lunes, 6 de febrero de 2012
Janet González Bolívar / Primera Hora
El rol del padrastro o la madrastra en las llamadas familias reconstruidas, ésas en las que conviven los padres con hijos de relaciones anteriores, no suele ser fácil.
Sin embargo, en una sociedad en la que entre el 50 y el 60 por ciento de los matrimonios terminan en divorcio, son cada vez más los hombres y las mujeres que tienen que asumir la difícil tarea de criar hijos ajenos. De ahí que las figuras del padrastro y de la madrastra sean, hoy por hoy, una pieza clave de la familia moderna.
La experiencia de muchos es que, salvo excepciones, las relaciones en estos hogares no son siempre sencillas, al menos en un principio.
Es común, por ejemplo, que a los niños no les guste la nueva pareja de sus padres y la vean, incluso, como un intruso o intrusa.
No es extraño tampoco que, buscando de cierta forma boicotear la relación, le hagan la vida imposible a la persona recién llegada: la tratan con hostilidad, le dicen comentarios irrespetuosos, la hacen atravesar por una serie de situaciones incómodas... En fin, que los padrastros y madrastras pueden enfrentar una carrera de obstáculos cuando empiezan a forjar una relación con sus hijastros.
Según explica el Dr. Enrique Gelpí Merheb, psicólogo clínico especializado en niños y adolescentes, estas familias reensambladas suelen atravesar por una convivencia en la que inicialmente pueden darse conflictos distintos a los que se registan en un “hogar típico”.
El especialista advierte, por ejemplo, que la nueva relación puede traducirse en una maraña de celos, resentimientos y hasta sentimientos de traición que experimentan los más pequeños, creando -como consecuencia- un ambiente de tensión en el hogar.
No obstante, se trata de emociones que se van suavizando con el tiempo, siempre y cuando el padrastro o la madrastra ponga de su parte respeto, paciencia y -sobre todo- cariño.
“De parte de los niños puede haber desde indiferencia, en la línea de ‘a mí no me importa quien está aquí’, hasta un rechazo que puede ser bastante claro como que, simple y sencillamente, el niño o la niña diga que no quiere estar en la casa. También podemos ver mucha frustración porque ese proceso de aceptación puede incluir emociones negativas, como la ansiedad, la tensión de cómo va a ser el trato de esa persona nueva y la desilusión de caer en cuenta que los papás biológicos no volverán a estar juntos”, detalla el Dr. Gelpí Merheb, quien observa que los niños más pequeños pueden experimentar “sentimientos de abandono o de rechazo”.
“Y ese panorama se puede agudizar si esa persona nueva viene con unos hijos que van a compartir con los niños. Es normal ver mucha irritabilidad, reactividad, conducta desafiante, problemas para dormir, síntomas regresivos en el caso de los más pequeños (como orinarse encima) y la pasivo-agresividad si se trata de adolescentes, que no dicen nada de frente, pero que con sus actitudes y comportamientos sabotean la relación”, señala el experto en conducta.
Si bien llegar a ser aceptado o aceptada como parte de la familia y encajar en ella requiere tanto tiempo como esfuerzo, el Dr. Gelpí Merheb aconseja a los padrastros y madrastras ir acercándose paulatinamente a los niños para ir construyendo una relación basada en la confianza y el respeto mutuo.
El psicólogo subraya, asimismo, que para ir desarrollando un vínculo saludable, los padrastros y madrastras deben tener claro que su papel no es reemplazar al papá o la mamá biológica, respectivamente, sino más bien ser un aliado en el proceso de formación de los hijos de su pareja.
“Yo no quisiera usar la palabra ‘complicado’ para definir la crianza de hijos de otros. A mí me gusta verlo como un proceso que pudiera tomar un poco más de tiempo y que añade unas variables adicionales a la crianza típica de cualquier niño, como es la posible introducción de unos nuevos hermanos a la familia”, apunta el especialista.
“El respeto y la disciplina son procesos que se van ganando poco a poco. Creo que la meta a largo plazo es que esa persona que entra nueva a la familia se pueda respetar prácticamente igual como si fuera su padre o madre biológica. Pero eso, reitero, es una expectativa a largo plazo porque primero tienen que darse ciertos pasos en ese proceso de aceptación”, reconoce.
Otra recomendación que ofrece el Dr. Gelpí Merheb es evitar caer en la tentación de comprar el afecto de los chiquitines con regalos o siendo demasiado permisivos, pues ellos se aprovecharán de la situación. Tampoco se debe forzar el cariño o un vínculo que necesita, sin duda, su tiempo para formarse.
“La realidad es que, en la mayoría de los casos que yo he trabajado, si esa pareja está clara de esos retos y expectativas –que va a tomar tiempo, que hay que tener mucha empatía, que no se puede forzar, que nadie puede sustituir a las figuras importantes–, hay una posibilidad bien grande que ese proceso se dé de una manera saludable”, concluye el psicólogo clínico.
Para facilitar las cosas…
1. Ve poco a poco Respeta los sentimientos y las reacciones de rechazo que pueden tener los niños al principio de la relación.
2. No lo tomes a pecho La hostilidad y las conductas negativas suelen ser parte del proceso de adaptación y aceptación.
3. Evita forzar las cosas El cariño se va ganando poco a poco, así que no debes “comprar” ese afecto de forma alguna.
4. Fomenta el respeto Es un factor clave para poder desarrollar un nuevo hogar que sea lo más armónico y feliz posible.
5. Reconoce tu rol Es importante que tengas claro que no vendrás a reemplazar a la figura del papá o la mamá biológica.
Fuente: Dr. Enrique Gelpí Merheb, psicólogo clínico






