Cualquiera que echa un vistazo al récord de los Vaqueros de Bayamón y ve su marca de 5-14 pensaría que es un paseo jugar contra ellos esta temporada en el Baloncesto Superior Nacional.

Pero la frustrante realidad para el dirigente Flor Meléndez es que su equipo podría estar jugando para promedio de .500 o mejor con un poquito de suerte y con el fantasma de las lesiones quitándole el guante de la cara.

“Esta temporada ha sido una lesión tras de otra. Es frustrante y ha sido bien difícil sobrellevarlo porque hemos estado haciendo de tripas corazones”, dijo el veterano mentor, para quien dirigir un equipo con balance negativo es tan raro como ver a un jugador sano en las filas vaqueras estos días.

“Hemos confrontado muchos problemas cerrando juegos porque simplemente no hemos tenido piernas al final. Nuestra rotación ha sido bien finita todo el año y, cuando por fin tenemos a alguien de regreso, perdemos a otro”.

El desenlace de todo eso ha sido atípico para el resumé de Meléndez, quien –sin contar con la acción de anoche– posee marca de por vida en el BSN de 548 juegos ganados, máximo en la historia de la liga, y 346 perdidos para un promedio ganador de .613.

En sus más de 35 años en la liga, con tan solo tres temporadas en las que no dirigió por diversas razones, el también entrenador nacional solo ha timoneado a equipos con récords negativos en dos ocasiones.

Según el historiador Francisco “Paquito” Rodríguez, una de esas campañas malas fue la de 1985, cuando no pudo sacar a los Gigantes de Carolina de la ruta perdedora tras acumular marca de 5-16. Luego, renunció y aceptó el puesto de técnico de los Atléticos de San Germán, a quienes guió a su primer campeonato en 35 años, pero no sin antes tener que luchar por la clasificación a la postemporada vía dos miniseries. Y la otra campaña nefasta fue en la de 1990, cuando los Polluelos de Aibonito jugaron para marca de 14-16.

Sin dudas, el resto de su carrera ha sido ilustre. Y no en balde Meléndez tiene motivos para estar frustrado por los resultados. Pero que no quede duda, el veterano piloto sabe que en algunas temporadas las victorias no están simplemente al alcance de sus estrategias. Hay años, como el actual, en que las lesiones afectan al personal que puede tener un equipo y llevar a costarle muchos juegos. Sencillamente, hay campañas en las que falta el personal para poder cerrar juegos.

Tal es el caso de los Vaqueros este año. Bayamón inició el torneo con sus tres armadores Alí Berdiel, Ansel Guzmán y Donald Copeland (ahora con San Germán) en la lista de lesionados. Esto sumado a un Mike Sweetney que llegó fuera de condición de juego y el atraso en la llegada del escolta Javier Mojica.

“El arranque de la temporada nos costó mucho. Empezamos con Sweetney fuera de forma y con nuestros tres armadores lesionados. Eso nos costó mucho y perdimos muchos juegos cerrados. Luego llegó Mojica y cambiamos a Sweetney por Marquis Gainous, que nos ayudó por un momento, pero luego perdimos a (Alphonse) Dyer y a (David) Imes”, relató Meléndez al agregar que Dyer ha sufrido percances en la rodilla y se dislocó un dedo de la mano, mientras que Imes se lesionó el talón de Aquiles.

“Hemos tenido que depender de jugadores de 6’5” de estatura para cubrir el centro por minutos prolongados. No hemos tenido ese relevo con los jugadores grandes y parte de ello es por falta de personal debido a lesiones”.

En la suma y resta de esas desventuras, los Vaqueros se han mantenido entre la novena y décima posición casi todo el año. Pero que quede establecido, su récord no es reflejo de mal juego o falta de dirección. Bayamón ha perdido 10 de sus 14 reveses por seis puntos o menos. Como lo dijo Flor, simplemente se han quedado sin las piernas para cerrar juegos.

Meléndez y sus Vaqueros tampoco han contado con el factor suerte. Por ejemplo, el novato Ángel “Piwi” García, quien puede ayudarlos grandemente, aún no acaba de llegar de Japón.

“Me dijeron que Piwi se había eliminado en Japón y que llegaba esta semana, pero no tengo seguridad de la fecha exacta en que llegará. Eso nos debe ayudar”, dijo Meléndez.

La única luz que han visto los Vaqueros en todo este tiempo es que en días recientes se les unió Guzmán y el equipo también realizó movidas para buscar una reacción al salir de Gainous y del comunitario James Maye a favor del centro Ndudi Ebi y del base dominicano Adris de León.

“Adris se vio bien para ser su primer juego, viene con buenas credenciales desde la liga de Australia y es un jugador atrevido. En el caso de Ebi, tuvo un buen debut en Ponce, pero no lució tanto contra Guaynabo. Necesitamos más fuerza en la pintura y que él provea eso”, dijo Meléndez.

Más allá de esos cambios, no hay mucho más que hacer en las filas de Bayamón, según reconoce el propio Meléndez, pues el único cambio de refuerzo que les queda es por Terrence Shannon y eso no es vislumbrado dado el hecho de que Shannon ha sido su jugador más consistente.

Tampoco visualiza movimientos en el mercado de canjes que finaliza el miércoles, ya que no hay mucho que ofrecer, y también vienen de adquirir a Jesse Pellot Rosa hace dos semanas.

“Me gustaría que se pudiera hacer algo que nos ayudara, pero realmente no tenemos nada pendiente. Lo que usualmente nos piden es a Javier Mojica y a él no lo vamos a cambiar. No vamos a desvestir un santo para vestir a otro. Tampoco vamos a ceder nuestro turno de primera ronda del 2014”, admitió Meléndez, quien tampoco tiene esperanzas de que Berdiel juegue este año.

“Dudo mucho que Alí Berdiel juegue este año. Creo que, al paso que vamos, va a perder el año. A estas alturas, tengo que morir con lo que tengo y buscar virar al revés lo que hemos hecho hasta ahora. Para tener alguna oportunidad, debemos ganar el 70 por ciento de nuestros juegos remanentes. Hay que echar el resto con lo que tenemos. Y si Piwi García llega y nos puede ayudar, mejor todavía”.