Torturaron al publicista José Enrique

12/05/2012 |
Rubén Delgado Ortiz (izq.) y Edwin Torres Osorio (der.), sospechosos del asesinato de José Enrique Gómez Saladín (en el círculo), fueron llevados anoche al Tribunal Federal. (GFR Media / Alberto Bartolomei)  
Dos mujeres y dos hombres enfrentan cargos federales por matar a palos y quemar al publicista.

La magistrada federal Silvia Carreño autorizó anoche la querella que la Fiscalía Federal le radicará a los cuatro sospechosos por el “carjacking” y asesinato del publicista José E. Gómez Saladín.

La querella que se les sometería a los detenidos -Rubén Delgado Ortiz, Edwin Torres Osorio, Lennis Aponte y Alejandra Berríos- consta de dos cargos, uno de “carjacking” que terminó en muerte y otro de fraude bancario.

El cargo de “carjacking” (robo de auto a mano armada) los hace elegibles para la pena de muerte o sentencia de por vida y el fraude bancario conlleva 30 años de prisión, informó la portavoz de la Fiscalía, Lymarie Llovet.

Al cierre de esta edición los sospechosos no habían sido llevados ante la magistrada para la vista inicial, en la que se les informan los cargos que se les imputan y su derecho a ser asistidos por un abogado.

Luego la magistrada procedería a ordenar su ingreso a prisión hasta la vista de fianza.

Durante el día, algunos de ellos detallaron con frialdad a las autoridades la terrible tortura a la que sometieron al hombre que asesinaron a golpes.


Los últimos minutos con vida de Gómez Saladín fueron una vil agonía en la que sus asesinos utilizaron varios medios violentos para acabar con su vida. Primero, trataron de ahorcarlo con un cable, luego le dieron un golpe con un gato (herramienta hidráulica que se utiliza para levantar un auto), intentaron quemarlo y, finalmente, le dieron varios golpes con unos palos.

Así lo dio a conocer a Primera Hora una fuente con conocimiento en la investigación del caso del asesinato del hombre de 32 años, cuyo cuerpo fue encontrado el lunes en los predios de un antiguo campamento penal en Guavate, Cayey.

Datos recopilados por la Policía y que fueron transferidos al Negociado Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) –agencia que asumió jurisdicción del caso– apuntan a que cerca de la medianoche la víctima llegó hasta la calle Padial, en Caguas, y recogió en su auto Toyota Matrix a dos mujeres: Berríos, alias “Nana” y Aponte, conocida como “La Prieta”. Esta última presuntamente es una trabajadora del sexo. De hecho, así lo confirmó su padre, el pastor pentecostal Héctor Aponte Rivera, quien la entregó a la Policía al ver que estaba implicada en el crimen.


“Ellas estaban en la calle Padial y él se les acercó a hacerles acercamiento sexuales”, dijo el hombre, al alegar que llegaron con Gómez Saladín a un lugar en San Lorenzo donde “ él les ofreció $20 a mi hija y a la otra muchacha, y (ellas) no estuvieron de acuerdo”.

Acto seguido, según el progenitor de “La Prieta”, el trío regresó a la calle Padial cuando, por razones que el hombre no precisó Delgado Ortiz y Torres Osorio entraron en el auto de Gómez Saladín. Estos dos sujetos fueron las primeras personas vinculadas al crimen. Pero, Aponte sostiene que su hija es inocente, pues a las mujeres las dejaron abandonadas “en algún lugar”. “Todo lo que estoy hablando es la realidad ante la presencia de Dios”, insistió. “Viéndola, en el nombre de Jesús... Entiendo de que ella no asesinó a nadie ni tiene los actos de asesinar a ninguna persona”, afirmó.

Sin embargo, la información brindada bajo anonimato a este diario indica que tras recoger a los hombres, la víctima se dirigió junto a sus “raptores” a un cajero automático en un sector conocido como Condadito Moderno. Allí, retiró $400.

Según la información provista por los sujetos, tras retirar el dinero, una de las féminas cogió un cable e intentó ahorcar al publicista dentro del carro. Tras dejarlo casi asfixiado fue que lo llevaron a la zona de Guavate.

“Allí le dieron primero con un gato… luego supuestamente le echan gasolina para intentar quemarlo y él (Gómez Saladín) se quita la camisa. No conforme con eso, después le metieron con unos palos que encontraron por allí… fue una tortura. Lo que le hicieron fue terrible”, dijo la fuente al aclarar que el asunto de las quemaduras no está aún claro, pues “el informe del Instituto de Ciencias Forenses (ICF) no dice nada de eso”.

De hecho, ayer la directora del ICF, María Conte, explicó que el patólogo Carlos Chávez “certificó la causa de muerte por severo trauma corporal, homicidio”.


Durante las declaraciones de las “personas de interés” salió a relucir también que luego del asesinato, los delincuentes persuadieron a un deambulante apodado “El Pelú” –quien suele pedir dinero cerca del restaurante Popeye, en Caguas– para que a cambio de $10 retirara dinero extra de otro cajero automático.

“Pero el deambulante, que es adicto a drogas, no supo bregar con la máquina y tuvieron que hacerlo ellos mismos”, dijo sobre los sujetos que lograron retirar otros $100. Luego intentaron sacar más dinero, pero no pudieron.

De hecho, fueron los vídeos captados en los cajeros automáticos los que ayudaron a dar con el paradero del occiso pues, la madre de Torres reconoció a su hijo en las fotos divulgadas por los medios de comunicación. “Precisamente, fue en el periódico de ayer (lunes) de Primera Hora donde la mamá vio la foto de su hijo e inmediatamente llamó al papá para contarle… el señor estaba trabajando en construcción en el Hospital Auxilio Mutuo y llegó en pon a su casa superpreocupado por lo sucedido. Allí confrontaron a ‘Bebo’, él admitió que era el de las fotos y sus padres lo obligaron a entregarse”, explicó la fuente al aclarar que la segunda foto difundida, en la que se ve un joven con camisa azul, es Delgado Ortiz.

Gómez Saladín fue reportado como desaparecido por su esposa, la arquera Nadya Ruiz, luego que este no llegara a su casa el pasado jueves.

Según la mujer, el publicista la llamó a eso de las 11:30 de la noche para indicarle que estaba saliendo de un adiestramiento en un hotel de San Juan, y que se retrasaría un poco pues se detendría en el camino a comprar comida.