Pepe es un “pit bull” tierno y sociable-VÍDEO

02/07/2013 |
Es un can musculoso, robusto, fuerte y con un espíritu apacible que logra arrancarle sonrisas a cada niño que visita en hospitales, muchos de estos víctimas de enfermedades como el cáncer

Puede ser el perro más cariñoso, fiel y dócil, pero si es un pit bull,  está condenado  por ley a una matanza indiscriminada, aun cuando irónicamente esta disposición pudiera estar en conflicto con  otra ley –la  154–, la que pretende velar por el bienestar y la protección de los animales. Sus  guardianes enfrentan también la pesadilla, no solo ante la posibilidad de perder a su mascota, sino porque pudieran ser condenados a un año de cárcel y a enfrentar una multa de $1,000 al violar el estatuto que prohíbe la posesión de estos canes en la Isla.

  Pero, ¿qué beneficios de seguridad y salubridad ha generado la Ley 158 desde que se firmó en 1998 cuando se prohibió en Puerto Rico la introducción, importación, posesión, adquisición, crianza, venta y traspaso de los pit bull terriers y cualquier perro producto de su cruce?

La respuesta es  “ninguno”, a  juicio de un grupo de expertos consultados por Primera Hora para analizar el tema que cobró notoriedad la semana pasada cuando se dio a  conocer el caso de la perra pit bull Lola, cuya existencia estuvo encaminada a la muerte tras ser incautada por un policía que la describió como amenaza para la sociedad  y riesgo a la vida humana, utilizando como base el estatuto. Lola se salvó… pero la discusión sobre el asunto está nuevamente sobre el tapete. 

Para los entrevistados, el estatuto  es catalogado “ley muerta”  y “totalmente discriminatorio” para una raza canina  que se ha demostrado que es potencialmente menos agresiva que otras que se permiten en la Isla.

Además, tampoco se han prevenido los ataques de perros –los cuales provienen de todas las razas–, a juzgar por las 6,000 mordeduras que se registraron el año pasado en el Departamento de Salud, agencia que invirtió $1.4 millones en gastos de tratamientos de vacunas contra la rabia en las personas afectadas.

Asimismo,  el registro que se pretendía realizar a través del Departamento de Agricultura sobre los perros pit bulls que ya habitaban en la Isla para el 1998 fue un fracaso, pues apenas se inscribieron 18 canes.  Esta cifra contrasta dramáticamente con los 80,000 perros pit bulls que se sospecha que hay en Puerto Rico, según trascendió en   vistas públicas sobre el  Proyecto de la Cámara 2376, con el que se intentó infructuosamente derogar la Ley 158 durante el cuatrienio pasado. 

Hace unos días, el representante Eduardo Ferrer presentó una medida  que también pretende derogar la ley, que eliminaría la prohibición de poseer pit bulls en Puerto Rico. Actualmente, hay una amnistía firmada por el ex gobernador Luis Fortuño que prohíbe hasta agosto la eutanasia de pit bulls.

“Para empezar, año tras año –y así lo muestran estadísticas en EE.UU.–, las razas de perros guardianes (pastor alemán, dóberman, rottweiler, entre otros)  son las que están más envueltas en mayores accidentes”, dijo el veterinario Víctor Collazo, miembro del Comité de Comunicaciones del Colegio de Médicos Veterinarios de Puerto Rico, entidad que se opone a la Ley 158 desde su implantación hace 14 años.

El sentir de los veterinarios en Puerto Rico coincide con la de Collazo, pues los médicos dedicados a la salud y el bienestar de los animales sostienen que no hay evidencia científica de que los pit bulls o sus híbridos sean una raza agresiva de nacimiento. Y es que los especialistas están convencidos de que la raíz del problema en los perritos que muestran un comportamiento de riesgo recae en la crianza que les proveen sus amos.

“Hubo una campaña que se llamó Dog is a dog. Y es que, en efecto, perro es perro y todos tienen potencial de causar daños físicos severos no importa el tamaño o la raza. Una mordedura de un chihuahua puede ser desfigurante para un niño de tres años y requerir 15 cirugías estéticas para tratar de recobrar la cara que ese nene tuvo antes de la mordida. Además, todo perro no vacunado tiene el potencial de transmitir rabia, una enfermedad que es mortal. Por eso, es importante no discriminar contra las razas”, agregó Collazo, quien como muchos de sus colegas –y aun con lo que dispone la ley–, sigue recibiendo en su clínica a perros pit bulls, pues “nosotros no somos un ente punitivo ni fiscalizador y, negarnos a atenderlos sería ir en contra de nuestro juramento y compromiso con la salud animal”.

“Cuando se firmó esta ley, nos opusimos. De hecho, en las vistas públicas estuvieron expertos de la American Veterinary Medical Association y explicaron que no tenía sentido discriminar contra la raza y que, en caso de accidentes o negligencias, se recomendaba responsabilizar a los dueños de las mascotas. De hecho, lo que por años hemos sugerido como solución al asunto de mordeduras, mascotas realengas y casos de rabia es el registro obligatorio de animales, esto con un plan que incluya la vacunación”, detalló, por su parte, el doctor Ernesto Casta, presidente electo del Colegio de Médicos Veterinarios de Puerto Rico.

Por otra parte, los médicos cuestionaron el procedimiento que realiza el Departamento de Agricultura para identificar si un perro es pit bull o no,  pues –según aseguran– solo expertos en Estados Unidos podrían corroborar el genotipo del can mediante pruebas de ADN.

De hecho, el doctor Elton Irizarry, veterinario de Agricultura, confirmó el reclamo al indicar a este diario que el único método que se utiliza en la agencia para aseverar que un perro es pit bull “es por sus características y la experiencia que tenemos conociendo la raza”. Agregó que muchas veces el proceso de identificación se lleva a cabo en vistas administrativas o en tribunales, pues se requiere una querella de la Policía para solicitar la intervención de la agencia.

“El ADN no se necesita porque la Ley 158 no lo dispone y así se ha determinado el mismo tribunal… Solo hay que corroborar ciertas características que están detalladas en el estatuto y que, probablemente, las copiaron de algún texto”, dijo en referencia a que la ley dice que los pit bulls se distinguen por medir de 14 a 19 pulgadas, pesar entre 30 y 50 libras, tener cabeza ovular, pómulos y quijadas pronunciadas, un cuerpo musculoso, robusto y compacto, y pelaje corto y lustroso.

Entretanto, el doctor Irizarry aclaró que el Departamento de Agricultura “nunca” se ha ordenado ni realizado la eutanasia a ningún animal, pues una vez se identifica al animal como pit bull –este proceso se ha completado entre 2007 y 2012 con 382 animales–, lo que procede es que se mate el animal en algún centro certificado”. “El dueño del animal tiene que presentar luego a la Policía evidencia de que se eutanizó el perro y el documento tiene que estar firmado por un veterinario y su número de licencia”, explicó el especialista que se opone “100%” a este procedimiento.

“Como servidor público, tengo que cumplir con las leyes existentes e identificar al perro… pero mi percepción como veterinario es que no estoy de acuerdo con la ley y así lo plasmo como miembro del Colegio de Veterinarios y ex presidente del organismo”, manifestó quien también apuesta como solución el registro de mascotas en la Isla.