Javier Rivera, al centro, es el orgulloso padre de Ángel y Ricardo, quienes explican con mucha madurez el proceso al cual fueron sometidos. (Primera Hora / David Villafañe)
Ahora se aman más
viernes, 6 de noviembre de 2009
Libni Sanjurjo Meléndez / Primera Hora
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Desde aquel día, las expresiones de amor de Ángel a su hermano menor Ricardo han aumentado considerablemente. Antes le decía “te amo”, pero “ahora se lo digo más”.
¿Por qué se lo dices tantas veces?
Porque me salvó la vida.
Ángel tiene 12 años de edad. Su vida, sin embargo, peligraba. Una leucemia inesperada amenazaba con arrebatarle el aliento. Necesitaba con urgencia un trasplante de médula ósea. Lo encontró. Su hermano de 10 años sería el donante.
Luego de ese regalo, afirman, la relación cambió.
Ángel, ¿cómo?
Nos decimos más “te quiero”, dormimos más juntos.
¿Y tú, Ricardo?
Ahora me dice muchos “te quiero, te amo”... y algunas veces él me dice: “vamos pa’ la calle, vamos pa’ la calle, por ahí, a jugar con otros amigos ¡Ven!”
Ángel añade: “Antes no. Antes yo me iba solo”.
Ángel, ¿qué se siente tener una parte de tu hermano?
(Piensa) Bueno, de verdad, me siento feliz.
¿Tal vez lo tienes más cerquita?
Sí... Más unido con él me siento.
¿Cómo describes el proceso que has vivido?
¡Wao! Muy difícil.
¿Qué fue lo más difícil?
El trasplante, más na’.
Cuando te enteras de la enfermedad, ¿qué pasó por tu mente?
Tristeza.
¿Por qué?
Porque necesitaba esos cuidados.
Ahora, ¿qué es la vida para Ángel?
Diversión, alegría, respeto...
¿Temiste perder la vida?
Sí.
¿Sabes que hay niños que no encuentran donantes? ¿Qué piensas de eso?
Que no pierdan la esperanza, que algún día van a encontrar uno.
Ahora, ¿cuáles son tus planes?
Seguir compartiendo mi vida con mi hermano y nunca separarme de él.
Hasta aquí el pequeño Ángel pudo contener el llanto que ya se veía venir... Eran lágrimas de alegría, aceptó a Primera Hora mientras era entrevistado junto con su hermano y su padre, Javier Rivera. Pero luego siguió hablando. Es muy valiente.
El donante
Para Ricardo, su hermano es muy especial. Comentó que le regaló la médula ósea.
¿Qué es eso?
Ehhh... Algo que está dentro del hueso, algo así.
¿Qué significa él para ti?
Mi mejor hermano (piensa) y que es muy especial, muy amable, algunas veces me molesta; y juega conmigo todo el tiempo XBOX.
¿Te enfadas con él de vez en cuando?
Casi to’ los días.
¿Cómo solucionan los enfados?
Na’, nos separamos un momentito y después (le dice): “perdóname (piensa), perdóname por darte, por hablarte mal”, porque algunas veces yo digo palabras malas, como estoy tan enfogonao y (piensa) nos perdonamos y ya.
¿Qué te hace feliz de lo que te dice o hace?
Que (me dice) “te amo”.
Cuando el pequeño Ricardo se enteró de que la solución estaba en sus manos, recuerda, expresó “¡Eah, diache!
Tengo que hacerlo. Tengo que darle la médula ósea”.
El día de la donación, cuenta, el personal médico le dijo: “Ya te sacaron la médula ósea. Ya está todo. Sólo falta ponérsela a Ángel”. Él respondió: “¡Ay, qué bueno!
“El mundo se te para”
Fueron unos moretones en la piel la señal de que algo andaba mal en la salud de Ángel. En noviembre de 2006, los médicos le dijeron la causa: “El nene lo que tiene es leucemia. Hay que hacerle un trasplante de médula ósea”, cuenta Javier Rivera, quien sobrellevó el proceso con la ayuda de su esposa, Anabelle Vélez.
“Sientes que el mundo se te para [...] Hubo un alivio tremendo cuando supimos lo del donante. El panorama cambió; antes era tenso porque uno confía en Dios, pero uno no quiere que un hijo esté en esas condiciones.
Pero Dios sabe lo que hace...”, fue precisamente esa fe su fortaleza.
En enero de 2007, Ricardo le regalo a Ángel su médula ósea. Ahora el trabajo se queda en el trabajo. Ahora “los he valorizado más a ellos”, confiesa el padre. Ya Ángel está bien; sólo le faltan unas vacunas. Ahora su padre y madre, luego de haber tocado fondo económicamente, sólo desean verlos “alegres y contentos”.
Una casa fuera de casa
Por siete meses, la familia Rivera Vélez residió en la Casa Ronald McDonald, en Santurce, mientras Ángel recibía los tratamientos de quimioterapia, entre otros.
“Llegué a dormir en el carro, en la calle”, dice Javier Rivera, el padre, sobre los días previos a la estadía.
Desde el 2006, la Casa Ronald McDonald ha hospedado a 750 familias puertorriqueñas y del Caribe.
Es por su importancia que las recaudaciones del McDía Feliz, el próximo 13 de noviembre, serán destinadas especialmente a la Casa Ronald McDonald, donde se hospedan familias con niños enfermos, si éstos viven lejos de la institución hospitalaria.
En el caso de la familia Rivera Vélez, es oriunda de Cayey.
“Los esfuerzos de recaudación de fondos ya comenzaron con la venta de 'manitas' en todos los restaurantes y culminan el viernes 13 de noviembre”, informó por escrito personal de la institución.





