Sublime “Where The Wild Things Are”
jueves, 5 de noviembre de 2009
Existe una etapa trascendental, que para algunos quizás llega demasiado temprano en nuestras vidas, en la que dejamos de ser niños. La inocencia y aceptación incondicional del mundo que nos rodea se transforma en rebeldía, y de ella nace un inexplicable empeño por cuestionarlo todo y retar a nuestros padres, quienes -hasta ese momento- eran figuras autoritarias e infalibles.

El maravilloso filme Where The Wild Things Are se desarrolla durante esta época entre la infancia y la adolescencia vista a través de los ojos de su protagonista, un niño malcriado llamado “Max”, quien tras discutir con su madre, huye de su casa y su poderosa imaginación le da rienda suelta al océano de sentimientos que a duras penas empieza a conocer. 
Basándose en el cuento del autor Maurice Sendak, el director Spike Jonze (Being John Malkovich) elaboró un estupendo guión junto a Dave Eggers en el que exploran este primer -y a veces doloroso- encontronazo con la madurez desde su nostálgica perspectiva de adultos. El resultado es una historia que transmite el espíritu infantil matizado con argumentos serios, temática y emocionalmente profundos.
El fantasioso viaje, que para “Max” servirá como rito de ese tránsito, lo lleva a una tierra donde habitan gigantescas y salvajes criaturas que de inmediato lo coronan como su rey y lo ayudan a construir el fortín perfecto donde todos podrán vivir en armonía. “Será el lugar donde sólo ocurrirán las cosas que tú quieras que ocurran”, le sugiere el monstruoso “Carol” a “Max” antes de iniciar el proyecto, pero pronto descubren que las cosas -por más que uno quiera- no siempre salen de acuerdo con el plan.
El libreto de Jonze y Eggers trabaja sus temas con suma sutileza, sin plantearlos forzadamente ni recurrir al sentimentalismo para llevar su mensaje al público. Todo ocurre de acuerdo con las circunstancias a las que se expone “Max”, desde cómo se da cuenta de su propia mortalidad por medio de un profesor de ciencias que le indica que algún día el Sol dejará de existir, hasta su frustración y soledad como hijo menor de un matrimonio divorciado.
La excelente dirección de Jonze, llena de vitalidad y energía, evoca en el público las emociones de “Max”. El cariño que el cineasta sintió por los personajes es palpable en cada una de sus escenas y su decisión de crear a las criaturas mayormente por medios convencionales -gracias al genial trabajo de la compañía de Jim Henson- le da una estética orgánica al largometraje.
La actuación estelar de Max Records, como “Max”, es irritante cuando tiene que serlo pero capaz de robarse nuestros corazones. Mientras, las voces que dan vida a las criaturas, como la de James Gandolfini, son muy buenas.
Actualmente no se les da suficiente crédito a los niños y su capacidad de comprender historias con temas serios. Es probable que los espectadores más pequeños salgan de ver la cinta con dudas sobre su trama, lo que presenta la oportunidad perfecta para discutirla con ellos. Son pocas las películas que invitan a ese tipo de dinámica, y ésta es sólo una de las cualidades que hace a Where The Wild Things Are uno de los mejores estrenos del año.
Otros blogs del autor:
Ver más blogueros por:



