Ésta es una ciudad que ofrece poco
sábado, 12 de abril de 2008
El relato de Noel Algarín
ATLANTIC CITY.- Cuando le comenté a un colega y amigo que venía a Atlantic City a cubrir el combate de Miguel Cotto ante Alfonso Gómez, me indicó que ya él había estado en esta ciudad y, acto seguido y con absoluta convicción me dijo: “Y me prometí no volver jamás”.
Tras tres días aquí, ya entiendo perfectamente por qué.
Aparte de los casinos –si es que le gustan los juegos de azar-, la verdad es que no es mucho más lo que se pueda hacer en esta ciudad costera al sur del estado de Nueva Jersey. La playa no es exactamente la de Flamenco en Culebra, la vida nocturna dista mucho de ser excitante y su más conocida atracción –además de los casinos, claro está- es un paseo tablado entre el mar y los hoteles, que está muy chévere y hasta acogedor, pero, vamos, no deja de ser un paseo tablado.
Más aún, y quizás una de las grandes contradicciones de Atlantic City, es que pese a que el área de los hoteles y los casinos puede ser vista como símbolo de opulencia y riqueza, basta cruzar una calle (literalmente) para toparse con barrios pobres que ofrecen una clara visión del marcado contraste social en esta zona.
Así que si viene de visita a Atlantic City y lo suyo no son las casinos, procure planear su viaje alrededor de algún evento como una cartelera de boxeo o un concierto de su artista favorito, porque de lo contrario, es muy probable que al segundo día de estar aquí ya lo haya visto todo y se quiera ir.




