Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 13 años.
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Román “Rocky” Martínez, monarca superpluma (130 libras) de la Organización Mundial de Boxeo (OMB), defenderá hoy su corona ante el invicto, zurdo, estadounidense Diego Magdaleno. Este es el clásico pareo entre el fajador y el estilista.
Martínez (26-1-2, 16 KO) es un peleador de presión, con buena estámina y asimilación, ventaja en experiencia y reciedumbre, y está probado a 12 asaltos, distancia a la que ya ha llegado en cinco ocasiones (cuatro decisiones, un nocaut).
Magdaleno (23-0, 9 KO) tiene ventajas en velocidad y desplazamiento, y posee un estilo con poses y destellos que hacen recordar en algo a Héctor “Macho” Camacho.
Todavía no ha enfrentado un rival del nivel de Rocky ni ha peleado antes a 12 asaltos. Esto, unido a que no tiene la pegada para repeler la ofensiva del boricua y que viene del período de inactividad más largo de su carrera (ocho meses), inclina la balanza a favor del puertorriqueño.
Por otro lado, no se puede dejar pasar por alto que Martínez viene de dos peleas extremadamente cerradas, cuando se coronó vía decisión dividida ante el mexicano Miguel Beltrán Jr. y reteniendo vía empate dividido frente al también mexicano Juan Carlos Burgos en una pelea que muchos, me incluyo, lo vieron perder.
El aclimatamiento que ha tenido cada uno de los púgiles podría ser un factor en el desarrollo del combate y, en este departamento, Magdaleno tiene la ventaja de haber llegado cinco días antes que Martínez y con menos horas de vuelo.
No debe existir mucho misterio sobre cómo debe desarrollarse la pelea. Rocky presionando y Magdaleno moviéndose y contragolpeando luce como el escenario más probable. El boricua, para ganar, tiene que ser el que dicte el ritmo de la pelea y cortarle el paso a su rival para llevarlo de espaldas a las sogas o las esquinas. No puede dejar que el norteamericano le robe la ofensiva, entrando y saliendo de su guardia, mientras lo abruma con sus combinaciones.
Si Magdaleno quiere ganar, no puede darse el lujo de involucrarse en el intercambio indiscriminado de golpes con el boricua, tiene que mantenerse alejado de las sogas y establecer efectivamente la pelea de “picar y huir” durante todo el trayecto aprovechando las deficiencias defensivas del campeón. En otras palabras, hacer la pelea perfecta.
Rocky, por otro lado, debe hacer todo lo posible por noquear, ya que es muy posible que la suerte no le sonría por tercera vez corrida en una decisión cerrada.

