jueves, 18 de junio de 2009
Otilio Ramírez Rodríguez / Primera Hora
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Lleno de razón y libre de emoción. Así debe estar estructurado un buen presupuesto familiar, que hoy día toma mayor relevancia cuando se pierde el empleo.
Lo que sucede es que como consumidores nos dejamos arrastrar por el impulso y confundimos el deseo con la necesidad para justificar los gastos en el hogar.
"Culturalmente, hemos llamado necesidades a cosas que no lo son. Una necesidad es algo básico para la subsistencia. Estamos hablando de ropa, alimento, techo, comida", explica Velia Vanessa Cardona, directora de educación financiera de la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras. "Obviamente necesitamos transportación para poder llegar a lograr ese empleo. Pero, si hemos completado esas prioridades básicas, todo lo demás es superfluo".
El problema está en que muchas personas se confunden y todo se convierte en una necesidad. Para ellos, igual de importante es comprar ropa de diseñador como seguir saliendo a comer a restaurantes, aun cuando se ha perdido el empleo y no se cuenta con un ingreso que sustente ese estilo de vida.
Por eso, indistintamente de si se tiene o no un empleo, hacer un presupuesto familiar tiene su beneficio. En el caso de las personas que ya guían sus gastos de acuerdo a uno, y pierden su trabajo, el golpe será menor. Si, por el contrario, se está sin empleo, es imperativo saber con qué cantidad de dinero se cuenta para pasar la crisis.
"La realidad es que hay muchas cosas que nosotros tenemos que empezar a cambiar el switch de qué es realmente necesidad y qué es realmente un gusto o un deseo que nosotros tenemos", señala la experta. La importancia de esto con relación al presupuesto familiar es que una parte importante es conocer los gastos de la familia.
Previamente se debe saber con cuánto dinero la familia cuenta. "Los ingresos deben estar identificados desde el ingreso formal hasta aquel ingreso que se obtiene por vías informales, como por ejemplo, la venta de algún artículo", aclara Cardona.
Luego de identificados los ingresos, debemos conocer con cuántos ahorros contamos, si es que en estos tiempos de estrechez económica ha podido acumular algunos. En este renglón se deben tomar en consideración fondos que se tengan en certificados de ahorro, cuentas IRA y planes de retiro 401K. De igual manera, hay que ver si se tienen disponibles chavos para imprevistos, como puede ser el que se dañe el automóvil. En caso de no contar con ninguno, es recomendable que cuando planificamos el presupuesto se le asigne una partida, claro está, si es que se cuenta ya con un empleo.
"La reserva de efectivo es algo interesante porque normalmente no visualizamos que es para evitarnos otros costos adicionales", como puede ser el cobro de cargos en su cuenta de cheques, indica Cardona. A la vez, se cuenta con dinero para algún imprevisto. "Esto se llama una reserva de sobregiro", explica.
De igual forma, existe la reserva de especulación en caso de que surja una buena oferta. Un buen ejemplo de esto sería que "mi vecino se está divorciando, está vendiendo una nevera stainless steel y la mía está en malas condiciones y me la está vendiendo en $300".
"Esa reserva en efectivo, mientras yo la voy manteniendo, tiene diferentes usos. Pero es un ahorro, y el ahorro lo que quiere decir es una posposición del consumo", señala.
Lo recomendable para la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras es que las personas guarden el diez por ciento de sus ingresos. Otras fuentes, como el Consumer Credit Counseling, identifican un cinco por ciento como la cantidad a ser ahorrada.
Luego que se establece la cantidad de ahorros, en el presupuesto familiar hay que establecer los gastos. Aquí la situación se complica porque para cada uno de ellos debemos identificar si es una necesidad, un gusto o un deseo.
"Cuando hemos incurrido por muchos años en unos gastos, no sabemos identificar cuál de ellos es necesidad, porque para algunas personas necesidad es todo”, dijo.
“Hay personas que tú le dices que prescindan del servicio de lavandería y te dicen: 'No, no, no, eso es una necesidad porque uso mucha ropa forrada (por el tipo de empleo que se realiza)'", indica. En este caso, aunque pudiera parecer una frivolidad, en efecto es una necesidad porque está vinculado a su fuente de ingreso.
Lo mismo, sin embargo, no se puede decir de las salidas a comer fuera del hogar. Aunque comas económico, si cocinaras en tu casa, con toda seguridad gastarías menos. De igual forma, llevar tus alimentos al trabajo redunda en ahorros.
El próximo renglón en el presupuesto es el de las deudas. Aquí van todos los préstamos personales, hipotecarios y de auto, al igual que el monto adeudado en las tarjetas de crédito. La nueva planilla que creó la Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras permite organizarlas para establecer cuál debe tener prioridad.
Un aspecto importante, afirma, es identificar cuál de sus deudas tiene el porciento de interés más alto. Una vez se conozca, hay que intentar bajar esa deuda haciendo pagos al principal, por ejemplo.
Una vez identificados sus ingresos, ahorros, gastos y deudas podrá tener un panorama claro de dónde está parado financieramente hablando y qué ajustes puede hacer para comenzar a caminar hacia donde desea estar en términos de dinero.





