sábado, 11 de febrero de 2012
Arys L. Rodríguez andino / Primera Hora
La manteca no es buena para la salud ni para los adoquines del Viejo San Juan, así que la grasa de los tostones y las alcapurrias de los restuarantes del casco histórico tendrá que ir a parar a otra parte.
Más de $4 millones ha costado, según el alcalde de San Juan, Jorge Santini, la remodelación de la calle Tetuán de la Ciudad Amurallada. Y nadie, en su sano juicio, quisiera ver bajo aceite la millonada que se pagó por 164,700 adoquines.
Todavía no se había hecho el show que suele acompañar las aperturas oficiadas por políticos cuando ya los azules y grisáceos adoquines tenían de la misma manteca que altera la circunsferencia de la cintura.
Tanta fue la rabia que le dio a Santini que, en la misma Tetuán, advirtió que aumentaría las multas por tirar basura y desperdicios en la calle. Fue incluso más lejos y dijo que, para comer a expensas de tirar manteca, mejor era cerrar. Poco le faltó para añadir que mejor era no comer.
“Es un crimen ambiental lanzar grasa de esa manera”, dijo en un arranque de peritaje en asuntos ecológicos y aceitosos.
Dejó claro, además, que la capital tiene que estar “a la altura” del millón de cruceristas que recibe cada año. Pudo haber dicho también a la altura de los residentes, pero ni modo.
Otro piso (aunque no adoquinado) que ha costado un ojo de la cara es la carretera de la Ruta 66. En su segunda fase, el costo o inversión, según quien lo mire, es de $160 millones. La intención, más que inventarse una nueva APP (alianza público-privada), es acortar la ruta de los que van y vienen por la zona este.
Evitarse el martirio que implica guiar hambriento por la tarde y con prisa en la mañana sin que el campo de visión sobrepase al carro del frente tiene un costo. Esa es la parte mala.
Con el $1.50 del tramo actual en cada vía más el $1.50 para la nueva fase, llegar de Carolina a la falda de El Yunque va a costar $6.00 diarios. De ahí a los quioscos de Luquillo es un paso, pero quizás no le sobre dinero para comerse un pionono.
Las personas que no estén dispuestas a pagar esa cantidad se tienen que chupar el bumper a bumper que decora las avenidas de este país en las horas pico y cuando hay un choque y cuando a alguien se le explota una goma y cuando alguien va texteando y cuando llueve y hasta cuando le ceden el paso a una gallina de palo.
El gobernador Luis Fortuño, contentísimo, dijo que ahora se podrá viajar desde Sabana Grande hasta Río Grande sin tener que detenerse en un semáforo. Esa no necesariamente es su ruta, pero, según los número ofrecidos por él mismo, más de 32,000 puertorriqueños pasarán menos tiempo en el carro a cambio de un rico peaje.
Si el Gobierno no puede controlar el precio de la gasolina, ¿no podría hacer algo para bajar el costo del peaje? Con lo que costaría a la semana se puede pagar el cambio de aceite y filtro del carro. Si no, la alternativa será coger del aceite que les sobra a los adoquines de Santini.






