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Empleados cesanteados se van con pena y dolor

La isleta de la autopista Luis A. Ferré, se convirtió en una especie de camposanto con cruces blancas. (Primera Hora )

sábado, 7 de noviembre de 2009
Maritza Díaz alcaide / Primera Hora

El día más temido de todos les llegó ayer y con él el fin de las esperanzas de salvar sus empleos.

Un total de 2,097 servidores públicos, unionados y gerenciales, terminaron en la tarde de ayer su jornada de trabajo en el Gobierno y las historias que compartieron con Primera Hora -justo en la hora definitoria- fueron de mucha angustia e incertidumbre.

Wilmarilia Vargas, técnica de servicios a la Comunidad II, del Departamento de la Vivienda en Arecibo, confesó que “no logra adaptarse a la idea de que ya no tiene trabajo”.

Vargas estalló en llanto cuando en la sede de Vivienda en San Juan no se le permitió a este diario que le tomara una foto frente al logo de la que consideró “su agencia” por siete años.

“Ellos no saben lo que uno está sintiendo. Tengo un niño de diez años con una condición parecida al autismo y el dinero no me dará para su escuela, ni para su tratamiento”, dijo Vargas al resaltar que el sueldo que pierde representa el ingreso que le puede dar salud a su hijo. La empleada de Vivienda indicó que “no tuvo corazón” para despedirse ayer de sus compañeros.

En Vivienda varios desplazados, que pidieron no se les identificara, cuestionaron cómo en medio de la crisis el secretario Yesef Cordero tiene una guagua nueva “a todo lujo, de más de $45 mil”.

En el Departamento de Recursos Naturales, el hasta ayer director de Recursos Terrestres, José Cruz Burgos, relató que abandonaba con pesar la agencia. no sólo por quedarse sin trabajo, sino también por lo que éste supone para su vida.

“Esta agencia me pagó un doctorado en vida silvestre. Era biólogo en mi división, me promovieron el año pasado (a gerencial) y gracias a eso perdí el trabajo”, se lamentó.

Diversas entidades federales le han escrito al secretario del DRNA pidiendo que reconsidere su despido, pero esos esfuerzos han resultado infructuosos, dijo el biólogo mientras depositaba en una caja las fotos de sus dos hijos, que le servían de decorado en su oficina.

José Sustache, el único botánico curador a cargo del herbario de Recursos Naturales, no se fue ayer pero dijo que vive en carne propia la misma angustia de Cruz Burgos ya lo sacan en enero.

Estos dos meses “de gracia”, dijo que los estará aprovechando para proteger la valiosa colección de 20 mil plantas secas del herbario - algunas de las cuales datan del siglo XIX- que teme pueda perderse con su ausencia.

Glisette Estrella, oficial ejecutivo en la Oficina del Comisionado de Navegación, indicó que a ella el desempleo le altera las metas de su vida, inclusive le hace dudar sobre el futuro de sus hijos de 15 y 12 años.

“A mí todo esto lo que me ha dado es coraje. Había otras alternativas a los despidos. En el caso de mi oficina, trabajamos con fondos especiales y federales”, dijo.

La llamada segunda fase de los despidos masivos ordenados por el gobernador Fortuño se materializaron en medio de protestas, pero sin crearle mayores problemas al Gobierno.

El 6 de noviembre dio inicio con una manifestación simbólica en la autopista Luis A.Ferré, donde la isleta se convirtió en una especie de camposanto con cruces blancas.

Centenares de empleados públicos paralizaron al mediodía, por espacio de una mediahora, el tránsito en el túnel Minillas y la avenida de Diego, frente al principal centro de gobierno de la Isla.

“Tenemos que tener claro que lo del día de hoy es un anticipo a la huelga general”, exclamó Víctor Villalba, presidente de la Central Puertorriqueña de Trabajadores.

En Fortaleza, mientras tanto, jóvenes universitarios entregaban una carta de despido para el Gobernador, misiva que siguió el modelo de carta recibida por la madre de la estudiante Amanda García. Los universitarios también buscan un referéndum revocatorio para destituir a Fortuño.

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