Su padre prefiere recordarlo por sus locuras y alegría

11/23/2012 |
Héctor Camacho padre a su salida del Centro Médico donde vio a su hijo, quien fue certificado con muerte cerebral. (vanessa.serra@gfrmedia.com)  
Don Héctor apenas podía disimular la desesperación de haber tenido que aceptar lo irremediable

Héctor Camacho padre cargaba en su mirada el inmenso dolor que le provocó la notificación médica sobre el fallecimiento de su hijo, a quien apodó “Macho” por ser el más pequeño de sus cinco hijos.

Don Héctor apenas podía disimular la desesperación de haber tenido que aceptar lo irremediable: su adorado hijo sufrió muerte cerebral.

Aunque clínicamente se les había anticipado esta sospecha, don Héctor, su esposa María Matías y sus hijas Raquel, Estrella y Esperanza, guardaban la ilusión de que un milagro ocurriría, un deseo que al final tuvo que apagarse.

El atribulado padre intentó abandonar de forma discreta el Centro Médico, donde dejaba a su hijo muerto, aún conectado a las máquinas. Se marchaba en un vehículo cuando Primera Hora lo abordó. Iba con su sobrina y dos tías del ex boxeador.

Apenas podía hilvanar palabra. Cada vez que lo intentaba, sus ojos se inundaban de lágrimas.

“Por la tarde les hablo”, decía.

¿Es bien difícil la decisión que tienen que tomar de donar los órganos de su hijo?

“No voy a hablar de eso ahora. En la tarde, cuando venga mi nieto”, dijo, con referencia a Héctor júnior, hijo mayor del Macho, quien también es boxeador y que se esperaba que llegara anoche a la Isla.

Una de las tías paternas, Mayra, intervino para comentar: “Él se lo acaba de entregar al Señor. El Señor se lo llevó y sabemos que en mejores manos no puede estar. El Señor se lo dio como hijo y él se lo acaba de entregar”.

¿Usted fue quien lo encaminó en el boxeo?, preguntamos al abatido padre, lo que lo animó a hablar.

“Sí, yo sabía lo que podía hacer”.

¿O sea, usted fue quien lo llevó al gimnasio...?

Sí, se lo llevé a un amigo mío.

A cuentagotas, don Héctor y la familia relataron que, cuando Macho fue a su primera pelea, estaban todos y, por supuesto, el orgulloso padre sabía que iba a ganar.

¿Cómo lo sabía?

(Se ríe) ¡Ah, Dios! Estaba seguro porque sabía lo que había. (Vuelve a reírse)

“Lo disfrutábamos. Iba toda la familia a verlo”, agregó la tía.

¿Cómo quiere que recuerden a su hijo?

“Como siempre ha sido: loco”, ripostó con un tímida sonrisa.

Un loquito... ¿ustedes se reían de las payasadas del Macho?

El padre asintió con su cabeza.

Al preguntarle sobre la incursión del ex púgil en el reality show Mira quién baila, hubo una explosión de risa. Todos rieron. Don Héctor también.

¿De dónde salió lo de Macho Time?

Es Macho, porque yo le puse Macho cuando chiquito. Era el más pequeño.

¿Qué legado deja su hijo?, le preguntaron.

“Las locuras de él”, dijo despidiéndose.

Sobre esas locuras abundó su manejador Ismael Leandry, quien lo manejó desde que tenía 20 años y quien se mantuvo cercano al Macho.

“Era un buen padre, un buen hermano, un buen puertorriqueño. Siempre en los eventos grandes con su bandera puertorriqueña en sus pantalones, en su ropa. Siempre con Puerto Rico en alto”.

¿Cómo lo recuerda?

Alegre. Nadie subía al ring vestido mejor que él. Revolucionó el boxeo con su vestuario. Se vestía de indio con un penacho. Cuando la guerra con (Saddam) Hussein (ex presidente derrocado de Irak), Macho se vistió de soldado. Cuando peleó con Sugar Ray Leonard, pelea que le ganó, subió al cuadrilátero cargado por los guardias del Caesars Palace”.

Descansa en paz, Macho.