Aquí hoy, mañana y siempre

Aquí hoy, mañana y siempre

lunes, 6 de febrero de 2012

Una de las cosas que más me llama la atención de los grandes monumentos de la historia es que muchos se encuentran sembrados en medio de un alborotado paisaje moderno que permanece ajeno a su centenaria presencia.

Monumentos como la pirámides de Egipto y la Gran Muralla china son excepciones, puesto que se encuentran en lugares tan remotos o inhóspitos que no han caído víctimas del urbanismo. Pero el Taj Mahal, que tiene casi 400 años dando cara en la India; la acrópolis griega, que lleva 1,500 años en medio de Atenas; y la Alhambra, que ya va por 800 años en Granada, son monumentos que se encuentran en lugares de alta vulnerabilidad. 

A lo largo del tiempo, han estado expuestos al desarrollo urbano, los conflictos armados, las dictauras renovadoras, los impactos ambientales, los caprichos de los gobernantes y el vandalismo de los ignorantes. Aún así, han superado todas las pruebas del abuso humano como si una fuerza superior supiera que el deber de éstos es prevalecer por el bien de la humanidad.


El Coliseo romano, por ejemplo, lleva casi 2,000 años en medio de la ciudad a pesar de que a su alrededor han combatido millones de personas en cientos de conflictos incluyendo dos guerras mundiales. Y ahí está mi asombro precisamente. ¿Cómo es posible que un edificio sobreviva dos milenios en medio de un país cuyo progreso ha transformado tantas cosas?

Me sorprende muchísimo que, por ejemplo, un país en guerra tenga como meta derribar a su enemigo detonando bombas y matando a su gente, pero se abstenga de destruir sus monumentos. Pienso que lo lógico sería darle un golpe a la cultura nacional, a la herencia de sus antepasados. Destruir la torre del Big Ben en Inglaterra hubiera sido para Hitler una oportunidad dorada para patearles el ego a los ingleses con un acto verdaderamente hiriente, digamos incapacitante.

Pero, curiosamente, los ejércitos enemigos --con excepción de los talibanes que dinamitaron Budas milenarios-- respetaron esos espacios, quizá en reconocimiento de que no son representativos de las culturas actuales sino el legado de sociedades anteriores, de pueblos y civilizaciones que nada tienen que ver con el conflicto.

Por mi parte, pienso que estos lugares históricos trascienden nuestras realidades. Aquellos que los aprecien saben que son patrimonio de todos, de la raza humana y no de una nación. Por tanto, destruirlos no es un simple ataque al enemigo, es realmente una herida mortal que se infligen a sí mismos. 

Es decir, que destruir a Jerusalén o la Capilla Sixtina constituiría un acto inmoral que ridiculizaría al agresor porque delataría su ignorancia y pondría en tela de juicio su vocación de líder.

Para nosotros, ser testigos de la perdurable presencia de monumentos que se sostienen impávidos ante el progreso nos demuestra que el futuro de la humanidad no está en manos de los frívolos. Nos muestra cómo el espíritu creador del ser humano es la fuerza motriz de nuestra descendencia e ilustra la inmortalidad de nuestros actos.

Haz que tu comentario
sea el primero

Bookmark and Share

Ver más blogueros por:

Haznos saber tu opinión respecto a este artículo, también puedes comentar a otros usuarios.
Es necesario registrarse y activar su cuenta para participar.
  •  
      
Para poder comentar...
Usted debe registrarse con su nombre verdadero e indicar un e-mail de contacto. Queda prohibido cualquier insulto o agravio, amenazas de cualquier índole o insinuaciones hacia o contra cualquier persona.
No se permite lenguaje libeloso, difamatorio, ilegal, obsceno u ofensivo, faltas de respeto y el uso de sobrenombres de mal gusto o mensajes que violen los derechos de intimidad de terceras personas.
Primerahora.com se reserva el derecho a decidir que mensajes incumplen estas normas, las Reglas para Comentar o los Términos y Condiciones de Uso de Primerahora.com, a eliminarlos sin previo aviso y a expulsar a un Usuario que, a su sólo juicio, incumpla las mismas. Usted es el único responsable por el contenido que usted aporte.
Comentarios
  • Sin Comentarios.