viernes, 5 de febrero de 2010
Carmen Graciela Díaz / Para Primera Hora
Ella se prepara para el ansiado encuentro sexual, pero nota unos impertinentes “rollitos” de grasa. El pánico la arropa y teme que su compañero la rechace. Él aborrece la idea de no estar a la altura de ella. “¿Y si no la logro satisfacer?”, se pregunta con horror. Los temores de ambos se juntan en la intimidad y ninguno es capaz de disfrutar plenamente el acto.
“Los complejos son visiones distorsionadas de la realidad que la persona tiene de sus características, habilidades, e incluso su propia valía”, señala la sexóloga Alicia Fernández.
Y es que al traducirse a la sexualidad, las inseguridades que cualquiera puede poseer se tornan venenosas. El psicólogo Reinaldo Oquendo articula que los complejos “pueden ser incapacitantes en el sentido que la persona evita tener contacto sexual de cualquier naturaleza porque se siente incómoda, no deseada, o que no llena las expectativas de su pareja”.
Dichas actitudes entonces predisponen conductas inapropiadas sexual y emocionalmente. Las repercusiones -informa Oquendo- transmiten una falta de bienestar, “focalizada en un área que te inhibe porque te sientes incómodo”.
La cantidad de complejos puede ser diversa, pero Fernández los divide en tres categorías: los corporales (el tamaño de los genitales), los de ejecución (la falta de técnica o experiencia sexual) y los enmarcados en la sociedad (lo lindo / lo feo).
La fuente y secuelas de los complejos
Si las creencias de instituciones de la sociedad como las iglesias no se canalizan correctamente, las mismas pueden transformarse en complejos. “Dependiendo de la doctina, si esta persona rompe las reglas planteadas empiezan los complejos de culpa que no le permiten ejecutar sexualmente”, sostiene Fernández sobre el peligro de las ideas reprimidas.
Las huellas de la niñez, en otros casos, pueden obstuir una vida sexual saludable. Oquendo menciona que “la exposición a pornografía en edades tempranas puede repercutir en conceptos de sexualidad desvirtuados; si ese niño creció con ese modelo, cuando llegue a una relación lo que hará es violar”.
El fantasma que plantea una o varias inseguridades no discrimina y se presenta tanto en mujeres como en hombres, según Fernández. “Pero en términos de la mujer, los medios de comunicación explotan tanto la belleza física de la mujer que ellas desarrollan más complejos físicos al compararse con los estereotipos”, agrega la especialista en sexualidad. Sin embargo, Fernández abunda que “cuando los hombres están excitados en lo menos que dan cuenta es de estos aspectos”.
Fernández dicta que “estos complejos pueden desarrollar algunos parafilias (desviaciones sexuales), y las personas incurren en el exhibicionismo, el voyeurismo (espiar sin ser visto), el fetichismo (fijar en la mente una parte del cuerpo o prenda como objeto de excitación) o el froteurismo (frotar genitales de una persona sin su permiso) para hallar confort”.
Actuar cuanto antes
Los complejos en todas sus variantes, leves o severos, requieren consejería profesional “cuando te impidan la adecuada ejecución sexual porque se mantengan en pensamientos recurrentes”, declara Fernández.
No obstante, perturbaciones como éstas pueden disiparse tras una conversación sincera. “Es importante hacerle saber a tu pareja de estos temores porque si no se pone sobre la mesa, y ocurre un comentario, por más bien intencionado que sea, puede acentuar ese pequeño complejo”, advierte Oquendo.
Si bien es cierto que al llegar a la adolescencia o a la adultez los complejos pudieran estar formados, “ inmediatamente se sienta cierta incomodidad con el cuerpo o que le molesta que le señalen algo sobre su conducta, lo recomendable es que (el adolescente) asista al consejero o trabajador social y lo comente a sus padres. En el adulto, lo aconsejable es que pierda el temor de asistir a un profesional para que su vida sexual sea placentera, saludable y responsable”, concluye Fernández.
Complejos sexuales más frecuentes
• Disfunción o trastorno de la erección
• Tamaño de los genitales y otras partes del cuerpo (senos, pene, glúteos, piernas)
• Orgásmicos (más bien en la mujer)
• Aversión sexual
• Trastornos de excitación
• Eyaculación precoz
• Disparreumia (dolor genital recurrente tanto en el hombre como en la mujer durante el coito)
• Vaginismo (espasmos involuntarios de la vagina, que interfieren con el coito y evitan la penetración)
• Temor al rechazo o la burla por el desempeño sexual
• Trastorno dismórfico corporal (preocupación por defectos imaginarios del aspecto físico) o por anomalías leves físicas como gordura, celulitis, estrías, delgadez
• Creencias que la instituciones sociales y la Iglesia han transmitido durante generaciones
Fuente: Dra. Alicia Fernández, sexóloga
Combate tus inseguridades
• Desmitifica la creencia de una sexualidad perfecta: no hay tal cosa como ese escenario
• Expresa con franqueza sobre lo que son las expectativas de la pareja para así evitar ciertas frustraciones
• Siente la apertura de decirlo todo en la relación, tanto de lo que se disfruta como de lo que no, de lo permitido y lo no permitido en el acto sexual
• Familiarízate con el estilo de ser amado de la otra persona: qué tipos de acercamientos son los que más le excitan para llenar sus necesidades amatorias
Fuente: Dr. Reinaldo Oquendo, psicólogo
Para citas con la sexóloga Alicia Fernández, comunícate al 787-768-3320 mientras que al psicólogo Reinaldo Oquendo, lo consigues en el 787-458-0161 o el 787-790-6448. Oquendo ofrecerá el 27 de febrero el taller sobre sexualidad Renacer al amor. Los interesados llamen a los números provistos.





