viernes, 3 de febrero de 2012
Rosa Escribano / Primera Hora
Es de esperar que cuando una persona comienza una relación amorosa cambien algunas prioridades, entre éstas, el tiempo que dedica a sus amigos.
Pero no siempre pasa que todos los que componen nuestro círculo de amistades comprenden esta realidad, lo que puede dar origen a malos entendidos y hasta a la lejanía de quien en otros tiempos fuera cómplice de nuestras andadas y confidencias.
Pero el panorama se complica cuando ese amigo opta por cizañar o instigar para llevar a cabo conductas que pueden contribuir al deterioro de la relación amorosa. Claro, sabemos que cada quien es responsable de sus propias decisiones, y esto incluye a quien accede a dejarse llevar por los malos consejos del supuesto amigo. Pero, ¿cómo podemos darnos cuenta de que es momento de establecer límites a esa persona que asegura brindarte su amistad? ¿Qué puedes hacer al respecto?
Es una realidad que “a veces la dinámica de la pareja se puede afectar por la intervención de personas tóxicas que aparentemente quieren lo mejor para nosotros”, según explica el psicólogo Carlos Sosa. En este renglón, además de familiares, también se incluyen ciertos amigos.
Pero quien está en la relación amorosa es la primera persona en ser consciente de que “sí debe haber límites con relación a los amigos, sobre todo cuando uno decide vivir en pareja”, añade el doctor. Y enfatiza que “tenemos que entender que los amigos pasan a un plano diferente”. Por supuesto, “el cariño (de amistad) no tiene límites, pero hay que ser conscientes de que nuestra responsabilidad ha cambiado; reconocer que no vamos a tener las mismas actividades de cuando estábamos solteros, y si hemos decidido convivir, uno es el primer responsable de establecer esa distancia”.
Sosa aclara que “reconocer eso, definitivamente, conlleva un nivel de madurez psicológico adecuado, pero no todos los adultos están preparados para una convivencia adecuada”. Además, en el caso específico de quien decide convivir hay que “ ser consciente de que esa decisión conlleva unos cambios, requiere de unos ajustes y ahí está incluido el compromiso de relacionarse adecuadamente con esa persona (el amigo o la amiga)”.
Entre los compromisos “está el de adaptarse a la vida de pareja”, lo que conlleva una planificación. En esto se incluye “la dinámica que vamos a tener dentro del hogar; ajustarnos al tiempo que vamos a compartir con nuestra pareja; si se tiene un hijo, cumplir con el rol de ser padre o madre; ajustar nuestras finanzas a esa dinámica que conlleva la convivencia, como los gastos de la casa, comida, luz, teléfono, etc.”, enumera el doctor a modo de ejemplo.
El psicólogo señala que “todo en la vida tiene su momento, incluyendo salir a distraerse con amigos y los hábitos típicos de la soltería”. Y puntualiza que “en la vida de pareja van a surgir cambios en cuanto a esos hábitos, y como adulto y persona comprometida con la relación, hay que reconocerlo”. Por supuesto, “eso no quiere decir que dejemos de disfrutar de la amistad, porque los buenos amigos son para toda la vida, pero hay que establecer unos límites”.
En el caso de quien brinda su amistad, si realmente desea el bienestar de su amigo, ¿por qué portarse de una manera que parece indicar lo contrario? “Muchos son personas inmaduras psicológicamente y pueden ser producto del estancamiento de no haber evolucionado a través de las experiencias que la vida nos ha dado”, revela el psicólogo. “En ocasiones, puede ser un signo de envidia, de pensar que ‘como no soy feliz, pues tú tampoco’. En el fondo, puede haber razonamiento de este tipo”, añade Sosa. Incluso, así como hay parejas posesivas, también hay amigos posesivos, “lo que puede ser muy tóxico”.
Las amistades, como parte de las relaciones sociales, son importantes en nuestra vida. Si bien es importante establecer las reglas de juego en cuanto a la continuidad de una amistad especial, esto no quiere decir que le des la espalda a tu amigo. Lo ideal es tener un balance justo entre compartir con una pareja, y dedicar tiempo para las amistades.
“Que quede claro que ninguna convivencia debe dar pie a una pérdida de libertad”, menciona enfático el doctor. “Seguimos siendo libres, pero con otras responsabilidades”.
Sosa añade que “si exageramos (de privarnos de amistades), caemos en el riego de sentirnos aprisionados, coartados y frustrados, y eso, a su vez, afecta la relación (de pareja). Eventualmente, si no se puede lograr un ajuste adecuado en esa dimensión, hasta puede acabar con el amor”. Es importante que aún cuando te sientas comprometido a asimilar los ajustes que implica tener una relación de convivencia, “conserves la sensación de que tú eres el que tienes el control de tu vida”.
Además, toda persona debe “tener presente que, además de compartir una vida, hay cosas que son tuyas y que tu pareja debe respetar de ti. Esto abarca la posibilidad de compartir con amistades sin que necesariamente esté tu pareja”.
El psicólogo puntualiza la relevancia de “que se tenga claro que el matrimonio no es una trampa. Una buena relación de pareja tiene que darse con una buena base de confianza. Aplicar el refrán de ‘juntos, pero no revueltos’”.






