sábado, 30 de mayo de 2009
Rosita Marrero / Primera Hora
Nublado y tormentoso.
Fueron 113 los empleados temporeros de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) que ayer vieron su futuro nublado y su corazón atormentado.
Hasta hace un mes, el hogar de Francisco A. Cintrón Bou, de 28 años, era todo alegría debido a la llegada de su primogénito, Gian Francisco.
Al igual que su esposa, Francisco acariciaba sueños y albergaba planes para su joven familia, que se concretarían con la adquisición de un hogar propio donde vería crecer a su hijo.
Todos los planes se fueron a pique. Francisco, quien es ingeniero y laboraba en la planta de Aguirre, fue uno de los gerenciales cesanteados por la AEE ayer.
“Para empezar, tengo un hijo. Mi primer hijo de apenas un mes y dos semanas. Es una situación difícil. Uno pensando en eso... Encima, estaba a punto de cerrar una opción para mi primera residencia en la urbanización La Pradera, en Guayama”, relató, para luego sumirse en un silencio.
El joven ingeniero destacó que, aunque la carta de cesantía fue dirigida a él, su efecto es multiplicador.
“Afecta a mi familia, a mi hijo, al de la guagüita que yo le compraba los sándwiches por la mañana, las instituciones financieras, la compra de la casa, el negocio de bienes raíces...”, sostuvo, atribulado, el joven profesional.






