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"Surrogates" no alcanza su potencial

La trama de "Surrogates" se desarrolla en un mundo de robots hechos a imagen y semejanza de cada individuo se encargan de vivir lo que los humanos han decidido rechazar: la cotidianidad.

miércoles, 30 de septiembre de 2009
01:34 p.m.
Mario Alegre Femenías / Primera Hora

Déjeme ver si entendí bien: en un futuro no muy lejano, las personas van a dejar de ir físicamente al trabajo, la playa o de compras y en su lugar se acostarán en una cómoda silla reclinable, colocarán electrodos en sus cabezas y controlarán mentalmente a sofisticados robots llamados “surrogates” para que… ¿vayan al trabajo, la playa o de compras?

Según el filme Surrogates, debido a que la gran mayoría de la población decidió vivir como ermitaños y que versiones más jóvenes y atractivas de ellos mismos rondaran por el mundo, ya no ocurren asesinatos; se puede destruir al robot, pero su dueño no siente absolutamente nada. Sin embargo, hay múltiples interrogantes de esta utopía, donde las muertes violentas son cosas del pasado, que quedan en el aire y hacen que la premisa, aunque interesante,  resulte ilógica. 

¿Por qué la gente optó por enajenarse del mundo? ¿Acaso no habrán aumentado las muertes por enfermedades crónicas debido a la vida sedentaria que ahora llevan los ciudadanos? ¿Cómo se reproducen ahora los humanos? Si el “surrogate” anda cruzando la calle y a su dueño le da hambre, ¿se queda el robot parado en medio del tráfico mientras la persona almuerza? Los líderes del planeta... ¿gobiernan a través de sus  “surrogates”?

El concepto de la película parece prometedor al presentar una visión del futuro que no estaría muy lejos de la realidad dado que ya podemos  trabajar y hacer compras desde nuestros hogares vía Internet.  Pero una cosa es que yo escriba esta crítica desde mi casa, y otra completamente distinta sería que yo controlara a un robot para que fuera al periódico, se sentara en el escritorio y la escribiera en la computadora. ¿No suena absurdo?

Desafortunadamente, el libreto de Michael Ferris y John D. Brancato –el mismo dúo que nos trajo la infame Catwoman- está pobremente desarrollado y, aunque al principio arranca con un interesante vistazo a este mundo, donde todas las mujeres parecen salvavidas de Baywatch y los hombres modelos de Calvin Klein, al final no alcanza ser más que un simple misterio criminal.

La trama gira en torno al primer asesinato perpetrado en años de un joven millonario que murió en su apartamento cuando su “surrogate” fue violentamente aniquilado. El agente del FBI “Tom Greer” –interpretado por Bruce Willis- se hace cargo de la investigación que tiene como sospechosos a los integrantes de una secta de humanos que están en contra de los “surrogates”.

Al menos el director Jonathan Mostow mantiene un buen ritmo narrativo que logra que las imperfecciones del filme no sean tan obvias y, con la ayuda de dos o tres secuencias de acción, hacen que la experiencia sea entretenida. El cineasta recrea efectivamente este mundo superficial, dándole a la producción un alto nivel de estilo. Sin embargo, los cinéfilos que busquen sustancia temática,  deberán recurrir a la novela gráfica en la que se basa el largometraje que, por lo que me dicen, es mejor que lo que terminó en pantalla.

¿Logrará el rapero Polaco pegar con su perreo?