Alimentan a los que no tienen-VÍDEO

Por Michelle Estrada Torres / michelle.estrada@primerahora.com 03/23/2013 | 05:43 p.m.
La fundación Vida Lejos del Semáforo fue creada hace tres años. (carlos.giusti@gfrmedia.com)  
Fundación Vida Lejos del Semáforo sirve a sectores marginados entre Vega Baja y Manatí.

Son las 7:50 p.m. y Carlos y Jennifer se estacionan en una calle sin salida de Altos de Cuba, en Vega Baja. Es viernes, y el matrimonio llega a su cita semanal con los chicos y chicas sin hogar y drogodependientes, con quienes comparten hace más de tres años.

A ese punto al que muchos temen pisar, acuden también una veintena de voluntarios que se han convertido en las columnas que sostienen la fundación Vida Lejos del Semáforo.

Se abrazan y se besan, oran juntos y prosiguen a cenar.

Este día el menú incluye arroz blanco, coditos con carne, donas y refresco. Los voluntarios procuran donativos para hacer la compra, aunque son los principales cooperadores con dinero y en la preparación de los alimentos.

Mientras “La India”, Omar, “Cuba”, José, Rolando y sus compañeros salen del hospitalillo para consumir su plato –quizás el único del día–, los voluntarios les reparten ropa limpia, condones y jeringuillas.

Cada una de las personas que realizan este trabajo voluntario tiene una historia que merece ser contada. Ellos no creen haber llegado a la fundación por casualidad, sino porque la vida se encargó de ponerlos al servicio de un sector marginado de la sociedad que ha reciprocado con creces cualquier aportación recibida.

Los fundadores

Jennifer Rosado relata que todo empezó cuando salía con su esposo, Carlos Erick Marrero, a repartir las porciones de comida que les sobraban entre los muchachos que pedían dinero en los semáforos cercanos a su casa. Un día de abril de 2010, invitaron a uno de ellos, Alex, al cine como regalo de cumpleaños. La visita no se concretó, pero fue en ese momento cuando el propio chico los hizo darse cuenta de cómo podían ayudar a otros como él a no sentirse inmerecedores de compartir con el resto de la sociedad.

“Él (Alex) me dice: ‘Mírame, total, ¿en qué lugar me van a aceptar así?’. Cuando él viene y me choca con esa realidad... ahí fue que dijimos qué diferente sería bañarlo, verse bien. Y ahí empezó la fundación”, recuerda la profesora de Dewey University, en Manatí.

El grupo va a Vega Baja los martes (5:30 p.m.) y viernes (8 p.m.), y a Manatí los jueves (6 p.m.).


¿Por qué Altos de Cuba?

“Llegamos porque yo fui usuario por 33 años, soy usuario funcional, y una de las áreas que yo visitaba y conocía la necesidad era aquí. Yo correteaba todos los lados porque no era usuario crónico, pero sí funcional. Y gracias a Dios, hasta el día de hoy, estamos mejorando y nos quitamos de esa vida y estamos dando un poco de calidad de vida a los que realmente la necesitan”, comparte Carlos.

La familia extendida

Lourdes Vélez, estilista y profesora en Advantage College, en Bayamón, es voluntaria hace cinco meses. 

“Mi hija era usuaria de drogas y venía aquí. Fue ella quien me trajo y dos días después murió. Y me quedé. Ahora vengo con mi nieto Dylan, el hijo de ella, y colaboro con estas personas”, cuenta Lourdes, quien pone su conocimiento al servicio de esta gente y, de vez en cuando, es asistida por uno de los participantes que sabe recortar.

Cynthia del Valle lleva 10 meses en la fundación, en la que figura como secretaria.

“Esto ha cambiado mi vida, es una bendición. Esto te llena de una forma que no puedes explicar, el tú poder dar”, describe emocionada Cynthia, quien supo de la organización cuando conoció a sus fundadores en un día de playa.

Tras enterarse por una entrevista televisiva, la Dra. Sandra Ríos, médico generalista, se unió en noviembre de 2011. De su primer día tiene una anécdota.

“Me puse a servir arroz y Carlos está limpiando una úlcera... y yo acá sudando porque estoy viendo que lo está haciendo mal. Y yo le digo: ‘Mira, hazlo de esta forma y así no contaminas’... Yo seguí sirviendo arroz, pero él se quedó con eso y me preguntó si yo era enfermera y le dije que no. Yo le dije: ‘Soy médico’. Y él gritó: ‘¡Jennifer, ven, que ya tenemos médico!’”, dice la doctora que les reparte medicamentos a sus chicos y cuya hija adolescente, Claudia, también funge como voluntaria.

Carmen Teresa Ortiz Hernández inició la visita de los martes porque “la necesidad es grande”.

“Esto es algo que llena como ser humano, estar aquí y conocer a estos muchachos. Es más lo que yo me llevo de ellos que lo que yo doy”, expresa con orgullo.

A sus 20 años, Nahir García Rivera está segura de que quiere continuar su voluntariado con la fundación.

“Me subieron el primer día allá (al hospitalillo) y bajé a lágrima tendida. Porque uno se da cuenta de lo que tiene. Llevo tres meses superfeliz. Es una experiencia bien bonita”, menciona la universitaria.

Los participantes

Los beneficiarios de la fundación se muestran cariñosos con los voluntarios, sonríen, hacen chistes y les confían intimidades. Disfrutan de su compañía y agradecen enormemente su contribución. En algunos de ellos ha nacido el deseo de luchar para conseguir una vida mejor.

“Ya yo me cansé de esto. Yo quiero rescatar mi vida. La fundación siempre ha estado conmigo y ahora yo tengo que salir de esto para poder ayudar a otros”, afirma Rolando, de 41 años, que próximamente ingresará en un centro de rehabilitación.

Luis empezó con la heroína a los 11 años y ha tenido una vida marcada por el vicio. Él también anhela rehabilitarse. “Yo quiero salir de aquí, ya estoy cansado”, dice el hombre de 59 años.

Omar, un talentoso dibujante que plasma su arte en cualquier material que tenga disponible y a veces vende sus obras, agrega: “Yo no siempre he sido así. Yo quisiera volver a ser como antes”.

La meta

Ocasionalmente, la fundación provee el servicio de aseo gracias a la invención de Carlos Erick. No obstante, desean poder instalar una ducha portátil con agua caliente en los lugares que visitan y adquirir un camión para transportar las donaciones.

Si desea colaborar, puede donar a la cuenta 2240004461 de Doral Bank, llamar a los teléfonos 787-460-9942 o 787-988-9168, o escribir a vidalejosdelsemaforo@gmail.com.