Regalos de Madres y desmadres
La vida misma
jueves, 8 de mayo de 2008
De nuevo: llega el Día de las Madres, y no tengo idea de qué regalar.
Parte del problema es que mi madre, aparentemente, no necesita nada. Digo esto porque mis conversaciones son más o menos así:
Yo: ¿Qué quieres de (Madres, Navidad, cumpleaños)?
Ella: Nada, no te preocupes.
Yo: Dame una idea, debes necesitar algo.
Ella: Necesito muchas cosas, pero no te preocupes por mí. No gastes el dinero.
Yo: ¿Quieres salir a comer?
Ella: Yo cocino algo.
Yo: Es el Día de las Madres, no se supone que cocines.
Ella: Todos los días es día de las madres y siempre cocino.
Yo: ¿Cuál sería un buen regalo?
Ella: Que seas un buen muchacho, que obedezcas a tu madre y mantengas tu cuarto recogido.
Yo: Mami, eso es lo que me decías cuando era un niño, ya tengo más de cuarenta años.
Ella: Exacto, y todavía no me has complacido.
Así por el estilo. Pero no crea que me hace los mismos pedidos que cuando era pequeño. Ahora su queja es que apenas paso a visitarla (Ella: “¿Se te olvida que tienes madre?”. Yo: “No, la gente se la pasa recordándomelo”). Esto contrasta con cuando yo era un niño, pues si por alguna razón tenía que acompañarla a su turno de trabajo y yo me ponía impertinente, ella me decía: “¿Por qué no te vas a jugar afuera?”, lo cual suena drástico cuando consideramos que ella trabajaba de aeromoza.
Estoy bromeando, mi madre tuvo un empleo más difícil y menos apreciado en la actualidad: ama de casa. Por alguna razón, muchas mujeres sienten que son menos si se dedican a cuidar su familia a tiempo completo, en lugar de encerrarse en una oficina con un montón de gente que no te cuidará cuando estés en el hospital ni le importará un bledo que te mueras (excepto para echarte la culpa de todos los errores que se descubran en el futuro).
Conste, que no estoy diciendo que las mujeres deban quedarse en la casa cuidando los niños, así que no me saque de contexto (el mismo argumento puede aplicarles a los hombres). Mi queja es que menospreciemos a las amas de casa, cuando tienen trabajo de mayor responsabilidad y mucho más complicado. Por ejemplo, compare los siguientes casos:
Oficina: El jefe está histérico porque necesita un reporte, y después de que usted se amanece recopilando la información, descubre que no utilizó su reporte para nada.
Ama de casa: El niño llora histérico porque falta una pieza de Lego para completar el castillo medieval, y después de buscar en cada rincón del piso, dentro de cada caja de porquerías que usted ha recogido, debajo de cada cojín de los muebles, usted descubre la pieza, pero el interés del niño ha cambiado, y ahora juega con el hermano a tirarse piezas de Lego a través de la sala.
Oficina: Usted debe hacer un análisis de riesgo para minimizar el daño de una inversión corporativa.
Ama de casa: Su hijo –llamémosle Sebastián– tiene a un gatito agarrado por la cola. ¿Cómo minimiza el daño? ¿Debe acercarse lentamente, dejando que el animal tolere el dolor por un rato, o es mejor regañarlo para que le suelte la cola inmediatamente, rogando que el gatito pueda aterrizar de patas tras caer de un balcón en un cuarto piso?
Oficina: El papel se atoró en la fotocopiadora.
Ama de casa: La bebé acaba de meter un juguete de McDonald's dentro de la máquina de vídeo.
Oficina: El jefe vuelve a repetir en la reunión semanal la historia de sus logros y de cómo llegó hasta donde llegó, creyendo que nos interesa ser como él.
Ama de casa: Escucha a “Barney” cantar “I Love You, You Love Me” aproximadamente 400 veces semanales. En mi caso, mi hija Beatriz pasó una etapa de ver la película “Los Aristogatos” tantas veces que, si ahora mismo veo un gato cantando jazz, soy capaz de dárselo a Sebastián.
Puedo seguir con ejemplos, pero el espacio que me resta tengo que usarlo para atender una situación. Voy a aprovechar para hacerle un regalo a mi madre: te dedico esta columna. No puedo tener momento infeliz en mi vida, pues basta con pensar en la buena fortuna que me dio la vida cuando me correspondió que fueses tú quien me cuidase y educase. Me haces sentir amado, no importa mis defectos y errores, y de la misma certeza ten la seguridad que te amo aun cuando descuido visitarte. Voy a corregir eso inmediatamente. Pero antes, tengo que recoger mi cuarto.
Puedes escribirme a: alexissebastian@yahoo.com
Otras columnas del autor:
Ver más columnistas por:

















