Roberto Clemente: Pittsburgh, su segunda casa

12/28/2012 |
 (Primera Hora)  
En Pittsburgh, Roberto Clemente es un ídolo deportivo, pero sobre todo es un modelo honrado a través de toda la ciudad.

Pittsburgh, Pensilvania. Tan pronto el visitante llega a la ciudad de Pittsburgh y se encuentra con el caudaloso río Allegheny, de inmediato divisa una de tres estructuras amarillas sobre el cauce del imponente río, que conecta el casco urbano de la ciudad con el estadio PNC Park, hogar de los Piratas.

Era conocido como el puente de la calle Seis, pero en 1998 fue rebautizado con el nombre de Roberto Clemente.

Al final del puente, una enorme estatua del astro boricua que honra el hit 3,000 que conectó el 30 de septiembre de 1972 les da la bienvenida a los fanáticos de los Piratas y, dentro del estadio, la verja del jardín derecho sobresale del resto del cojín verde que bordea las gradas con sus 21 pies de altura y el número 21 dibujado en cuatro puntos distintos alrededor de la pizarra.

Estos son apenas tres ejemplos de las distintas maneras en que recuerdan al astro boricua en la ciudad de Pittsburgh.

Se estima que existen más de 120 instalaciones que llevan su nombre en Puerto Rico, Nicaragua y todo Estados Unidos, entre estadios, coliseos, escuelas, parques de béisbol, calles y plazas.

Pero Pittsburgh tenía, y todavía tiene, una conexión especial con su eterno jardinero derecho.

“Pittsburgh fue la segunda casa de papi. Ahí fue donde él se desarrolló, donde levantó la voz en contra del discrimen y donde se convirtió en un héroe. ¡Y hay tantas cosas y formas en las que lo recuerdan y lo siguen queriendo...!”, sostuvo recientemente Roberto Clemente hijo a Primera Hora.

Además de la estatua, el puente y la verja del jardín derecho, el estadio de los Piratas honra a Clemente de otra manera. En el pasillo que conecta el camerino del equipo con el dugout, justo al bajar las escaleras que conducen al terreno de juego, los jugadores se encuentran de frente con un enorme mural que enseña una cita del astro boricua: “Cuando me pongo mi uniforme, me siento el hombre más orgulloso sobre la tierra”.

“Quisimos poner esta cita en el pasillo para que sea lo último que los jugadores vean antes de entrar al terreno”, dijo Terry Rodgers, coordinador de comunicaciones de los Piratas de Pittsburgh. “Creemos que no hay una mejor manera de inspirar a los jugadores que esa cita de Clemente. Es la manera de decirles que dejen todo en el juego, como lo hizo él”.

Otras estructuras en su honor, como el Roberto Clemente Memorial Park y una calle con su nombre cerca de donde estaba ubicado el Forbes Field también le rinden tributo.

Pero nada se compara con el Museo de Roberto Clemente, que ubica en el corazón de Laurenceville. Una vieja estación de bomberos se convirtió en una extraordinaria catedral a la memoria de Clemente que hoy guarda miles de artículos de incalculable valor relacionados con el astro boricua.

Su propietario, el fotógrafo Duane Rieder, se dio a la tarea de recopilar fotos, tarjetas, uniformes, artículos personales y mucho más para homenajear al boricua. Con la ayuda de la propia familia de Clemente, hoy día el museo custodia memorabilia tan importante como las dos sortijas de Serie Mundial que ganó Roberto Clemente con los Piratas de Pittsburgh (1960 y 1971), el bate de plata que conquistó en 1961 y dos Guantes de Oro (1967 y 1971). Más de 300 fotos, uniformes que utilizó en su carrera, incluido el último que vistió –de los Senadores de San Juan– y artículos personales como fotos familiares, imágenes en los camerinos de los Piratas de Pittsburgh, ropa que usó en fechas importantes y contratos que firmó cuando todavía jugaba en la Liga Invernal boricua.

Además, el museo cuenta con artículos relacionados con los Piratas de Pittsburgh durante la épica de Clemente, como el home que se usó en el Three Rivers Stadium para la Serie Mundial de 1971 y algunas de las gradas del desaparecido Forbes Field, entre otros.

“La gente viene a ver el museo y se va de aquí con una idea de Clemente distinta, más allá de que fue una estrella de béisbol, porque Clemente era más que un jugador. Hay muchas historias de Clemente que la gente no sabe y a través de los artículos que tenemos aquí podemos contarlas”, destacó Rieder.

A 40 años de su partida, todavía Pittsburgh es la otra casa de Clemente, pues a pesar de que físicamente ya no está con nosotros, sus ejecutorias dentro y fuera del terreno de juego siguen tan vivas como si se tratara de los años en que caminaba por esta ciudad.

“Su mayor legado es su labor humanitaria. Es fuera del terreno de juego. Las cosas que él hizo por la comunidad, por los niños”, dijo Rodgers. “La gente no lo olvida porque fue una gran persona, además de un gran pelotero. Y es muy importante para nosotros recordarlo”.

Otros, como su ex compañero de equipo, el panameño Manny Sanguillén, guardan muy profundo en su corazón experiencias muy personales que vivieron con Clemente y que marcaron su vida para siempre.


“Clemente no solo me educó a mí en el béisbol, también me enseñó cómo comportarme fuera, con la gente. Fue una bendición y un ejemplo para todos los latinos, y especialmente para todo Puerto Rico. Para mí, era perfecto”, subrayó Sanguillén.