Habitantes de Newtown afrontan tragedia unidos como una familia

12/15/2012 |03:44 p.m.
Afectados de la masacre de Newtown se unen con dolor para afrontar la tragedia. (Charles Krupa/AP)  
Los habitantes de la localidad sacudida por uno de los tiroteos más sangrientos ocurridos en un colegio en la historia de los Estados Unidos están decididos a afrontar la tragedia como una gran familia unida.

Newtown.- Los habitantes de Newtown, la localidad sacudida por uno de los tiroteos más sangrientos acaecidos en un colegio en la historia de Estados Unidos, amanecieron hoy conmocionados por la pérdida de 28 de sus vecinos, pero resueltos a afrontar la tragedia como una gran familia unida.

"Querría decirles a los niños que la vida no es así, que esto no ocurre normalmente, pero curarse va a costar mucho, y nunca lo lograremos del todo, porque este lugar ha sido golpeado de una forma tan horrible que nada volverá a ser igual", dijo a Efe Marsha Moskowitc, exconductora del autobús escolar del colegio afectado.

Debido a su puesto en la escuela primaria de Sandy Hook, que desempeñó desde 1999 hasta el pasado mes de junio, Moskowitc, de 56 años, conocía a muchos de los 20 niños que el viernes murieron en el tiroteo y, con visible emoción, dijo de ellos que eran "estupendos, adorables, amables, encantadores".

"He visto a tantos niños hacerse mayores. Muchos empiezan el instituto, pero a pesar de eso no los olvidas y mantienes el contacto con ellos, porque esta es una ciudad pequeña, los ves por las calles", añadió.

A uno al que no había olvidado era precisamente a Adam Lanza, el presunto autor de la masacre, de 20 años y al que recuerda de la época en la que él viajaba en el autobús.

"Era bastante callado, tímido, reservado, no tenía demasiados amigos en el autobús, pero era educado", puntualizó Moskowitc, quien también conocía a la madre de Lanza, que fue asesinada en la casa que compartía con él.

La conductora reconoció que se siente "impotente", pero que pasará el día de hoy "hablando con la gente, para coger fuerzas" y que rezará por las familias, máxime "ahora que se acercan las fechas navideñas".

La preparación para las fiestas es palpable en los adornos que engalanan esta bucólica localidad de 27.000 habitantes, ubicada en el estado de Connecticut, y que hoy se mezclaban con los abundantes testimonios dejados por los vecinos para trasladar sus condolencias a las familias de las víctimas.

Velas y flores en las inmediaciones de la escuela, una bandera confeccionada con los nombres de los fallecidos o carteles colocados en las tiendas y las casas con mensajes como "abraza hoy a un profesor" o "nuestros corazones están rotos" ponían de manifiesto el dolor de la comunidad, que afronta la tragedia unida.

"Estoy aquí para ayudar a cualquiera que lo necesite. Este lugar es muy familiar y lo que afecta a una persona le afecta a todos los demás. Es una tragedia, pero ha unido a la gente y nos estamos ayudando los unos a los otros", aseveró a Efe Marcy Benítez, dueña de una tienda para niños que ha recibido mensajes de apoyo en su cuenta de Facebook de lugares como Australia o Reino Unido.


"No pude dormir en toda la noche, estaba deseando despertarme esta mañana y ver que todo era un mal sueño", declaró al agregar que de momento ha preferido no conocer el nombre de las víctimas, ya que "probablemente las conozca, si no a todas, a la mayoría", ya que han sido sus clientes durante diez años.

En el mismo sentido se expresaba Michael Porco, propietario de una escuela de karate por la que han pasado muchos niños de la localidad, que explicó a Efe que piensa pasar el día "hablando" con sus vecinos, porque lo "único" que pueden hacer es "estar unidos como una gran familia, y seguir adelante".

"Desafortunadamente, nos vamos a sentir un poco diferentes durante un tiempo y estaremos afectados emocionalmente durante una larga temporada", subrayó Porco, quien asistió a una vigilia el viernes en la principal iglesia de la población, Santa Rosa de Lima.

Otros templos de Newtown, como la iglesia episcopaliana de Saint John, mantenían oficios religiosos durante el día para orar por las víctimas.

Por su parte, el colombiano Diego Jiménez, de 42 años y padre de dos niñas, declaró a Efe que lo más importante ahora es "estar ahí" para sus hijos "cuando hagan preguntas o tengan miedo, para estar cerca, darles tranquilidad".

Jiménez, que conocía a la directora del colegio, Dawn Hochsprung, una de las fallecidas en el tiroteo, señaló que, en los siete años que lleva viviendo en esta comunidad, "lo máximo que había pasado era el robo de algún auto" y que las escuelas "son verdaderamente buenas".

"Esta tragedia no implica que Newtown sea inseguro, a mis hijas les encanta vivir aquí", aseguró Jiménez, que lanzó un mensaje de esperanza al decir que él y su familia seguirán siendo "felices en este pueblo".