Así fue nuestro Mundial

 
 
Bookmark and Share
Así fue nuestro Mundial

sábado, 4 de septiembre de 2010
Raúl Álzaga / Enviado especial

Estambul, Turquía. El que esté conforme con la actuación de Puerto Rico en el Mundial de Baloncesto, definitivamente no sigue este deporte.

La derrota de los boricuas ante Costa de Marfil el jueves, que provocó su eliminación a destiempo, causó casi un luto nacional y exacerbó el descontento general que se vive estos días en la Isla.

Pero, luego de botar el golpe, hay que reflexionar para ver qué cosas se deben mejorar y cuáles no se deben repetir. También hay que reconocer las cosas positivas que se pueden sacar de esta experiencia.

Con eso en mente, analicemos lo bueno, lo malo y lo feo de este Mundial 2010 para Puerto Rico.

Lo bueno

Hay que destacar el potencial del núcleo de este equipo, que a pesar del talento individual disponible, sólo tres de los jugadores habían participado en un Mundial y sólo tres tienen más de 27 años.

Sobresalió el desempeño del base José Juan Barea (16.8 puntos, 5.4 asistencias) ante la ausencia de Carlos Arroyo, así como el surgimiento de voces ofensivas valientes y multifacéticas como las de Ángel Vassallo (15.2 puntos), David Huertas (66.7 por ciento de efectividad en triples) y Nathan Peavy (9.6 puntos).

Eso sin incluir la intensidad  en defensa y rebotes de Renaldo Balkman, y la potencia anotadora y en rebotes de Peter John Ramos cerca del aro ante equipos europeos (15.3 puntos, 9.7 rebotes). En otras palabras, se cuenta con un núcleo joven sólido para seguir creciendo a nivel internacional.

También hay que reseñar el excelente trabajo de scouting que hizo el staff de dirigentes del equipo de Puerto Rico para enfrentar a sus rivales y hacer los ajustes detallados que se trabajaron en las prácticas.

Eso se demostró particularmente en los juegos contra Grecia, Turquía y China, en los que tanto la defensa como la ofensiva fluyeron bastante bien. En el caso del juego de Rusia, la ofensiva no estuvo presente, pero se jugó muy buena defensa.

Lo malo

Obviamente, la eliminación temprana de Puerto Rico fue un balde de agua fría para todo el mundo. Nadie lo esperaba  y menos cuando el partido que nos daba la clasificación era contra el equipo que se suponía que  fuese el más débil del Grupo C, Costa de Marfil.

Es un posible final amargo en la carrera de Manolo Cintrón como seleccionador nacional, tras haber trabajado bien duro para, al menos, llegar a la ronda de octavos de final.

Las lesiones  no contribuyeron al desempeño del equipo. Sus dos principales jugadores, Carlos Arroyo y José Juan Barea, fueron lastimados desde el partido inicial con Rusia. Arroyo perdió el resto de la acción y Barea tuvo que jugar con dolor. Eso sin incluir las contusiones sufridas por Carmelo Lee, Balkman y Peavy.

El horario mortal tampoco contribuyó para el último juego con sólo 15 horas de descanso. Hay quienes dicen que Puerto Rico se debió administrar ante Turquía, tal cual lo hizo Costa de Marfil ante Grecia el miércoles, para no llegar a ese partido clasificatorio tan machucado.

En términos de juego, quedó demostrado que somos muy dóciles frente a equipos europeos. Las cortinas de los boricuas no castigan a nadie y cometemos muchos fouls tontos con las manos.

Los europeos hacen lo que quieren con nosotros de forma impune, metiendo rodillas,   codazos y usando el filo de la cadera con sus cortinas. Saben cómo golpear sin las manos y sin que sea tan evidente para los oficiales.

Hay que aprender a darles un poco de su propia medicina con la misma estrategia. Sin ese juego físico, nunca llegaremos lejos en un torneo Mundial.

Jugamos demasiado limpio y los grandes nunca salen al rescate del abuso a los jugadores pequeños. En otra época, Edgar León o Ramón Rivas hubieran tirado patas arriba a uno de esos rusos.

Lo feo

El arbitraje FIBA en favor de los equipos europeos deja mucho que desear y da espacio a  teorías de conspiración. Los juegos contra Grecia y Turquía pudieron ser una o dos victorias que nos hubieran puesto en segunda ronda, pero el pito en esos juegos terminó pasándonos factura al final. Es un asunto que desmerece la competencia justa.

Referente a nuestros jugadores, no se puede tolerar la actitud que tuvo Renaldo Balkman en juegos como los de Grecia y Costa de Marfil. Se reconoce su deseo de jugar y aportar, pero tiene que haber una línea de respeto y tiene que reconocer que hay otros jugadores talentosos que pueden hacer el trabajo. Él no es el único.

En el caso de Peter John Ramos, estuvo totalmente fuera de foco ante Costa de Marfil y apenas vio minutos, en gran parte por ello. Perdió la tabla en el momento menos oportuno. Lo que construyó en los primeros cuatro juegos, lo derrumbó en el último.

En torno a la gerencia y el staff de coaches del equipo, se les aplauden las gestiones de fogueos y demás,  pero una vez en Turquía, tal vez se pudo ser más efectivo en proveer a la plantilla alternativas para   aliviar la presión de trabajo y emocional. Además, por momentos, fue evidente  que hizo falta firmeza y claridad en el manejo de los jugadores para que cada cual entiendiera su rol.

Notas Relacionadas