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Emotivo encuentro de sobrevivientes en pelea de Orlando Cruz

Por Bárbara J. Figueroa Rosa / [email protected] 07/16/2016 |07:31 a.m.
El púgil boricua dijo sentirse conmocionado por haber compartido con familiares de víctimas y sobrevivientes durante la carterlera y aseguró que “ahora más que nunca” continuará su legado de defender los derechos de la comunidad Lgbtt. (Carla Martínez / Para Primera Hora)  
Tocaron 49 campanazos en honor a las víctimas de la masacre en el club Pulse de Orlando.

Kissimmee, Florida- Anoche, antes de que el puertorriqueño Orlando “El Fenómeno” Cruz ganara  por nocaut el cetro NABO de la Organización Mundial de Boxeo, ocurrió algo emocionante  y que conmovió a las cientos de personas que llegaron al Kissimmee Civic Center a disfrutar de una noche de cartelera en la que se le rindió un tributo a las víctimas y sobrevivientes de la masacre Pulse, en Orlando.

El púgil boricua había subido al ring junto a su contrincante, el mexicano Alejandro Valdez, cuando se le solicitó a los asistentes que permanecieran en silencio.

Entonces, se escuchó un resonante sonido. Era el primero de 49 campanazos que retumbaron en el complejo deportivo,  al tiempo en el que una pantalla gigante mostraba las fotos de las 49  personas que fallecieron  hace poco más de un mes en el club nocturno  que era frecuentado por la comunidad Lgbtt.

El Fenómeno – el primer boxeador profesional en la historia en aceptar abiertamente su homosexualidad- miraba al suelo, como reflexionando sobre lo sucedido. Pero entre el público, en la primera fila de espectadores frente al cuadrilátero, había un invitado especial que fue trastocado hasta las lágrimas por el solemne instante.

Se trató de Norman Casiano, un joven de 26 años, que aquella trágica madrugada resultó herido en uno de los peores ataques de odio registrados en la historia de Estados Unidos. El muchacho -quien apenas puede caminar apoyado de un andador, pues recibió un disparo en la pelvis y otro en el coxis- miraba fijamente  y con tristeza las imágenes de las víctimas.

Norman, lloraba desconsolado rememorando el momento en el que vio morir a su lado a cuatro amigos. Era un gemido desgarrador, de esos que salen de las entrañas, desde lo más profundo del alma. En cada lágrima dejó escapar el dolor que lo consume desde el pasado 12 de junio, fecha en que Omar Mateen descargó sus frustraciones y odio atacando a mansalva a las personas que asistían a la tradicional “Noche Latina” del reconocido club. El incidente violento provocó la muerte de 49 personas- entre ellos 23 puertorriqueños- y dejó heridos a otras 53.

En esta misma escena -un par de sillas contiguas- estaban también otros sobrevivientes y Marely Menéndez, la mamá de Gilberto Silva Menéndez, uno de los hombres fallecidos durante la tragedia.

La mujer plasmaba con su celular lo que sucedía, al tiempo que sollozaba  recordando la súbita pérdida del menor de sus hijos, quien se graduaba este verano de administración en el cuidado de la salud en el recinto del Sistema Universitario Ana G. Méndez, en Orlando.

 
Homenaje a las víctimas de masacre en Orlando

El mismo se realizó previo al combate entre Orlando “El fenómeno” Cruz y Alejandro Valdez.

Marely y Norman no se conocían, pero el dolor los une. Era la primera vez que ambos compartían con alguna otra persona que sufre en carne propia el acontecimiento criminal de Pulse. Y la experiencia, aunque los sacudió emocionalmente, también los fortaleció.

“Es la primera vez que estoy con otras personas que tienen que ver algo con lo que pasó... las amistades que andaban conmigo se fueron con papá Dios. Fui el único que salió vivo y tengo que seguir fuerte por ellos”, relató a este diario Norman.

El muchacho- estudiante de maquillaje profesional y artístico- dijo que recibe ayuda siquiátrica para tratar de sobrellevar lo sucedido, al tiempo que confesó estar afectado por los atentados ocurridos en Francia, pues ha sido como “revivir la pesadilla”.

“Son cosas terribles… a veces ni puedo ver las noticias porque me afecta. Estuve  en esa situación y  uno sabe lo que se siente cuando piensa que va a perder la vida… me siento apegado a ellos (víctimas de Francia). Es como si estuviera pasando todo otra vez. Y también está lo de Dallas, con esa guerra entre policías y personas de raza negra y es terrible. No puedo creer que este es el mundo en el que vivimos. Ojalá pasemos esta etapa y obtengamos un mundo mejor después de todo este sufrimiento”, dijo Norman.

Agregó que él quiere ayudar a transformar ese mundo anhelado y que le gustaría ser portavoz de una campaña de amor y respeto ciudadano.

“Quiero ir a las escuelas, hablarle a la juventud y a los gay que tienen miedo de salir del closet por lo que pasó. ¿Tú sabes lo que es querer ser uno mismo, pero no poder  porque tienes miedo de que puede venir alguien y quitarte tu libertad y tu vida por ser tú? Es algo fuerte y quiero ser esa voz para la juventud. Convencerlos que el amor, la felicidad y la unión es lo que tenemos que promover. Necesitamos cambiar el mundo”, destacó.

Por su parte, Marely, dijo que ha tratado de convertir el dolor por la muerte de su retoño en un sentimiento de amor y perdón. Así mismo anheló que todos aquellos padres que rechazan a sus hijos por razones de orientación sexual, analicen lo ocurrido, y cambien su actitud “antes que sea demasiado tarde”. “Es triste saber que algunas de estas criaturas que murieron fueron rechazados por sus familiares… yo al mío siempre lo amé. Y lo amé por el ser humano especial que era “, dijo.

Mientras, el púgil boricua  dijo sentirse conmocionado por haber compartido con familiares de víctimas y sobrevivientes durante la cartelera y aseguró que “ahora más que nunca” continuará su legado de defender los derechos de la comunidad Lgbtt.

“Mientras pueda continuaré poniendo mi granito de arena y continuaré siendo portavoz para que no haya más discrimen, ni odio y sí más derechos, más igualdad y más amor. Ya basta de prejuicios y de homofobia”, dijo quien recientemente visitó el improvisado altar que hay frente a la discoteca Pulse, donde dejó una ofrenda floral y colgó unas guantes de boxeo como simbolismo de su incansable lucha por la equidad.

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