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Por Mario Alegre Femenías

Sin subtítulos

Crítica: The Sessions

12/20/2012
THE SESSIONS.- Dirigida por Ben Lewin. Protagonizada por John Hawkes, Helen Hunt, William H. Macy y Moon Bloodgood. Clasificada R. Duración: 95 minutos.

Casi un año después de estrenar en el Festival de Sundance, hoy estrena en la Isla The Sessions, la agridulce comedia basada en la historia verídica de Mark O’Brien, un paciente de polio deseoso por  explorar su sexualidad. 

El excelente actor John Hawkes desaparece detrás de su estupenda interpretación como “Mark”, papel que lo limita a estar acostado en una camilla o dentro de la cámara hiperbárica que lo mantiene con vida, por lo que está forzado a trabajar únicamente con su rostro. Hawkes, quien suele encarnar papeles más crudos y oscuros en filmes como Martha Marcy May Marlene y Winter’s Bone, aquí se manifiesta con gran ternura y jovialidad, ganándose el afecto del público a través de su pasión por la vida y su comprensible anhelo de perder la virginidad a los 38 años.

Para cumplir con su objetivo, “Mark” recurre a los servicios de “Cheryl”, una terapista sexual que se especializa en pacientes con impedimentos físicos. No es una prostituta, “Cheryl” le explica a “Mark”, ya que sus sesiones tienen un límite de seis encuentros sexuales en los que ella lo ayudará a explorar su cuerpo. El número determinado de sesiones persigue evitar apegos emocionales, pero incluso una profesional como “Cheryl” no es inmune al encanto natural de este singular cliente.

Helen Hunt interpreta a “Cheryl” en un rol que la expone tanto física como emocionalmente en pantalla. La veterana actriz se desempeña loablemente consiguiendo con  Hawkes  una emotiva  atracción que va más allá del simple romance y se hace palpable para el espectador. “Mark” es sencillamente una persona en busca de amor humano, de la necesidad de expresarlo como de sentirlo y compartirlo con un prójimo de la manera más íntima posible.

 Basándose en el artículo escrito por Mark O’Brien, On Seeing a Sex Surrogate (Sobre  consultar a una sustituta de sexo), el director y guionista Ben Lewin –quien ha trabajado mayormente en la televisión– evita caer en el melodrama, trampa para la cual una historia como esta se prestaba con facilidad. Mientras su dirección no es particularmente memorable, su libreto está escrito con honestidad, exponiendo las inquietudes de “Mark” mediante narraciones que nos ofrecen una ventana a sus sentimientos, o a través de las brutalmente sinceras  charlas que tiene con su sacerdote, encarnado por William H. Macy, quien ofrece los momentos más cómicos del largometraje.

Sin embargo, es necesario volver a mencionar a Hawkes y Hunt como la verdadera razón por la que hay que ver esta cinta. En el cine se ven muchas escenas sexuales que excitan, pero pocas –muy pocas– que alcancen el nivel de intimidad que se manifiesta entre estos dos actores. Cuando se toma en cuenta que estas fueron filmadas en cuartos llenos de gente, observándolos desnudos, y que ambos parecen ser las únicas dos personas en el mundo, su hazaña es aún más sorprendente.