Experiencia que trasciende ideologías
Benicio del Toro es convincente como el Che Guevara pues, sin recurrir a discursos apasionados, muestra su carisma y apasionamiento. (Suministrada)
jueves, 15 de enero de 2009
Alexis Sebastián Méndez / Primera Hora
Protagonistas: Benicio del Toro, Demián Bichir, Norman Santiago, Néstor Rodulfo y Franka Potente
Director: Steven Soderbergh
Apreciar las películas de Benicio del Toro sobre Che Guevara (“Che: Part 1” y “Che: Part 2”) dependerá grandemente de tres aspectos. Primero, las cintas requieren algún conocimiento acerca de la revolución cubana, pues el filme no se adentra a explicar este fenómeno, sino a presentar la participación de Guevara en el mismo.
Segundo, dependerá de la condición en que vea los filmes. En Estados Unidos se han presentado ambas cintas juntas, pero ahora se exhibirán por separado. Sospecho que ver las dos películas corridas (ése fue mi caso) es la manera correcta de apreciar la experiencia. Por tanto, considerando que las dos cintas son partes de una misma experiencia, recogeré aquí mi impresión sobre ambas.
Tercero y más importante, su reacción dependerá de su actitud ante la controvertible figura del Che Guevara, quien aún cuarenta años después de su muerte representa los ideales revolucionarios para muchos, mientras que para otros esto es la exaltación de un criminal. Los diez minutos de aplausos recibidos en La Habana contrastan con la protesta de un centenar de cubanos cuando el filme se presentó en Miami. Por lo menos, el primer grupo había visto la película antes de reaccionar.
En verdad, no debiese haber tanto espacio para controversias. El filme no presenta los beneficios o daños de la revolución, ni evalúa su importancia. Si bien es cierto que no se enfoca en los aspectos negativos del Che (como su pobre trabajo como administrador durante los primeros años del régimen de Castro, su función de verdugo cuando envió a cerca de 300 personas a enfrentar un pelotón de fusilamiento después de la revolución, o sus errores políticos que le costaron separarse del círculo cercano de Castro), no se niega la existencia de su mano dura, ya que se presenta cuando condena a compañeros guerrilleros con la muerte.
El enfoque de los filmes no son las virtudes o defectos de Che Guevara, sino que presenta dos eventos significativos en la historia. La primera cinta muestra las estrategias de guerrilla que resultan en éxito en Cuba, mientras que la segunda nos expone sus frustraciones de intentar vanamente replicar el mismo resultado en Bolivia.
Benicio del Toro es convincente como el Che Guevara, pues sin recurrir a discursos apasionados, muestra el carisma y el apasionamiento para convencernos de que Che contase con el magnetismo que aún perdura. Su labor es una admirable, sobre todo en la segunda cinta, cuando debajo de todos sus esfuerzos de mantener la unidad y la cordura, podemos percibir su frustración y desilusión con los eventos.
El resto del elenco, compuesto en gran parte de compañeros boricuas, luce efectivo en sus papeles de seguidores inseguros de sí mismos pero transformados por el poder que Che les asegura que poseen y que les corresponde. En particular, hay que destacar a Norman Santiago, quien tiene una presencia más sólida en el segundo filme y tiene que sufrir la triste consecuencia de su aventura.
El director Steven Soderbergh (“Traffic”, “Ocean’s 11”) asume un curioso punto de vista. Las películas no intentan adentrarse en las motivaciones del Che Guevara, ni explican el contexto histórico que justificaba sus acciones (por eso ayuda si conoce un poco al respecto antes de ver los filmes). Soderbergh simplemente nos coloca allí, en las dos misiones de guerrilla, para que acompañemos a Che tanto en su mayor victoria como en su derrota final.
Así que atacar (o, inclusive, aplaudir) los filmes por razones políticas es una reacción más emocional que mental. Si alguna queja puede sufrir la cinta, es que debemos ser justos y señalar que la experiencia, por interesante que es, resulta demasiado larga. Muchas escenas se sienten repetitivas o lucen dispensables. Un ritmo más ágil hubiese ayudado al resultado final.
En fin, tenemos aquí una experiencia singular de cine que dará mucho tema de conversación tanto a admiradores o detractores.


