Mi caja de herramientas
lunes, 23 de enero de 2012
Estaba trabajando en mi oficina en casa cuando tocaron el timbre. Al otro lado del portón, estaba una señora muy bien vestida, acompañada por un joven. “Buenas tardes”, me dijo, “perdone que la moleste. Es que yo viví en esta casa hace casi cuarenta años y quise traer a mi hijo para que la viera porque él era chiquito y no se acuerda”.
La señora tenía un acento que no pude identificar. Le pregunté si vivía en Puerto Rico y me dijo que no, que venía de Seattle, y que ésta era la primera vez que visitaba la Isla desde que se mudó. Hablamos acerca de los vecinos, y me preguntó si conocía a los que todavía viven en la esquina, mencionándolos con nombre y apellido.
Pero mientras escuchaba a esa señora tan amable lo único que se me venía a la mente era: “Por favor, que no me pida que los deje entrar”. Y nunca lo hizo. Conversamos un rato, ella siempre al otro lado del portón, y finalmente les deseé que disfrutaran su estadía en la Isla.
Esa misma tarde llamé a una amiga, la hija de los vecinos que había mencionado la señora. “Yo los recuerdo”, me dijo. “Ellos eran colombianos y, aunque yo era chiquita, recuerdo que mi hermanita y yo jugábamos con los nenes”.
No tienen idea de lo mal que me sentí. Los debí haber invitado entrar. Yo, generalmente, procuro darle el beneficio de la duda a la gente. En esta ocasión no lo hice. Algunas personas me han dicho que no debo sentirme mal, que hice lo correcto, que, ante el ambiente de inseguridad que vivimos hoy en Puerto Rico, mi reacción fue normal. Normal o no, me duele el que el miedo me obligue a actuar en contra de mi propia naturaleza. Me hubiese gustado ofrecerles un café y pedirles que me contaran cómo fue su vida en esta casa. Sólo espero que no me juzguen mal y entiendan que, aunque los puertorriqueños seguimos siendo personas de gran corazón, no hay duda de que no somos los mismos que ellos dejaron aquí hace cuarenta años.
Tú preguntas
Mi novio es divorciado y tiene dos niños pequeños. Yo me llevo muy bien con los nenes, pero estoy notando que él les permite todo y no los disciplina cuando es necesario. Si le digo algo, me dice que yo no sé de lo que hablo porque yo no soy madre. Estamos pensando mudarnos juntos en los próximos meses, pero tengo miedo de que la crianza de los nenes se convierta en un problema entre nosotros.
Yo te respondo
Tú, puede que no seas madre biológica, pero vas a tener a esos niños en tu casa, así que eso te convierte en figura materna para ellos. Aunque ustedes no estén de acuerdo en todo, sí es importante que puedan negociar y llegar a acuerdos. Lo importante no es que siempre estén de acuerdo, sino que demuestren ante ellos un frente común. Si no hablan sobre el asunto antes de mudarse juntos, podrían tener problemas serios más tarde.
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A la del noviecito divorciado con los dos prospectos de mozalbetes-delincuentes de 15 años; “…es mejor romper un compromiso mal hecho, que un compromiso consumado”…¡NI POR LOS SANTOS SACRAMENTOS! Te mudes con ese patán. Empezando, por hacerte el señalamiento de que eres una ignorante porque todavía no eres madre… ¡HELLLOOOOO!...¿No sabes reconocer una falta de respeto y malacrianza?... ¿Qué va a pasar después que estén viviendo juntos y el no esté de acuerdo en algo contigo?...¿Decirte BRUTA o caerte encima?... ese tipo, no tiene control de los niños y los deja hacer lo que les de la gana, porque así mismo lo criaron…¡NENA, SALTE DE ESE EMBROLLO! y créeme, serás feliz….si no lo crees, pregúntale a cualquier chica que se haya casado con un individuo que venga arrastrando “hijitos modelos”, como fácilmente te podría tocar a ti……como también puedes ignorar el consejo y de aquí a un año, te leere escribiéndole a Lily, preguntando cómo te deshaces de la trulla de HP…… empezando por el seudo-noviecito….



