La palabra “clásico” tiene una gran connotación. Se siente el peso al decirla y más aún cuando nos enfrentamos por primera vez a una obra calificada de esta manera. Sí, lo confieso. No fue hasta hace unos días que vi por primera vez Rosemary’s Baby, el aclamado filme de Roman Polanski que recién salió en una estupenda edición en Blu-ray bajo el sello de The Criterion Collection.

A continuación, mi opinión de la oscura odisea de Rosemary Woodhouse.


Rosemary’s Baby

Para provocar terror -genuino, escalofriante- no hay monstruo que se le pare al lado a la efectiva elaboración de una espeluznante atmósfera. Con excepción de una muy memorable escena, Rosemary’s Baby no aparenta ser una película de horror. Es sólo a través de la excelente dirección de Polanski -y la soberbia actuación de Mia Farrow, como la protagonista- que se nos acerca a este género de manera magistral.

El director no le permite al público sentirse tranquilo durante un minuto. La clave está en que uno, como espectador, nunca está seguro de por qué debe sentirse así, al menos no durante casi la primera mitad del largometraje. Desde el principio, cuando el matrimonio Guy y Rosemary Woodhouse –interpretados por John Cassavetes y Farrow- se muda a un edificio de apartamentos con una muy mala reputación (el exclusivo Dakota, en Nueva York), es perceptible que algo anda mal en este lugar.

Tras establecer su hogar, los Woodhouse se topan con extraños cánticos nocturnos escuchados a través de las finas paredes, se enteran de viejas leyendas de inquilinos que comían niños y conocen vecinos con una amabilidad inquietante. Los principales son la pareja de ancianos compuesta por Roman y Minnie Castevet (Sidney Blackmer y Ruth Gordon, en un papel que fue reconocido por un Oscar), el tipo de personas que se imponen y no conocen los límites aceptables en una relación.

Polanski, quien también escribió el guión adaptado de la novela homónima de Ira Levin, va elevando el grado de incomodidad lentamente con la ayuda de sugestivas imágenes que reflejan una pasada convicción religiosa por parte de Rosemary, quien confiesa que fue criada católica. El deseo de la mujer por convertirse en madre es concedido, pero no por Dios. Todo lo contrario. El montaje de esta secuencia es fantasmagórico, sacado de las peores pesadillas, y transforma la película en una asfixiante experiencia mientras vemos a Rosemary sufrir las consecuencias de su macabro embarazo.

Durante esta segunda mitad, es imposible ver Rosemary’s Baby y no pensar en Repulsion, cinta dirigida por Polanski en 1965, en la que vemos a un personaje encarnado por Catherine Denueve enloqueciendo dentro de un apartamento. Tres años después, Farrow haría lo mismo con su magnífica interpretación de Rosemary con la que deja claro en cada recuadro el peso tanto físico como emocional provocado por la angustia que siente al tratar de proteger a la criatura que lleva en su vientre.

Como en muchas de las películas de Polanski, no podía faltar el humor negro. Rosemary’s Baby contiene mucho de esto, pero la sensación al reírse no es necesariamente placentera, sino más bien una manera de calmar los nervios. El desenlace del filme podría ser visto como totalmente ridículo, incluso risible. Pero entonces Polanski se concentra en Farrow, y vemos la expresión en su rostro, y escuchamos el siniestro arrullo con el que comienza la película… y el terror se vuelve a apoderar de nosotros.

Presentación audiovisual

Rosemary’s Baby recibe un excepcional tratamiento audiovisual por parte de Criterion, que presenta el filme en su formato original 1.85:1 en una resolución 1080p. La imagen luce fantástica, con un alto nivel de detalle gracias a la alta definición, una excelente reproducción de colores y unos sólidos niveles de contraste. La estética de la película, que se asemeja a estar viendo lo que transcurre en pantalla a través de un sueño –o pesadilla- se reproduce fielmente en este Blu-ray.  

El disco sólo incluye una pista de audio, PCM 1.0, en inglés con subtítulos opcionales, que abona a la ambientación del largometraje a pesar de la limitación de canales gracias a una nítida fidelidad.

Extras

El plato fuerte en el área de suplementos son una serie de nuevas entrevistas que realizó Criterion este año con motivo de este lanzamiento. Titulado Remembering Rosemary’s Baby, el documental se centra en tres de los cineastas claves de la producción: Polanski, Farrow y Robert Evans, jefe del estudio Paramount Pictures para esa época. El trío comparte anécdotas sobre la producción del largometraje y los 47 minutos se van volando.

Luego tenemos una entrevista en audio solamente que le realizó Leonard Lopate al autor Ira Levin en 1997 justo antes del lanzamiento de la novela Son of Rosemary. Ambos conversan sobre temas pertinentes a la película, particularmente su opinión en torno a la adaptación.

Komeda, Komeda es un documental de 70 minutos acerca de la vida del compositor Krzysztof Komeda quien fue el que se encargó de realizar la música de muchas de las películas de Polanski, incluyendo Rosemary’s Baby.

Por último, el panfleto de 29 páginas contiene fotos behind-the-scenes de la película, un escrito de Ira Levin y un ensayo por el catedrático en cine Ed Parks.

Nota final

Mientras los extras no son tantos como uno desearía, la presentación audiovisual de Rosemary’s Baby es de semejante calidad que los suplementos son secundarios. Luego de esta reseña y mi más alta recomendación para los coleccionistas como acto de penitencia, me siento tranquilo de haber tachado esta película de mi lista de pecados cinematográficos.