Wilson Soto en la cuerda floja

02/01/2013 |
Apenas le quedan dos oportunidades para que se revise el veredicto de culpabilidad en su contra.
Tras el paso de la tormenta Jeanne en 2004, Wilson Soto alegadamente cobró $128,000 mediante soborno a la compañía Oram Engineering para el recogido de escombros. (Archivo)  

Al ex alcalde novoprogresista de Cataño Wilson Soto se le están agotando los recursos para evitar la cárcel.

El Tribunal Supremo despachó el 9 de noviembre pasado su pedido –llamado auto de certiorari– ( en el que solicitaba la revocación de su veredicto de culpabilidad) diciendo que no entraría en la controversia.

El abogado del ex alcalde, Harry Padilla, solicitó entonces el 29 de noviembre de 2011 una reconsideración.

Primera Hora supo que ese pedido subió ante la consideración del pleno del Tribunal Supremo el pasado viernes. Pero, hasta la fecha, no se ha notificado si se tomó alguna determinación al respecto.

Ese foro no tienen un plazo fijo para contestar.

En caso de que el alto tribunal deniegue la reconsideración, Soto tendría la última de sus oportunidades, que es solicitar una revisión de la reconsideración. Si eso no funciona, se le aplica la sentencia de cuatro años que se le había impuesto.

El ex ejecutivo municipal de Cataño fue acusado de nueve cargos de soborno agravado, pero fue declarado culpable de nueve cargos de influencia indebida en el Tribunal de Primera Instancia de Bayamón.

También se le encontró culpable de un cargo de violación a la Ley de Ética Gubernamental.

Los hechos se remontan al 2004, tras el paso de la tormenta Jeanne, cuando Soto alegadamente cobró $128,000 mediante soborno a la compañía Oram Engineering para el recogido de escombros.

Tras el veredicto, el ex alcalde logró que se le impusiera una fianza de $5,000 en lo que se resuelve su apelación.

El Tribunal Apelativo endosó el 13 de julio de 2012 la decisión del Tribunal de Primera Instancia.

Encierro 24-7

Mientras tanto, Soto permanece con un grillete en su pierna izquierda y en arresto domiciliario, en su casa en Cataño.

Pasa sus días ayudando a su esposa en las tareas domésticas y viendo televisión , entre otras cosas, dijo Soto en una visita sorpresa que realizó este diario y que provocó que su pequeño perro se alterara ladrando a todo pulmón.

Precisamente, ayer cerca de la 1:00 de la tarde, el ex ejecutivo municipal dijo que se encontraba “pasando mapo”, por l o que no se dejó fotografiar.

Ataviado con una camiseta con la bandera estadounidense, pantalones cortos y gorra, con la barba algo crecida y canosa, Soto aseguró que se mantiene con fe de que saldrá bien del proceso, aunque reconoció que es una “situación difícil”.

“No es fácil estar así ni pasar por el proceso que estoy pasando. Estoy lock down 24 (horas al día) 7 (días a la semana). Esperando. Es un proceso incómodo”, declaró.

“Pero estamos de pie. Estoy incómodo, pero en paz”, agregó.

Pero me imagino que recibe visitas, ¿verdad?

Mi familia sí me visita. Los amigos, pues, se acaban; de esos son pocos los que quedan y que vienen a visitar. Pero la familia siempre viene, indicó con un tono de amargura.

Cuando el 9 de noviembre el Tribunal Supremo denegó su auto de certiorari, el ex alcalde dijo que lo tomó muy mal. “Pero ya boté ese golpe”.

Ahora está confiado en que ese foro escuchará los nuevos argumentos para revertir el veredicto en su contra.

Una de las cosas que más lamenta –además de perder su libertad– es el efecto que tiene todo lo que se dice en su contra, tanto en su madre como en su hija de 20 años, que estudia ingeniería mecánica.

“Por eso es que yo sigo de pie, con fe en Dios que al final del túnel veré la luz”, manifestó.

Un pedido de entrevista con su abogado, Harry Padilla, no fue contestado.

Contralor lo señala

Al tiempo que Soto hablaba sobre su proceso judicial, la Oficina del Contralor sacaba a la luz pública un informe que lo salpicaba.

Aunque la auditoría se refería a las operaciones de la alcaldía de Toa Baja, en ella se revela que Soto tuvo un contrato allí de $12,000 por apenas un mes de trabajo en el Municipio en unas tareas que no tenían mucha claridad.

El informe cubre el periodo desde el 1 de enero de 2008 al 31 de diciembre de 2010.

El alcalde de Toa Baja, Aníbal Vega Borges, justificó el contrato de servicios profesionales que le concedió a Soto en el 2010, cuando el ex alcalde ya encaraba juicio por cargos de corrupción.

“Él prestó los servicios que establece el contrato. Iba a brindar asesoramiento en unos asuntos, investigaciones en otros. Puedo indicar que fue como tres meses que trabajó”, dijo Vega Borges.

¿No fue un mes nada más?

No sé si fueron dos meses o uno..., fue algo así, pero trabajó poco. Sé que fue poco.

El alcalde negó haberle dado el contrato a Soto para ayudarlo a que costeara los honorarios de los abogados que entonces lo representaban en el caso.

“Wilson Soto tenía dos abogados antes de eso y después siguió con abogado”, sostuvo Vega Borges.

¿Por qué le otorgó el contrato?

Porque siempre creí en el trabajo que hizo. Él trabajaba en Guaynabo antes de ser alcalde, había tenido experiencia.

Y, ¿rindió la labor?

Claro que sí. El contralor lo auditó y no cuestionó ese contrato.

La reportera Nydia Bauzá colaboró con este reportaje (nbauza@primerahora.com)

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