La comunidad de Los Filtros, donde vive Josefa Báez, es rodeada por proyectos de vivienda costosos que se levantan como frontera. (Primera Hora / David Villafañe)

Los Filtros: firme contra el desalojo

lunes, 2 de noviembre de 2009

Libni Sanjurjo Meléndez / Primera Hora

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Noventa años de creada. Ocho años de lucha comunitaria en contra del desalojo. Sólo una entre las  comunidades  que enfrentaron, enfrentan o temen   correr el mismo destino.

Es la comunidad rodeada por    urbanizaciones y apartamentos costosos que se levantan como frontera de unos residentes distintos  por sus recursos económicos, pero con las mismas ganas de permanecer en las  tierras pobladas por ellos.

 

“¿Qué  van a hacer con nosotros? ¿Cuál es la cosa de echarnos de aquí, después que nos hemos sacrificado tanto y hemos dejado la vida? Hemos hecho un pueblo”, dice con un marcado hablar de campo  Ramón Sostre Vázquez, de 90 años, mientras reflexiona  sobre la historia de la comunidad que continúa  su lucha en el Tribunal de San Juan.

Fue este anciano, precisamente, el que preguntó, con los ojos bien abiertos al finalizar la  entrevista: “¿Nos van a dejar aquí?”

Esas mismas preguntas se las deben  hacer los residentes de Villas del Sol, en  Toa Baja, que libran su propia batalla contra el desalojo en el tribunal; así como otras  comunidades que durante este mes   levantaron sus voces para repudiar expropiaciones, desahucios, demoliciones y otras formas de desplazamientos  con motivo de la campaña Cero desalojos.

Son ellos los que traen a la memoria  la historia de la comunidad que se creó de los trabajadores involucrados en el nacimiento  de la planta de agua Los Filtros en Guaynabo.

“El desalojo en Puerto Rico es  un desastre porque atenta contra un sector muy grande:   los pobres, que representan el  45% de la población”, destacó el líder comunitario de Los Filtros, Jorge Oyola.  

“El llamado progreso a quien sacrifica es a los sectores más pobres. A ningún desarrollador se le ocurre decir ‘vamos a sacar a esa gente de Caparra’...  Pero sí se puede expropiar  a los más débiles”, añade.

Los Filtros  adquirió su nombre debido a que 12 cuerdas de terreno fueron dadas a  los obreros que trabajaron en la instalación de principios del siglo pasado. “La gente que venía a trabajar a la planta, venía de la Isla y  para evitar viajes largos, (la  Autoridad de)  Acueductos (y Alcantarillados) les dejó improvisar sus chocitas aquí”, recordó Oyola.

Él papá de  Josefa Báez, residente en Los Filtros desde los 13 años de edad, fue uno de los plomeros que trabajó allí. “Todos los sábados nos llevaban a la planta de filtración. Allá nosotros paseábamos por todos los tanques”, recordó la mujer.

Se brincaba, se corría, se hacían fiestas y hasta se pasaban los temporales en aquella planta. Eran los tiempos cuando las comadronas atendían los partos.  

 Algunos también trabajaban en la vaquería de Jorge Ortiz Toro, lo que ahora es la urbanización Alturas de Torrimar.

“Somos nosotros los que molestamos cuando, precisamente, estamos aquí primero que todas esas urbanizaciones”, destaca Oyola.

Actualmente, el tribunal atiende el caso en el que el Municipio cuestiona la forma de conceder 10 títulos de  comunidades especiales en Guaynabo,  que incluye a Los Filtros. De prevalecer el ayuntamiento,  los residentes  quedarían desprotegidos de la Ley 232, una victoria de varias comunidades.

¿Está en contra del desarrollo?

El desarrollo tiene que existir. Lo que pasa es que eso hay que compartirlo. Eso no puede ser impuesto.

Los desalojos, según la experiencia de Oyola, atentan contra la familia extendida que es una comunidad; otorga compensaciones por la expropiación, que son insuficientes para mantenerse en el lugar, y coloca a una cultura de vida a chocar con la nueva. 

Siete años luchando por la permanencia de esta comunidad, ¿qué consejos les da a las otras?

Que luchen. Echemos a un lado las guerras, las peleas y las protestas. Vamos a ser proponentes.  

Su papá llegó a esas  tierras cuando “estaba terminando la Segunda Guerra Mundial”.  Todavía cierra sus ojos y “lo veo  cuando araba la parte de abajo de esa montaña”.

¿Esa cultura de  vida llegará a ser  parte del pasado?

 Ése sería el error. Como el error que estamos cometiendo cuando estamos abandonando la agricultura.  

 Oyola y la comunidad quieren seguir viviendo allí.

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