Diluyendo la sal
Mi caja de herramientas
lunes, 2 de noviembre de 2009
La semana pasada tuvimos un hermoso encuentro entre católicos y budistas como parte de las actividades que realiza el Grupo Interreligioso para el Diálogo al cual pertenezco. El padre Juan José Santiago, sacerdote jesuita y gran conocedor de la filosofía budista, dijo que una de las más grandes aportaciones del budismo a su vida ha sido el ayudarle a conocer mejor su mente a través de la meditación.
Para explicar la relación entre la mente y las emociones negativas utilizó un ejemplo excelente. “Si echamos una cucharada de sal en un vaso de agua, el agua inmediatamente se torna salada. Es muy difícil beberla. Pero si echamos una cucharada de agua en un lago, la sal se disuelve y no la vamos a poder percibir. Así mismo ocurre con la mente. Cuando la mente es pequeña, cualquier emoción negativa nos va a arropar. Cuando, por el contrario, la mente es grande como un lago, aun cuando surjan emociones negativas, éstas no nos van a incomodar. La meditación nos ayuda a expandir la mente”.
Una mente cerrada, como un vaso de agua, es aquella que todo lo ve a través de los ojos del ego. Ésa es la que ve a los demás como diferentes, separados, y enemigos, y a la vida como una constante batalla en la cual hay que estar a la defensiva todo el tiempo. Las personas que viven así son víctimas de hasta la más pequeña cucharadita de sal y así es imposible alcanzar la paz. Comienza a ver a los demás como si fueran parte tuya, como seres que lo único que quieren es ser feliz. Medita sobre lo que tienes en común con otros en vez de enfocarte en lo que te separa, y descubrirás que cada vez será menos lo que perturbe las aguas del lago. Todo está en nuestra mente y descubrirlo es descubrir el poder para transformarnos.
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