Laura Jiménez limpiaba ayer lo que el manantial, que brota de lo alto de la montaña frente a su casa, se convirtió en una catarata que bajaba a su residencia. (Para Primera Hora / Israel González)
jueves, 25 de agosto de 2011
Nydia Bauzá / Primera Hora
Orocovis. El golpe de agua bajó a las 2:00 de la tarde.
Laura Jiménez nunca imaginó que el manantial que brota a lo alto de una montaña al frente de su casa, en el sector Cacao del barrio Damián Abajo de Orocovis, se convertiría el martes en una catarata crecida por la que bajaban chorros de agua, piedra y barro, a consecuencia de las lluvias provocadas por el rabo del huracán Irene.
El alud de agua y fango se metió en la humilde residencia y obligó a Laura, a su esposo, José Iván, y a sus tres hijos a huir despavoridos ante el temor de que la ladera les cayera encima.
“De momento bajó la joya con piedras y todo. Los nenes se asustaron y empezaron a llorar. Arrancamos corriendo para la casa de mis suegros”, relató la mujer.
Los niños estaban tan nerviosos, que una tía les tuvo que dar agua de azahar.
“Vivo aquí hace siete años y ese ojo de agua nunca había bajado así”, sostuvo la ama de casa, quien ayer estaba descalza sacando el agua y el fango que le dañaron muebles y puertas de la casa.
Con ella estaban sus hijos, Iván Antonio, de 10 años, Yadiel, de seis años y Yasiel de cuatro años, quienes se veían ansiosos ya, mientras Primera Hora entrevistaba a la familia cayó un fuerte aguacero y enseguida el agua de la cascada se tornó marrón oscuro.
“El martes dormimos en la casa de mis suegros y si sigue lloviendo no nos quedaremos tampoco hoy”, sostuvo la orocoveña.
Cerca de la humilde estructura, había tres enormes derrumbes que mantenían incomunicado el barrio. Los deslizamientos eran tan grandes que parecía como si se hubieran desmoronado los montes, y en la tarde, brigadas del municipio no daban abasto para despejar la carretera.
En el sector Puente Mello, Julio Figueroa y su esposa Aida contaron que nunca habían visto el río Damián tan crecido como el martes.
“Rugía, rugía, y parecía como un terremoto moviendo las piedras”, describió Figueroa.
El río Damián continuaba crecido ayer, aunque con menos caudal, al igual que el río Orocovis, que el martes amenazó con meterse al casco urbano del pueblo de la montaña.
El alcalde Jesús E. Colón Berlingery estimó los daños generales que sufrió el pueblo en unos $4 millones. Además, indicó que en el municipio cayeron 17 pulgadas de agua.
El municipio completo estuvo sin servicio de energía eléctrica, mientras que un 40 porciento de la población se quedó sin agua potable. Ayer, ambos servicios estaban reestablecidos en un 60 y 75 por ciento.
Dos carreteras principales, la 156 y 157 todavía seguían cerradas ayer por los derrumbes. Unas 205 familias reclamaron pérdidas al Gobierno municipal.
Por otro lado, el Alcalde también dijo que la agricultura había sufrido cuantiosas pérdidas en las plantaciones de café, plátanos, yautías y otros farináceos.





