Columna: Soñé con un deporte de hipismo de altura

 
 
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Columna: Soñé con un deporte de hipismo de altura

jueves, 16 de febrero de 2012
Joe Bruno/Primera Hora

En un día reciente me levanté de mi cama más temprano que lo usual. Estaba ansioso. Como asustado. Con deseos de tomar un té para poder controlar mi estado de ánimo, que en ese momento no era normal en mí.

Me preparé el té y mientras lo tomaba trataba de recordar qué fue lo que causó que mi tiempo de descanso se viera interrumpido. Había tenido un sueño del que llegaron imágenes a mi memoria poco a poco. Ese sueño lo quiero compartir con ustedes.

Soñé que el hipismo en Puerto Rico contaba con un administrador hípico con un vasto conocimiento de este deporte. Sin dedos amarrados con nadie políticamente. Que decía presente en el hipódromo todos los días de carreras que podía, supervisando a sus empleados, atendiendo con premura las necesidades, quejas y molestias de todos los relacionados a esta industria.

También soñé con una crianza nativa solvente, pujante, sólida. Recibiendo ayudas del Gobierno para producir la cantidad de caballos suficiente para satisfacer la necesidad de este deporte.

Y ya que menciono al Gobierno, soñé que el Gobernador, el secretario de Desarrollo Económico y una gran cantidad de legisladores eran hípicos. Que de vez en cuando jugaban su cuadrito, visitaban el hipódromo, atendían con recelo esta industria que le deja al fisco más de $20 millones anuales y participaban de todas y cada una de las actividades del hipismo.

Que se preocupaban sin hipocresías por esta industria de la que dependen más de siete mil familias puertorriqueñas. En mi sueño vi al Gobernador nombrando personal realmente capacitado para ejercer sus funciones en pro del hipismo.

Vi más. Vi cómo el administrador hípico a su vez nombraba personal serio y honesto, dispuesto a ejercer su labor con voluntad y deseos de que esta industria eche pa'lante. Personal dispuesto a trabajar porque sea más lo que se hable bien del hipismo.

Soñé con un Jurado Hípico, no perfecto. Con defectos y virtudes, propensos a equivocarse, pero consistentes en sus decisiones. Firmes a la hora de imponer sanciones dejando a un lado los amiguismos. Sabiendo separar imparcialmente lo que es el trabajo de la amistad.

En mi sueño vi un Jurado Hípico sin relaciones solapadas con dueños de caballos. Que no sean sorprendidos en una agencia hípica. Que no practiquen intromisiones indebidas que rayen en conflictos de intereses.

También vi en mi sueño un deporte hípico de altura. Con grandes caballos campeones. Con jinetes y entrenadores respetándose, ellos mismos luciendo como profesionales al máximo nivel y respetando al público apostador con sus actuaciones.

Vi más dueños de caballos, muchos de ellos haciendo inversiones para mantener en alto el aspecto deportivo del hipismo con rivalidades entre sus ejemplares. Recibiendo incentivos del gobierno para que sus pérdidas sean menos dolorosas.

Todas estas imágenes y más, las vi mientras tomaba mi té. Pero mi ansiedad continuaba, al reconocer que era sólo un sueño y que la realidad actual del hipismo es una verdadera pesadilla.

Sólo me quedaba esperar a que llegara la hora de acostarme a dormir nuevamente para seguir soñando.