Piden $10 millones por "burrada" policial

11/27/2012 |
 
Agentes coordinaron el arresto de jóvenes estudiantes por andar con armas de juguete.

¿Unos arrestos quijotescos o teatro del absurdo?

Parecería la historia de Bonnie y Clyde, la pareja de atracadores de bancos que a mediados de la década de los 30 escapaba en lujosos y rápidos coches. Pero solo se trataba de unos jóvenes estudiantes que viajaban en el carro de sus padres, un Lincoln Town Car blanco del 1998. ¿Las armas ocupadas? Una pistola y un rifle de juguete cuyos cañones, para completar, tenían un tope anaranjado, que no dejaba lugar a dudas de que eran de mentira.

No fue así para un grupo de agentes de la Policía Municipal de Corozal, que el 6 de noviembre del pasado año desarrollaron todo un operativo para arrestar a unos estudiantes de la escuela superior Emilio L. Delgado por viajar, según estos, “en un carro de mafioso” portando peligrosas armas.

Hoy, el Municipio de Corozal, su comisionado de la Policía, Wilfredo Rivera; el guardia Morgado; el agente Martínez de la Policía de Puerto Rico y otros agentes no identificados enfrentan una demanda de $10 millones en el Tribunal Federal por violación a los derechos civiles incoada por la familia de Miguel Ángel Berríos Zayas, su esposa Carmen Colón Crespo y sus hijos, Miguel Ángel y Marlon Omar.

Todo comenzó, de acuerdo con la demanda, cuando Miguel Ángel Colón Berríos, un estudiante de segundo año de ingeniería de la Universidad de Puerto Rico (UPR), y su hermano Marlon salieron de su hogar, en Toa Baja, en el Lincoln de sus padres, hacia Corozal, donde se proponían grabar en vídeo unos bloopers para el proyecto La rendición de Don Quijote, que celebraba el Departamento de Educación con motivo de la Semana de la Hispanidad.

Ambos, entusiastas de las armas de aire de juguete, llevaban consigo una pistola y un rifle con la intención de sustituir la espada del hidalgo por un arma moderna como parte del absurdo.

Por el camino, recogieron a otros compañeros de escuela de “Omar”, como le dicen al joven, que participarían del proyecto, frente al único McDonald’s de la municipalidad. De ahí se trasladaron al barrio Cuchillas, a la casa que serviría de localidad para las tomas. Miguel Ángel sería el videógrafo. El proyecto fue asignado por la maestra Nilvea Laureano.

“A las 10:30 de la mañana los demandantes y tres compañeros de clase de (Marlon) Omar decidieron tomar un receso de grabación y comprar almuerzo en un negocio de BBQ cercano. Como las armas de juguete eran caras, los demandantes se las llevaron y las guardaron en el carro para asegurarse de que no desaparecieran durante su ausencia. Colocaron el rifle debajo del asiento y la pistola en el bulto escolar”, se expone en la demanda.

Mientras se dirigían a El Cano BBQ, observaron una patrulla detrás de ellos. Al llegar, la patrulla se les estacionó al lado.

Les llamó la atención, se relata, que cuando entraron al negocio estaba vacío y la cajera “lucía realmente nerviosa mientras tomaba su orden”.

Más tarde, los demandantes se enteraron de que el agente de la Policía Municipal demandado, Morgado, había llamado al dueño de El Cano BBQ para decirle que unos jóvenes que guiaban un carro Lincoln se dirigían a su negocio para asaltarlo.

Tras ordenar su comida, los demandantes observaron que el agente llamaba por radioteléfono. Tan pronto como le entregaron su orden y pagaron, abandonaron el negocio y abordaron el Lincoln.

“Cuando los demandantes se montaron en el carro y comenzaron a guiar en reversa, Morgado los bloqueó. De inmediato, numerosas patrullas y motocicletas de la Policía aparecieron en la escena y rodearon el Lincoln Town blanco”, dice parte del documento.

“En ese preciso momento, innumerables clientes que se ocultaban en el patio trasero del negocio comenzaron a salir. Lucían nerviosos y parecían temblar”, se indica.

El agente Morgado apuntó con su pistola a Miguel y le ordenó bajar, procediendo a catearlo. Lo mismo hicieron con los demás jóvenes, pero no se les encontró nada ilegal.

Luego, Morgado registró el vehículo y cuando encontró el rifle bajo el asiento dijo en tono burlón: “Miren lo que estos tienen”.

“En ese momento, todos los agentes abrieron las puertas de sus patrullas, usándolas como escudo, apuntándole con las armas a los jóvenes”, se acota.

Los arrestaron, los esposaron, los condujeron lentamente en las patrullas pasándolos frente a su escuela, para que los estudiantes los vieran esposados y arrestados.

“Los demandantes vieron a Morgado guiando el vehículo de sus padres y riéndose al estacionar en el cuartel. Al bajar, les preguntó porqué estaban guiando un carro de mafia”.

Los jóvenes estuvieron detenidos durante 11 horas. No hubo explicaciones que valieran para aclarar el entuerto. O más bien, el absurdo, o abuso.

La madre de los demandantes, maestra de la misma escuela, cuestionó las ilegalidades. Igual lo hizo una procuradora de menores. La respuesta que daban era que esperaban por el fiscal para radicarles cargos. El fiscal nunca llegó. Cuando le comunicaron sobre el arresto, ordenó liberar a los jóvenes de inmediato por no haber ilegalidad alguna.

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