En el pupitre de Paola Guzmán Ríos permanecían su bola de voleibol y otras pertenencias que la menor había dejado en su salón de clase de tercer grado. (Primera Hora / Heriberto Castro)
jueves, 19 de noviembre de 2009
Francisco Rodríguez-Burns / Primera Hora
Nadie se atrevió a tocar el pupitre de Paola Guzmán Ríos. Debajo del asiento permanecía su bola de voleibol envuelta en una bolsa plástica, y una pila de libros. Pero las pocas pertenencias que la menor había dejado en su salón de clase de tercer grado de la escuela Román Baldorioty de Castro, en Guaynabo, apuntaban a su ausencia irremediable.
Algunos de sus compañeros de clase lloraron y leyeron varios mensajes que el personal de Educación escribió en la pizarra del aula como parte de una terapia en grupo que intentaba proveerles a los niños un tiempo de catarsis. “Estás con Dios, Te amamos Paola, Te quiero mucho, Amigos para siempre”, decían algunos de los mensajes.
La noticia de la muerte de la niña provocó una intensa movilización de trabajadores sociales de Educación que intervinieron con los compañeros de clase de la estudiante y otros salones de la escuelas Baldorioty de Castro y Rafael Martínez Nadal, donde los hermanos de la niña cursan estudios.
Los manejadores de crisis les solicitaron a los menores que se expresaran en torno a la tragedia, que lloraran si así lo sentían y que recordaran todos los tiempos buenos que compartieron con la niña.
Como parte de las actividades que anteceden a la celebración del Descubrimiento de Puerto Rico, la escuela Baldorioty de Castro iba a realizar presentaciones artísticas después de la hora de almuerzo. Pero la función se canceló una vez se supo del fatídico accidente. Al salón de Paola le tocaba recitar un poema original y cantar Verde luz de Antonio Cabán Vale, “El Topo”.
“Era muy buena y muy cooperadora. Siempre estaba encima de uno. Cuando me enteré tuve que parar el carro de camino a la escuela. Pero hoy yo no quería dejar a los nenes solos”, sostuvo la maestra de salón hogar de la estudiante, Dialy Suárez.
Los niños fueron reunidos en el patio de la escuela para “lanzar un beso al cielo”.
“El sentido de pérdida es inesperado” , indicó la trabajadora social del plantel, Jocelyn Torres. “Tenemos a muchos compañeritos afectados”, dijo la terapeuta.
A varios bloques de la escuela elemental, el personal docente de la escuela intermedia Martínez Nadal puso en vigor un protocolo para manejar el estado emocional de su estudiantado debido a que dos alumnos de la escuela eran hermanos de Paola.
“Los estudiantes estaban ansiosos, no querían entrar a la escuela. Comenzaron a llamar a sus padres. También me encontré con muchos maestros afectados”, indicó la directora de la escuela Martínez Nadal, Carmen Irizarry.
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