Su barrio lo llora

11/23/2012 |
“Una persona de pueblo” Así fue descrito el púgil por gran parte de los residentes de Hato Tejas, en Bayamón, donde “Macho” se crió y era querido por muchos. (Archivo)  
La vianda con bacalao y el pollo guisado eran las comidas favoritas de “Macho”, dice su compadre.

En el barrio Hato Tejas de Bayamón soplaba ayer una brisa suave. El cielo era gris. Había un dejo de tristeza. Moría uno de los hijos más queridos del barrio. Se apagaba “Macho” Camacho.

“Esta era el área en la que él siempre hacía sus ejercicios”, dijo José Luis Padilla (“don Chelo”), uno de los vecinos de doña María Ester Matías, madre de Héctor Camacho Matías. Don Chelo señalaba la carretera que discurre frente a la residencia de dos plantas en concreto, que Macho le compró a su mamá cuando ganó una de sus primeras peleas en el cuadrilátero.

“Lo recuerdo como una persona buena, complaciente, siempre era muy amable. Era una persona de pueblo y de campo. Si uno necesitaba una ayuda de él, se la brindaba. Si uno iba por ahí a pie, que muchas veces él pasaba, me daba pon. Lo que le ha pasado a él nos ha dolido mucho, especialmente a nosotros que somos sus vecinos de toda la vida”, sostuvo Padilla. Indicó que Macho viajaba con frecuencia a la Florida, pero regresaba siempre a su barrio. 

“Él compartía por aquí. Me decía ‘Padilla’ o ‘Padillita’. Era la luz de su mamá. Ella siempre elogiaba mucho a su hijo. Le decía ‘Machito’”, indicó para agregar que madre e hijo “son como dos gotas de agua”. Dijo que, además del parecido físico entre ambos, Macho sacó el carácter de doña María, ella es cómica, se pasa haciendo chistes”.

Don Chelo recordó que, cuando el púgil peleaba, mucha gente del barrio se reunía para ver los combates. “Aquí todo el mundo está triste porque este es un barrio donde todos nos conocemos, desde el sector Tres Calles hasta Valencia. Cuando me enteré de lo que ocurrió, lloré. Todavía es y no lo creo. No puedo creer lo que le ha pasado a él porque era un hombre lleno de salud, un hombre bueno. No creemos que tenga problemas con nadie porque para nosotros era amable con todo el mundo”, acotó Padilla, de 69 años.

En el colmado Nieves los clientes también lamentaban el suceso. “El venía de vez en cuando por aquí. A veces compraba límbers y mantecado. Hace poco estuvo compartiendo con unos clientes y le tomaron fotos con sus celulares”, contó el dueño del negocio, Ángel Nieves.

En una agencia hípica no se hablaba de otra cosa. Algunos, cerveza en mano, recordaban los tiempos de gloria de quien fue tres veces campeón mundial.

“La historia de Macho es una historia bonita, era una buena persona, era una persona muy humanitaria. Lo vi el martes pasado, nos saludamos”, narró compungido Luis Orlando Andino mientras jugaba un cuadro de caballos.

“Una vez se compró una Corveta colorá y me dio una vuelta... Nos la gozamos los dos. Eso fue pa’ 1989. Nos conocíamos de chamaquitos”, relató el hombre, quien dijo que Macho se la pasaba comprando verduras porque le encantaba comer viandas con bacalao Casper. Dijo que lo va a recordar como “una persona alegre y contenta, que nunca tuvo una cara mala para ningún tiempo”.

El compadre de Macho Camacho, Carlos Adorno, también exaltó el carácter jovial del retirado púgil.

“Lo conozco hace casi 30 años. Él bautizó a mi hijo Widniel. Para mí, era una persona especial, jovial. No le hacía daño a nadie. Tenía sus altas y sus bajas, pero siempre fue un amigo. En eso no hay palabras. Era fuera de liga”, indicó Adorno.

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