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Por Adria Cruz

Me estoy poniendo vieja: Janguear o no janguear

01/24/2013

Cuando llegué a la Iupi a los 17, aprendí lo que era una discoteca, me gocé los paris del Centro de Estudiantes y descubrí Los Hijos de Borinquen y la noche sanjuanera.

Ahora mis noches de jangueo se limitan a una peliculita en una tanda temprana, una cena con amistades y par de copitas de vino. Eso, claro está, precedido de un buen antiácido y mucha agua.

Nunca fui de fiestas patronales ni revoluces, así que cuando asistí a mis primeras Fiestas de la Calle San Sebastián, fue como una explosión para mis sentidos. Estaba fascinada con la multitud y la gozadera colectiva, fui extrañamente tolerante con los pisotones, chinos y empujones de ocasión y hasta recuerdo que por tramos ni caminaba porque la masa humana se volvía tan compacta que te llevaba enredá y no podías evitarlo. Mis amigas y yo nos quedábamos fiestando toda la noche y, como las guaguas eran hasta las 10:00 p.m. y ninguna tenía carro ni chavos pa’ taxi, esperábamos “por ahí” a que amaneciera y saliera la primera guagua mañanera.

¡Ahhhh, pero el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos y... el jangueo no lo resisto como ayer!

Mientras en San Juan se celebraban este año unas fiestas extraordinariamente concurridas, yo estaba de paseo por los niuyores, lamentando que tal vez me estaba perdiendo un momento histórico. Pero, a quién voy a engañar. La verdad es que hace ya varios años que voy a las fiestas… de día.

El proceso de retirada fue gradual. Primero, las resacas se convirtieron en un día de envenenamiento perdido en la cama. Luego, la resistencia al alcohol fue cediendo hasta convertirme en una borrachita majadera con dos tragos. Cada año los pies me fueron rindiendo menos horas y los chinos, los roces y los pisotones se fueron volviendo molestosos, irritantes y finalmente insoportables.

Así que mis fiestas de la San Sebastián son de día y se componen de un bacalaíto, un frapecito, paseo por las artesanías y una graciosa retirada temprana completada con un par de analgésicos para prevenir el dolor de espalda y la adoquinitis aguda.

Ay, ya, no se hagan, que la diferencia entre ustedes y yo es probablemente de par de cervezas. Las que ustedes aguantan y yo no. Por lo demás están igual de esguañangaos, aunque lo nieguen. Es más, los de cuarenta plos que fueron a las megafiestas de este año todavía están tomando aspirina.

Janguear o no janguear, dat is de cuestion.