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Apoya su registro como peligroso

Una de las terapias de grupo para ofensores sexuales del Departamento de Corrección y Rehabilitación.  (El Nuevo Día / Archivo )

lunes, 18 de junio de 2007
Firuzeh Shokooh Valle / Primera Hora

Daniel dice que es peligroso. Por eso no es un vecino cualquiera.

Siento que he mejorado, pero apoyo el registro porque la gente se tiene que proteger de mí. A mi tío le dije que no le permitiera a mis sobrinas que me visitaran porque yo soy peligroso”

Daniel (nombre ficticio), ofensor sexual

De mirarlo, nadie lo imaginaría. Quién podría imaginar algo así. Pero la peligrosidad de Daniel, igual que la de otros vecinos como él que tampoco conocemos -o, peor todavía, de personas que podrían vivir en nuestras propias casas-, no se puede esconder. Es pública.

Aunque quiso ser identificado con un nombre ficticio, su nombre verdadero está al alcance de todos y también la información de dónde vive, su foto, edad, estatura, peso y color de ojos. El año pasado se declaró culpable de actos lascivos contra su hijastra de siete años y su nombre y datos personales estarán en el Registro de Ofensores Sexuales en Internet hasta el 2016. La acusación original era de agresión sexual, pero llegaron a un acuerdo. Le dieron una probatoria de tres años.

“La parte perjudicada aceptó que era mejor que fuera rehabilitado porque la cárcel no rehabilita a nadie”, dice Daniel antes de participar en la terapia grupal para ofensores sexuales en el Negociado de Evaluación y Tratamiento del Departamento de Corrección.

Daniel, de 27 años, se ríe a menudo durante la entrevista. Dice que no es porque minimice la agresión terrible que cometió contra la niña que crió desde que tenía dos años. Se ríe porque ahora es un hombre “libre” entregado al Señor. Entre sonrisas, reflexiones y rezos, se filtraba una historia devastadora que ha marcado la vida de esa niña para siempre.

“¿Estás bien?”, preguntaba una y otra vez durante la entrevista, notando la expresión de horror e incomprensión de la reportera.

Daniel tiene dos hijos pequeños -una nena y un nene-, con la madre de la niña que agredió sexualmente. Una de las condiciones de su sentencia es que no se puede relacionar con niños sin la supervisión de un adulto. Actualmente estudia en una escuela superior para graduarse y trabaja. Puede estar allí porque sólo se relaciona con adolescentes, asegura.

¿Has tenido otra relación con una mujer?

-No puedo, yo sólo amo a una mujer, a mi esposa. Puedo ver a otras mujeres con deseo, pero para mí hay una sola mujer. Como dicen en las bodas: “hasta que la muerte nos separe”.

Silencio. “Fui sodomizado a los siete años. Un amigo de la familia me sodomizó a punta de machete”.

¿Se lo contaste a alguien? ¿Te creyeron?

-Nadie me creyó.

¿Crees que eso justifica tus acciones?

-No, los sicólogos dicen que cuando uno es abusado va a abusar y no es así necesariamente. Eso no justifica nada de lo que uno hace.

¿Tu hijastra le contó a su mamá lo que le hiciste?

-No, se lo contó mi hijo de cinco años que lo vio todo... te imaginas... yo no sabía que estaba mirando.

¿La amenazaste alguna vez? ¿Le dijiste que era un secreto entre ustedes?

-Mi caso es distinto porque nunca la amenacé ni le dije que era un secreto.

¿Por qué crees que no se lo contó a nadie?

-Creo que ni ella entendía bien lo que estaba pasando.

“Ésa última vez me abracé a mi hijo y a la nena y les dije: 'Lo siento, no me puedo resistir'. Y al otro día salió todo a la luz”, recuerda.

Daniel asegura que accedió a esta entrevista porque apoya el Registro de Ofensores Sexuales.

“Siento que he mejorado, pero apoyo el registro porque la gente se tiene que proteger de mí. A mi tío le dije que no le permitiera a mis sobrinas que me visitaran porque yo soy peligroso”, admite.

Pero si piensas que no lo vas a volver a hacer, ¿por qué la comunidad se tiene que proteger de ti?

-Estoy seguro de que no lo voy a volver a hacer, pero la comunidad tiene que proteger a sus niños. El registro ayuda a la comunidad a que ponga límites y eso nos ayuda a nosotros. Al ellos protegerse, nos protege a nosotros y eso nos ayuda a que no volvamos a caer.

Entonces no te relacionas con niños aunque podrías hacerlo con supervisión de un adulto.

-No quiero estar con niños, aunque haya adultos. No quiero que haya ningún problema.

¿Crees que los ofensores sexuales se pueden rehabilitar?

-Solamente si admiten su responsabilidad.

Daniel vive con su abuela y piensa mudarse pronto a un lugar apartado porque quiere vivir solo. En su comunidad se corrió la voz de que era un ofensor sexual y su técnica sociopenal se lo dijo a “una o dos personas”. Nadie lo ha molestado en el barrio, pero ha sentido miradas de rechazo. La congregación de su iglesia no sabe que es un ofensor sexual, pero sí los pastores.

¿Piensas que con el registro la comunidad se enfoca en protegerse del ofensor registrado y se olvida de que la mayoría de los agresores sexuales de menores son personas conocidas y familiares?

-Eso sí puede ser. Yo fui esposo, padre, padrastro, yerno y lo hice. Está de nuestra parte que paremos esto.

En esos casos, ¿cómo se puede prevenir?

-Mira, nunca aprobaría que una hijastra se quede a cargo de un padrastro. Mi esposa trabajaba fuera y yo me quedaba en la casa y casi ni estaba íntimamente con ella. Pero nunca le hice nada a mis hijos.

Pero ella era como tu hija, la criaste desde que tenía dos años.

-Sí, es verdad.

¿Entonces no se puede confiar en nadie?

-No sé, eso tal vez sería peor.

Daniel espera volver con su esposa cuando termine la probatoria, aunque no ha hablado con ella. Espera volver a relacionarse con sus hijos y su hijastra.

¿Crees que tu esposa o alguna otra mujer con hijos podría confiar en ti?

-Creo que sí.

Dice que la gente no se imagina la cantidad de casos de abuso sexual que permanecen en el silencio. Su esposa fue abusada sexualmente por un pariente, el mismo que se relaciona con la hijastra y los hijos de Daniel. A su madre también la abusó un tío cuando era pequeña. “Ahora mismo hay muchos niños en Puerto Rico llorando”, dice.

Así como ha llorado su hijastra.

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