Santiago se colgó malamente
Nocaut
sábado, 21 de noviembre de 2009
“Jabea, jabea. Déjalo que él te busque. Sigue haciendo lo tuyo”.
Estas parcas y desorientadas instrucciones, seguidas de un casual y sin ningún sentido de urgencia “estamos atrás” fueron las últimas palabras del entrenador Joe Santiago a un desbaratado Miguel Cotto antes del fatídico duodécimo asalto contra Manny Pacquiao. Definitivamente, colgado.
Si el boxeador de uno tiene pegada, va malamente atrás en las tarjetas y usted estima o confía que todavía le queda condición para ejecutar el trabajo, hay que mandarlo a noquear. Si no tiene pegada ni la condición, entonces pare la pelea.
Y no es nada más mandarlo a noquear. Hay que poner al peleador, quien ya está cansado, golpeado y muchas veces hasta confundido, en clara perspectiva de lo que está pasando, crearle sentido de urgencia de que hay que hacer algo dramático y pronto, darle una instrucción táctica a ejecutar y motivarlo para que ejecute.
El trabajo de un entrenador completo incluye la preparación física y nutrición (cuando hay dinero o interés, se emplean especialistas en estas dos áreas), instrucción técnica, estudio del rival y diseño del plan de pelea (incluyendo variaciones si éste no sale), motivación del púgil durante la misma y tener los pantalones para, por sus mejores intereses, llevarle la contraria cuando sea necesario.
¿Retiro o no? Para mí, es una pregunta que sólo puede ser contestada después de un tiempo de descanso para despejar así el calor del momento y la frustración de la aplastante derrota en la pelea que lo inmortalizaría y lo colocaría en posición de ganar otra bolsa multimillonaria, y después de tener un cuadro claro del aspecto médico del peleador y, muy importante, después de estudiar la pelea contra Pacquiao. Una pregunta que se tiene que contestar dentro del grupo es a qué se debió el temprano desinfle de Cotto. ¿Sobre entrenado, mal entrenado o es que está ablandado por los golpes que ha recibido desde que incrementó su nivel de oposición?
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