El básquet salvó a Carmelo Anthony

10/15/2012 |
Carmelo Anthony juega actualmente en la NBA con los Knicks de Nueva York.  
Sin una figura paterna, comenzó a tomar malos pasos en su adolescencia, pero gracias a sus habilidades en el baloncesto, su vida tomó otro giro y hoy es una estrella en la NBA.

¡Y pensar que Carmelo Anthony pudo haber sido un delincuente!

O peor aún, que podría haber estado preso o quizás hasta muerto en lugar de ser la multimillonaria estrella que es hoy día en la NBA con los Knicks de Nueva York.

Las barriadas de extrema pobreza en la ciudad de Baltimore te pueden llevar a eso. Particularmente, si lo que reina allí al abrir tu ventana es violencia, prostitución y abuso de drogas y alcohol.

Ese fue el pan de cada día para Anthony a partir del momento en que su madre afroamericana se mudó desde Brooklyn, Nueva York, cuando este tenía ocho años de edad y se criaba sin figura paterna, pues su progenitor, el ponceño Carmelo Iriarte, falleció víctima del cáncer cuando el ahora afamado canastero apenas tenía dos años.

“Al haberme criado en el barrio, pues estás rodeado de las cosas típicas de un barrio. Desde prostitución hasta drogas... malas influencias y abuso de alcohol. En fin, todo lo que podría tentarte a realizar un viraje hacia el lado negativo de la vida. Y para mí hubo un momento en mi vida en el que parecía encaminado a ese mundo”, confesó Anthony en entrevista con Primera Hora.

Pero, contrario a muchos que no ven la luz de esperanza al final del túnel, Anthony tenía una herramienta que lo podía sacar a él y a su familia de esa situación: el deporte.

Desde décimo grado, Anthony ya se vislumbraba como un canastero elite en potencia con 6’5” de estatura y una gran capacidad para producir puntos en la pizarra.

Sin embargo, en plena adolescencia y sin una figura paterna que lo guiara y lo disciplinara, en la vida de Anthony lo que reinaba era el libre albedrío y las pobres calificaciones.

“Aunque ya el deporte era parte de mi vida y practicaba baloncesto, eso no era lo más importante en mi vida todavía. Porque yo quería estar en la calle, quería vivir mi vida de adolescente, dando vueltas por ahí y fiestando con mis amigos. Por eso me tomó un buen tiempo sentarme y reflexionar en torno al rumbo que debía tomar en mi vida”, manifestó Anthony.

“Para ese momento, todavía no estaba enamorado del baloncesto. Mi amor por el baloncesto vino después del undécimo grado, cuando estuve a punto de caer en el camino equivocado y me di cuenta de lo que podía lograr. Había conocido gente que había estado en una situación similar a la mía, pero nunca reflexionaron a tiempo y se fueron por mal camino. No quería que me pasara eso a mí”.

De hecho, durante su undécimo grado en Towson Catholic High School, Anthony ya brillaba en el tabloncillo, pero estaba a punto del fracaso en las aulas de clase, siendo suspendido en varias ocasiones por sus frecuentes ausencias y la falta de disciplina.

Esto tuvo como consecuencia que la madre de Anthony buscara otra institución educativa que ayudara un poco a enderezar el futuro de su hijo, particularmente con universidades como la de Syracuse tocando a su puerta para reclutarlo por sus habilidades atléticas. Ya la NBA lo observaba a distancia, pues para ese momento todavía estaba vigente la regla de que los jugadores podían saltar a dicha liga directo desde escuela superior.

De esta forma, la madre de Anthony optó por que su hijo asistiera a Oak Hill Academy, en Virginia, donde el jugador de ascendencia boricua llamó la atención a nivel nacional tras llevar a su colegio al campeonato de escuelas superiores de Estados Unidos en el 2001.

“Sabía que tenía que hacer algo con mi vida, pues solo me quedaba un año en la escuela. Para ese instante ni siquiera consideraba ir a la universidad (pensaba en la NBA) y por eso reflexioné y me dediqué de lleno al baloncesto”, dijo Anthony, quien sí terminó asistiendo a la Universidad de Syracuse por un solo año y los llevó al campeonato de la NCAA de 2003 antes de declararse elegible ese verano para la NBA y convertirse en el tercer jugador seleccionado del sorteo de 2003, detrás de LeBron James y Darko Milicic.

No dejaron que se perdiera su futuro

La historia de Anthony no es el típico cuento de hadas. Su camino desde la extrema pobreza hasta la riqueza no está carente de ironías.

A pesar de no tener un padre en su vida y de no contar con un dirigente, un maestro u otro pariente que le sirviera de modelo a seguir, Anthony se salvó. Pero lo hizo gracias, en parte, a los que precisamente manejaban los puntos de drogas en su barrio, según él mismo confiesa.

“Yo nunca tuve padre, pues lo perdí a temprana edad. Nunca tuve una figura paternal en mi vida y recorrí mi camino solo, aprendiendo de mis propias experiencias. De hecho, la gente a quien yo admiraba y le hacía caso era a la gente que jangueaba en las esquinas, a los que controlaban el punto de drogas”, sostuvo el doble medallista de oro olímpico con la selección de Estados Unidos.

“Aunque no lo crean, esa gente fue la que me empujó a ser mejor, la que me motivó a hacer algo con mi vida. Vieron algo especial en mí. Me decían que ese bajo mundo no era para todos y que yo podía ser alguien grandioso. Ellos mismos me dijeron que no me querían allí con ellos y que saliera al mundo a hacer algo positivo con mi vida. Me dijeron que saliera a convertirme en alguien especial”.

Y con el baloncesto como aliado, Anthony no los defraudó. Gracias a Dios nunca sabremos qué pudo pasar con su vida si el deporte no hubiera estado a su lado.