Los nuevos pobres del país

02/19/2013 |
Pedirle a una familia con un ingreso promedio de $30,000 anuales –en el caso de Puerto Rico, resulta ser la mayoría de la clase trabajadora– que recorte sus gastos mensuales es como “pedirle peras al olmo”.

Ya no hay de dónde recortar. Simplemente, no lo hay.

Pedirle a una familia con un ingreso promedio de $30,000 anuales –en el caso de Puerto Rico, resulta ser la mayoría de la clase trabajadora– que recorte sus gastos mensuales es como “pedirle peras al olmo”, tal y como dice el conocido refrán.

Y es que la clase trabajadora del país ya no tiene de dónde recortar para poder enfrentar la difícil situación económica que se acrecenta con la ristra de aumentos que trae consigo el 2013. Primero, el agua. Luego, la luz, y por ahí vinieron otros. Que si la gasolina, los alimentos, los sellos y los servicios postales... y los que aún estarán por llegar.

“Pueden tratar de reducir el consumo, mirar las prioridades, pero la realidad se impone. Llevamos cuatro años diciéndoles a las personas qué pueden hacer para recortar sus gastos, pero ya no es viable ninguna recomendación porque es que ya lo están haciendo todo”, advirtió la economista Marta Quiñones.

Y aunque no hay estadísticas que precisen cuántos trabajadores se encuentran en o bajo el nivel de pobreza actualmente, el 18.5% de los trabajadores del país en el 2007 componía dicho renglón para un total de 208,691 empleados, de los cuales, el 64% era hombres, según lo recopiló el estudio Los trabajadores pobres: la situación y las posibles soluciones en Puerto Rico, del Centro para la Nueva Economía.

De los 208,691 trabajadores, un total de 134,222 eran empleados a tiempo completo. Estos contaban con 35 o más horas semanales.

Se trataba, además, de personas mayores de 16 años y que trabajaron por 27 semanas o más durante un periodo de un año, pero aun así permanecen en la pobreza, pues no solo el dinero no les da para cumplir con sus compromisos económicos, sino que no cualifican para ningún posible subsidio gubernamental.

No se puede obviar que la mayoría de estos trabajadores están regidos por el salario mínimo federal, que es de $7.25 la hora.

“Mi impresión es que la coyuntura económica actual podría estar influyendo en un aumento de esa tasa de trabajadores pobres”, planteó Deepak Lamba, investigador del CNE y quien trabajó en el mencionado estudio.

Esta posibilidad le hace pensar a Lamba, quien también es estudiante doctoral en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), en el hecho de que ninguna de las recomendaciones planteadas en el estudio han sido implementadas.

Para Lamba, una de las mayores fallas radica en que las administraciones gubernamentales no toman en consideración al pueblo a la hora de tomar decisiones. “Las medidas que se están llevando a cabo para enfrentar el problema fiscal están obviando la complejidad del mundo laboral puertorriqueño”, sostuvo.

La situación es tan delicada que, según otro estudio del CNE realizado por la economista María Enchautegui, el 18% de los participantes trabaja tanto en la economía formal como en la informal para empatar la pelea debido a que los ingresos no le dan.

“¿En qué forma con estas medidas estamos desincentivando el trabajo? No es que los puertorriqueños están sentados en sus casas esperando un cheque. Los puertorriqueños trabajan mucho, lo que pasa es que implica recortar unos ingresos, recibir unos recortes en ese ingreso bruto que no le sale a costa a muchas familias y se ven obligadas a dedicar parte al sector informal y salir a flote”, señaló.

Destacó que la creación de empleos no se debe medir por la cantidad, sino por la calidad del mismo. Y por “calidad” no solo se refiere al sueldo, sino a otra serie de beneficios que le permiten al empleado superarse.

“Es fundamental que existan sistema de apoyo como cuidos de buena calidad, que existan medidas para que se facilite la sindicalización de trabajadores. La historia no miente. En Estados Unidos, el crecimiento de la clase media norteamericana se dio, en gran medida, al apoyo de las uniones obreras y, en Puerto Rico, esa tendencia va en la dirección opuesta”, expresó.

Estas medidas no solo le darán la oportunidad al individuo de crecer profesionalmente, sino individualmente.

Los chavos no dan

Lamba enfatizó en el aspecto de que el salario mínimo federal, que es de $7.25 la hora, no es suficiente para que una familia promedio subsista. De ahí, la relevancia de las propuestas esbozadas en el estudio.

Resaltan los incentivos para los patronos que paguen salarios más altos que el mínimo, incentivar las cuentas de ahorro y desarrollo, subsidios para centros de cuido diurno, ayuda financiera para estudiantes no tradicionales y establecer reembolsos del impuesto sobre venta y uso (IVU), entre otros más.

“El IVU que paga una persona pobre por un pedazo de comida es el mismo que paga un millonario, ¿pero quién se ve más desfavorecido? El pobre, obviamente. Hay que crear un mecanismo para darle un crédito con la planilla. Eso ayudaría a aminorar el impacto de todas esas alzas que se están proyectando”, puntualizó.

“No estamos hablando de que son incentivos universales, sino a familias que trabajan a tiempo parcial y completo, que emiten planilla y que aún con ese trabajo no pueden salir de la pobreza... a esos hay que incentivarlos”, planteó.

Otra de las formas de, quizás, ayudar a la clase trabajadora pobre puede ser establecer el living wage a través de política pública, que no es otra cosa que un salario digno para que un trabajador pueda satisfacer las necesidades básicas por un periodo prolongado de tiempo.

Sería un salario que estaría por encima del salario mínimo federal. “Un salario mínimo no es suficiente para mantener una familia puertorriqueña. Todo depende del tamaño del hogar, del número de hijos”, señaló.

Al preguntarle sobre qué podría hacer una familia para aminorar gastos, enfatizó en por qué mejor no se les cuestiona al Estado y al sector privado: ¿qué puedes hacer para que esa familia lleve una carga menor? “La carga individual de muchas familias ha aumentado, pero la responsabilidad colectiva no. Le hemos exigido mucho al individuo...”, dijo.

Por su parte, la economista Quiñones fue más que clara en que ya las familias no tienen de dónde recortar para enfrentar las nuevas alzas. Simplemente ya viven al chavo. “Es hora de que el Estado busque la manera de cómo ayudar a la clase trabajadora, que está muy lacerada por la crisis económica que se ha vivido por los pasados años”, sentenció la experta.

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