Ernesto Albarrán confía en que la justicia divina se encargue de Adán Torres Quiñones. (Para Primera Hora / Edgar Vázquez Colón)
sábado, 21 de noviembre de 2009
Darisabel Texidor Guadalupel / Para Primera Hora
“¿Dónde está la justicia?” Eso se pregunta diariamente Ernesto Albarrán, quien sufre la pérdida de su único hijo varón, que llevaba su mismo nombre.
Éste admite que no sale de su asombro por el veredicto y que confió hasta el último momento en que la mayoría de los miembros del jurado estarían a su favor.
Pero, “de la justicia divina nadie se salva”, sostiene. Y espera que ésta se encargue de Adán Torres Quiñones.
“Teníamos la esperanza que más miembros del jurado estuvieran a nuestro favor”, dijo el hombre, quien defendió la integridad de su hijo, a quien describió como un buen muchacho.
Igualmente, indicó que está tranquilo, que aunque el tiempo cure el dolor, nunca olvidará a su único hijo varón.
Argumentó que fue amigo del comerciante, quien era su vecino y a quien perdonó, mas sin embargo Torres Quiñones nunca le ha pedido perdón por haberle matado a su muchacho.
Añadió que, a pesar de todo lo que han llorado, tienen que conformarse con el resultado porque “el daño ya está hecho”.
Albarrán recuerda que aquella noche su hijo le dijo que saldría con unos amigos y que regresaba rápido, pero nunca imaginó que sería la última vez que lo vería con vida. Al conocer la noticia del trágico suceso, el angustiado padre acudió de inmediato a la escena, pero la Policía le impidió acercarse.
Su familia ha tenido que recurrir a ayuda sicológica y dela iglesia para aceptar la situación, pero la madre de Ernesto, Ivette Silva, se fue del país porque no podía lidiar con la pesadilla que vivía, viendo cómo el comerciante y su familia se burlaban de ellos. “Su hija no nos dejaba ni rezarle los rosarios, poniendo la música alta”, dijo la madre.
La mujer se decía que no era posible que los jóvenes fueran a la playa de Guánica con la intención de cometer alguna fechoría, primero porque había muchas personas en el lugar y segundo porque por lo boscoso del área era muy difícil salir huyendo en el vehículo. “Ellos estaban dando la vuelta, pero ese hombre ya los esperaba para matarlos”, manifestó angustiada.
Albarrán reconoció la labor de los fiscales María Teresa Miranda e Idelfonso Torres y del fiscal de Distrito José Guillermo Zambrana, a quienes agradeció que hayan dado el máximo en este caso.
“Ellos sufrieron con nosotros todo el proceso”, mencionó.





