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Caos y desesperación tras terremoto en Haití: Lee la crónica de nuestra reportera

En el tramo hacia el hotel habían más muertos, algunos tapados y otros no. (Enviado especial / Primera Hora / Luis Alcalá del Olmo)

miércoles, 13 de enero de 2010
04:08 p.m.
Mabel M. Figueroa / Enviada especial / Primera Hora

Puerto Príncipe.- El caos, la desesperación, la muerte, el dolor, la incertidumbre… el llanto ininterrumpido de los niños.

La capital de Haití, Puerto Príncipe, está destrozada. Miles de almas caminan por sus calles sin saber a dónde ir. El hermoso patio del primer ministro de Haití, Jean Max Bellerive, está repleto de seres humanos que han perdido todo.  Cual un éxodo, la gente camina por las calles cargando a sus hijos y uno que otro bolso.

Desde que ayer a las 4:53 de la tarde un terremoto de 7 grados sacudió a Haití, el país más pobre del hemisferio occidental carece de muchas más cosas de las que siempre ha carecido.

En el hotel la Villa Creole, destrozado por el terremoto pero el único lugar que entre polvo y miseria pudimos encontrar, el dolor de la gente se palpa con el andar de cada paso que damos. Cientos de desamparados están en la calle y a los pies de la entrada del hotel. Escribo en una mesa y una banqueta llena de polvo. El calor es infernal.

Berlune tenía 18 años y yacía en una esquina de la carretera muerta, tapada con una sábana blanca y sobre ella un papelito con su nombre y teléfonos de identificación. Su esposo nos dijo que había muerto en medio del terremoto. De momento, tomó la sábana y la destapó. Parecía como dormida, con sus manos atadas. Luego, la volvió a tapar.

En el tramo hacia el hotel habían más muertos, algunos tapados y otros no.

Lo quejidos de dolor mientras escribo no paran.

A mi lado, un árbol de Navidad lleno de polvo y parte del techo en el piso.

Un grupo de médicos curaban las heridas de algunos, mientras otros llenos de polvo sólo miraban sin decir nada.

Los destrozos en la capital son inmensos y el primer ministro, que se encontraba en el aeropuerto junto al presidente de Haití cuando arribamos al 12:30 del mediodía, estimó los muertos en 100 mil. Una cifra inmensa que nos tomó de sorpresa porque desde lo alto en el avión el caos no era patente.

Max Bellerive se encontraba en una reunión discutiendo asuntos de sida cuando la tierra tembló bajo sus pies. De inmediato salió y vio la desolación que dejó a su paso el terremoto más grande que ha sufrido esta pobre tierra caribeña desde 1770.

A lo largo del camino, muchas estructuras se habían convertido en escombros y había  tendidos eléctricos en el piso.

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