Con sus pies en la tierra los muchachos de La Gloria

Por Joel Ortiz Rivera 02/12/2018 |11:45 p.m.
Los hermanos Irad y José Ortiz regresaron ayer al barrio de donde salieron para conquistar el mundo del hipismo.
En su pueblo por primera vez en bastante tiempo, los hermanos se detuvieron en el parque en que dieron sus primeros pasos en el béisbol. ([email protected])  

Trujillo Alto. Están en la cima del hipismo estadounidense. José viene de ganar el Premio Eclipse al Jinete del Año hace poco más de dos semanas y su hermano Irad Jr. lleva cuatro años generando sobre $20 millones anuales con sus montas.

Pero a pesar de ser estrellas en las ‘grandes ligas’ del hipismo, ayer demostraron que siguen siendo dos muchachos más del barrio La Gloria, recordando las andanzas de la niñez y de su desarrollo como jinetes elite en tal vez el principal circuito hípico del planeta.

Lo curioso de los hermanos Irad y José Ortiz es que de niños, aunque su inclinación por el hipismo siempre estuvo, estos hicieron todo tipo de deporte desde sóftbol, tenis de mesa, baloncesto y sobretodo béisbol.

En su pueblo por primera vez en bastante tiempo, los hermanos, que llegaron a la Isla el domingo en la noche para ser homenajeados ayer por la administración municipal del alcalde José Luis Cruz, se detuvieron a desayunar en una panadería del barrio y luego se detuvieron en el parque en que dieron sus primeros pasos en el béisbol, deporte que aman y del cual algunos le dijeron que dejaran de practicarlo porque por su estatura para lo que servían era para jockeys.

“Se siente muy bien estar aquí. Hay muchos recuerdos de este campo y esta cancha”, dijo José al mirar los alrededores del parque de béisbol Kennedy Hill, mientras que Irad, al ver los aún evidentes estragos del huracán María, comentó que “se ve triste el campito, por todos los postes y los árboles caídos. Uno no quiere que el barrio de uno esté así”.

 
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Saludaron a todo el que se encontraron y los saludaron a ellos. Visitaron la casa de su niñez y la de doña Aida O’Farril, una vecina que los cuidaba desde que eran niños.

“Aquí eran que rompían ventanas y no dejaron una lámpara que no rompieron jugando pelota”, dijo O’Farril con una carcajada. “Ellos nacieron conmigo y se criaron aquí. Es una alegría tremenda verlos triunfar. Súper orgullosa. Ellos siempre han sido bien buenos”.

De allí se marcharon con Irad gritándole a un vecino que regresaban más tarde y José prometiendo que le traería su hija a doña Aida para que la cuidara. La próxima parada fue otra pasión poco conocida de los Ortiz: los gallos.


José Ortiz, a la izquierda, comparte junto a su hermano Irad con Aida O’Farril, una vecina que los cuidó cuando eran niños. ([email protected])


Así, pasaron al gallerín de Jeovany Pizarro Colón, donde tienen sus gallos, una afición que heredaron acompañando a su padre Irad.

“Desde pequeños venían. Es un orgullo para nosotros verlos teniendo éxito. Son dos hermanos, que eso no se da mucho. Pero lo mejor es que son humildes y vienen de una familia humilde”, dijo Pizarro.

De camino a la próxima parada, un almuerzo en la casa de un vecino en La Gloria, desde un carro en marcha les tocaron bocina y les auguraron “muchas bendiciones”.

Y luego de recordar los caballos de paso fino que tomaban por caballos de carreras cuando jóvenes, cuando con almohadas se sentaban en el sofá de la casa a hacer de jinetes con fuete, gafas y casco, las carreras que hacían con canicas y hasta las tretas que tenían que hacer para llegar al hipódromo El Comandante a disfrutar del sonido de los caballos al rondar la curva, finalmente dijeron que siguen siendo los mismos muchachos que todos conocieron mientras crecían en La Gloria.

“El Eclipse no cambia nada. Esta gente nos vio crecer. Yo soy de aquí, del barrio. Humilde. Esas fueron cosas que mi papá y mamá nos enseñaron. Siempre que venga a la Isla voy a venir aquí. Si Dios quiere, pronto hago mi casa en un terreno que tengo cerca de donde nos criamos. Quiero hacer una casa para quedarme allí cada vez que venga y estar más en el barrio”, manifestó José.

 
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