Pertenezco a una generación más que dichosa
Cuarto bate
miércoles, 7 de mayo de 2008
El pasado fin de semana me tiré en plan familiar a una feria agrícola que había en Caguas. Allí me topé con la música de Fiel a la Vega. La tentación de escuchar a la agrupación de rock en español que marcó mis años universitarios, junto a la determinación de mi esposa y mi hijo de ir a la tarima, pudo más que el aguacero infernal que caía en el Jardín Botánico.
Obviamente, no fui el único que retó al aluvión de agua, y varias decenas de “treintones” como yo -en conjunto con su cepa de hijos correspondiente- nos quedamos “fieles” a desafiar la tempestad al ritmo del “Wanabí” y “Salimos de aquí”. Aquel ratito fue glorioso y el flashback que me trajo a la mente me hizo, inevitablemente, reflexionar sobre los iconos que por siempre, para bien o para mal, marcarán mi generación. Fiel a la Vega es uno de esos emblemas para nosotros, los que también somos conocidos como “los ochentosos”, así como siempre lo serán Pacheco y El Tío Nobel, Madonna y Michael Jackson, las célebres bandas de heavy metal; Rubén Blades, El Gran Combo, Eddie Santiago y Gilberto Santa Rosa; y muchos, muchos otros.
Se preguntarán ustedes entonces, ¿qué rayos tiene que ver todo esto con los deportes? El vínculo viene porque mientras estaba allí, debajo del agua, reviví muchas imágenes llenas de melancolía y entre ellas saltaron varias estampas deportivas y rostros del deporte que jamás olvidaré. Me di cuenta de que recuerdo con cariño el oro de la Selección Nacional de Baloncesto en los Juegos Panamericanos de La Habana en 1991 y el triunfo sobre Estados Unidos en Atenas 2004, el jonrón de Santitos Alomar en el Juego de Estrellas de 1997, el apogeo de Tito Trinidad en los noventa y parte de la gloria de Wilfredo Gómez en los ochenta, la exaltación de Peruchín Cepeda al Salón de la Fama, los MVP de Iván Rodríguez e Igor González, y la dicha de ver en vivo y a todo color a uno de los mejores jugadores de béisbol de todos los tiempos: Roberto Alomar. Todo ese cúmulo de vivencias me llevó a convencerme de que he sido dichoso. Que aunque debo admitir que no han faltado los sinsabores, la realidad es que pertenezco a una generación de puertorriqueños que ha visto grandes logros en todos los campos, incluyendo el deportivo, por lo que, de vez en cuando, no está mal detenerse a recordarlos, aunque sea bajo la lluvia, con Fiel a la Vega en vivo y tocando el “Wanabí”.
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