Pobres y ricos se roban la luz con pillos

02/12/2013 |
Con un pillo o resistor logran que no se vea la cantidad real de consumo.

¡Qué mucho pilloooo...!

Mientras la mayoría de los puertorriqueños sudan la gota gorda para pagar los altos costos de electricidad que factura la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), hay un porciento considerable de usuarios, residenciales, comerciales e industriales, que no pagan la totalidad de la energía que consumen, y esa pérdida, que se estima hasta en $400 millones, se la pasan a los abonados en su factura.

La AEE no ha provisto un estimado a Primera Hora de cuántos clientes, de los 1,337,847 residenciales, 127,489 comerciales y los 721 industriales activos, incurren en el robo de luz que todos pagamos ni a cuánto asciende la pérdida por el hurto de luz.

“Ni la propia Autoridad sabe cuánto específicamente es el hurto de electricidad. Ellos en ocasiones mencionan que es de $200 millones; y en otras ocasiones hablan de $400 millones, pero la realidad es que la Autoridad tiene pérdidas técnicas y no técnicas como el hurto de electricidad. Esa partida va a energía producida sin contabilizar”, expuso el presidente de la Unión de Empleados Profesionales Independientes de la AEE (Uepi), Evans Castro.

“En el año fiscal anterior, esta energía sin contabilizar ascendía a los $ 750 millones. Ahí se incluía el hurto de luz y los abonados lo pagamos en la factura”, sostuvo Castro.

Aseveró que la energía producida sin contabilizar denota la falta de eficiencia de la AEE tanto para identificar el hurto como la pérdida de energía.

“Desde enero de 2009, le presentamos al ingeniero Miguel Cordero y al ingeniero Josué Colón un sinnúmero de recomendaciones para reducir el costo de electricidad y mejorar las operaciones y cayeron en oídos sordos. Le presentamos una plantilla para incluir empleados de diferentes unidades para identificar el hurto, atacarlo y reducirlo en millones de dólares, un factor que tanto afecta en nuestras facturas. Nunca nos tomaron en consideración”, dijo.

En esa pérdida, reiteró, entra el ajuste por combustible, que describió como el zafacón de las pérdidas que tiene la AEE.

“Nos lo cobran en la factura y nos cobran también los subsidios. Todos, incluyendo los municipios”, afirmó.

El presidente de la Unión de Trabajadores de la Industria y Riego (Utier), Ángel Figueroa Jaramillo, comentó que para buscar todas las cuentas morosas públicas y privadas “hay que buscar una van”.

“Lamentablemente, el sistema usa este subterfugio. Si yo tengo dos casas, una en Villa Carolina, si no pago la cuenta, me cortan. Esa deuda se pasa a la otra cuenta. Nosotros tenemos una sección en el edificio central de cuentas al por mayor que se han ido desmantelando”, acotó.

Explicó que, aunque existen unas brigadas especiales para estos cobros, en la práctica se han ido anulando y se pasan las cuentas a las comerciales, que son muchas por cobrar y tiene el mismo curso que las residenciales.

“Si tengo una cuenta comercial de $1 millón, y está colocada con otras muchas cuentas residenciales, voy a cobrar muchas cuentas y dejo eso (el millón), porque a nosotros nos evalúan por productividad”, señaló. 

Una epidemia

El hurto de luz, según conocedores, ocurre a lo largo y lo ancho de Puerto Rico y en todos los sectores socioeconómicos: altos, medios y bajos.

Las intervenciones que hace la unidad que maneja el hurto de luz de la AEE son confidenciales. Primera Hora supo que se hacen intervenciones en urbanizaciones exclusivas, como Encantada, en Trujillo Alto. En estos sectores suelen poner resistores potentes en “omiaje” para impedir que lean el consumo real de energía, pues tienen dinero para pagar a una persona que les coloque “un buen pillo”.

Pero el robo de luz se da mucho también en urbanizaciones de clase media. En Canóvanas, por ejemplo, han intervenido contadores en Ciudad Centro, Los Caciques y San Isidro. En Río Grande, han intervenido contadores en Río Grande Spring.

Ya cercano a Carolina, en los sectores Hill Brothers, una comunidad pobre, y en Villa Prades también han hecho intervenciones. En Ponce, han hecho operativos en Villa del Carmen y Glenview Garden. En Santa Isabel, en Playita Cortada. En Yauco, en el sector de El Cerro. En la región oeste también hay una alta incidencia de robo en clientes comerciales.

“Esas urbanizaciones estuvieron bien cundiítas”, dijo una fuente, refiriéndose a los operativos.

En dos semanas intervinieron cerca de 20 contadores, lo que representa ajustes de $2,000 a $20,000. “Los ajustes en ese ratito fueron de $150,000 a $200,000”, precisó la fuente.

Lo triste es que a los ciudadanos que se atrasan 60 días en sus pagos les interrumpen el servicio de electricidad, y los que se la roban, aun cuando los intervienen, lo que se hace es colocarles otro contador. La fuente indicó que, aun cuando lo cambian, la Autoridad se tarda en registrar el cambio en el sistema porque no tienen suficientes empleados. Al no podérseles facturar el consumo real legal, los abonados “rehabilitados” siguen acumulando una deuda que será difícil de cobrar.

Modalidad del robo

La intervención más común que realizan los abonados que hurtan luz es directamente al contador. De diez abonados que se detectan en la Autoridad “para conocimiento positivo”, o sea, para visitarlos, es que ya tiene un “resistor” o algún otro dispositivo que altere el funcionamiento normal del medidor contador.

“Se lee remotamente. Se va viendo la variación de consumo. Yo vengo y me alquilo una casa y los primeros meses pago $416 un mes, $475, otro, y mantengo un consumo similar por varios meses. Luego le coloco un resistor al contador y no se refleja el 100 por ciento del consumo”, expuso.

La urbanización Encantada fue utilizada de ejemplo. Si se ve una variante demasiado obvia, que está pagando seis meses corridos $400 de electricidad y después baja a la mitad y a menos de la mitad, se imprime y le dicen a un brigadista: “Visítate a este cliente”. Cuando llegan y chequean el contador, si sale positivo, se lo llevan e instalan uno nuevo.

Cuando el abonado interviene con un medidor, comúnmente instalan un resistor que hace que el contador vea menos consumo.

En barriadas y sectores de bajos recursos, el cliente tiende a intervenir la toma de servicios o le instalan un jumper a las bases de los contadores .

“ Es que hay un sinnúmero de irregularidades. Le cortan la luz por pago, viene el cliente y rompe el sello. Hay unos plásticos, hay dos cuchillas del lado de carga, que es lo que lee. Se le instalan camisillas plásticas para que no se lea . Rompen el sello y le meten unos jumpers atrás. Hay gente que le instala fotoceldas bien pequeñas, de un tamaño bien diminuto”, indicó la fuente.

“En el caso de personas que tienen dinero, colocan resistores en los contadores porque tienen para pagar por eso”, agregó.

“El pobre te pone un pillo porque no tiene chavos. Esa gente tiene el dinero y van a mandar a instalar los resistores para pagar menos luz. Tienen piscinas. Tienen de todo. Todo depende de la cantidad de equipo que tenga y del resistor que instale”, dijo.

El abonado controla su consumo usando las facturas como guía. Si viene más bajita de la cuenta, tiene que usar más equipo para disimular.