Trágico Jardín Sereno
Hay que decirlo
miércoles, 7 de mayo de 2008
Ya no podrá besarla este próximo Día de las Madres. La pequeña de cuatro años besó ayer el ataúd blanco para despedirse de Enid, su querida mamá, que fue brutalmente asesinada por un joven vecino arrebatao por la maldita droga en la urbanización Jardín Sereno, de Carolina. Fue la pobre niña quien avisó, llorosa y a gritos, que su mamá estaba bañada en sangre.
“Hoy fue Enidcita, mañana puede ser otro, porque ése es el camino que nos espera si no encendemos una vela de esperanza”, expresó con la sabiduría del dolor don Benny, padre de la víctima, quien pidió al pueblo frenar esta violencia que desgarra el alma de nuestra gente.
No es para menos. A la tragedia de Jardín Sereno se agregaron 19 asesinatos en el fin de semana. Tres individuos, Armando, Pedro y Jaime, murieron a balazos tras una discusión en el barrio Quebrada Limón, en Ponce. Cayeron víctimas del crimen también Alexis, de Juana Díaz; Charles, de Cabo Rojo; Oscar, de Guaynabo; Charlie en Rincón; Luis, de Cataño; Ángel, de Santa Isabel; Bienvenido, de Puerta de Tierra; Luis, de Toa Baja, entre otros. Muchos en plena juventud, vidas tronchadas a sus 23, 24, 25 años.
La Policía despacha algunos de los incidentes como vinculados al narcotráfico, lo que definitivamente no los hace menos dolorosos, al constatar cómo esta tragedia de la droga, que es a la vez crimen y síntoma del gravísimo problema de salud mental, destruye a este país.
En todos los hogares de esas víctimas habrá luto este domingo Día de las Madres. Mientras, quizás, algunos de los asesinos, con cara de lechuga, celebrarán con sus progenitoras o familiares como si nada.
Don Benny, en pleno entierro de su hija ayer, cuestionó cómo al joven de 15 años hermano del asesino que confesó el crimen le permitieron quedarse en su hogar bajo la custodia de su madre, cuando el chamaco también fue coautor del asesinato. Su lógica es que si la mamá no pudo controlarlo antes, no podrá ahora.
Ante esto, se pregunta uno, dónde estarán las madres y padres de estos asesinos que siembran el terror en nuestra isla. ¿Cuán deficiente fue la educación de estos individuos, no sólo en la escuela, sino en la casa? ¿Les faltó amor, abrazos, les faltó tiempo para explicarles el valor de la vida? Y ahora mismo, ¿cuántos padres y madres ajorados con el trajín diario, por desinterés en sus muchachos, o por mera irresponsabilidad, estarán criando futuros criminales? Porque no es traerlos al mundo, darles comida, mandarlos a la escuela y que se resuelvan. Una acertada campaña de servicio público que acaban de lanzar dirigida a los padres tiene como lema Involúcrate, para pedirles que participen en la educación de sus hijos.
A la hora de exigir cuentas por la criminalidad, somos muy dados a pedir al Gobierno que meta mano. Y, por supuesto, es mucho lo que el Gobierno debería hacer mejor. Ahora mismo, están pasándose la papa caliente policías y fiscales para no asumir la responsabilidad de por qué no se avanza en capturar y encerrar criminales. Y no es lo único. El superintendente de la Policía, Pedro Toledo, narró ayer el caso de un adolescente que cometió “dos faltas” de homicidio, estuvo años recluido en Instituciones Juveniles y ahora, tras salir a la libre comunidad ya adulto, es sospechoso de otros siete asesinatos. ¿Cómo fallló tanto el sistema de rehabilitación y este joven salió peor de lo que entró?
El Gobierno, sin duda, tiene que actuar. Pero también tenemos que involucrarnos y reaccionar todos si queremos encender esa vela de esperanza que mencionaba don Benny. No puede haber un policía en cada casa, tiene que haber padres, madres, abuelos, tíos, primos, tutores dispuestos a encauzar nuestros jóvenes. Los problemazos de salud mental, drogas y violencia contenida hay que identificarlos y referirlos a ayuda profesional urgente.
En el Jardín Sereno que podría ser Puerto Rico nos toca prevenir tragedias como la de Enid y su hija, que ninguna familia debería vivir.
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