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Por Lily García

Mi caja de herramientas

Observando la neurosis

02/11/2013
El sábado en la tarde estaba conversando con una amiga. Esa noche íbamos juntas para una actividad y el novio de ella se encontraría allá con nosotras. “Él no va a llegar”, me dijo. “¿Por qué?”, le pregunté. “Porque salió al amanecer de casa a jugar golf y después tenía un almuerzo con unos amigos. Estoy segura de que va a estar muy cansado”. “Tú verás que llega”, le dije.

Al ratito volvió con la cantaleta. Fue entonces que decidí pararle el caballito. “¿Tú te das cuenta de lo ansiosa que estás por algo que ni siquiera ha sucedido?”. “Sí, pero así me preparo emocionalmente para no desilusionarme”. En otras palabras, que ella prefería experimentar todo este sufrimiento anticipado por una situación que tal vez jamás iba a suceder. De hecho, el novio sí llegó y disfrutaron muchísimo juntos.

Si bien el comportamiento de mi amiga se puede describir como neurótico, lo cierto es que la mayoría de los humanos ni siquiera nos percatamos de que vivimos a la merced de esos estados de neurosis. Nos dejamos dominar por el miedo, la ansiedad y el coraje que nacen de pensamientos obsesivos que nosotros mismos alimentamos. ¿Esto les parece saludable?

Todos podemos caer en la trampa de la neurosis, de empeñarnos compulsivamente en producir nuestras propias telenovelas mentales y confundir los libretos que estamos escribiendo con la realidad. Mi antídoto cuando me siento tentada a hacerlo: respirar profundamente y reconectarme con el presente.

Para reconocer que queremos salir de esa mente neurótica, debemos darnos cuenta de que estamos en ella. ¿Cómo? Cuando sientas que tus pensamientos te están robando paz, observa tu mente y seguramente descubrirás que anda loquita por ahí.