China: un país lleno de contradicciones
viernes, 8 de agosto de 2008
Lester Jiménez / Enviado Especial
PEKÍN, China La decoración alusiva a los Juegos Olímpicos se esparce por toda la ciudad. Las instalaciones son fenomenales. El trato a los participantes ha sido de primera y en muchos lugares de la capital china se percibe un ambiente de celebración por los juegos. Pero no todo es felicidad en Pekín.
También conviven en el mismo espacio los grupos que protestan por los derechos humanos, la opresión política y, los más afectados, los que han sufrido desalojos o pérdidas de sus más preciadas pertenencias para darle paso a la construcción de instalaciones destinadas a los Juegos.
De primera instancia, Pekín se muestra como una ciudad desarrollada. Lejos de la imagen tradicional y hasta cierto punto prejuiciada de un pueblo estancado en el pasado, la capital se levanta con una sólida arquitectura moderna, buenas vías de transportación y efectivos sistemas de transportación colectiva.

Pero, debajo de su alfombra queda polvo por barrer.
Por un lado, varios sectores de la sociedad denuncian que los Juegos son sólo apariencia y que intentan ocultar los verdaderos problemas que tiene el país como la educación, la contaminación, el totalitarismo político y hasta la hambruna en sectores alejados de la zona urbana.
“En China hay mucho que hacer todavía”, indicó un joven voluntario que no quiso ser identificado.
“Los juegos le han traído alegría a mucha gente, pero también hay quien ha sufrido. Gente que se ha quedado sin trabajo o han perdido sus casas”, agregó.
En los pasados días, a sólo horas de que inicien los Juegos, varias protestas se han registrado en distintas partes del país, incluyendo la capital, Pekín.
Tan reciente como ayer, dos mujeres que protestaban por haber perdido sus residencias tras los desalojos a los que fueron sometidos para dar paso a construcciones relacionadas con los juegos, fueron arrestadas frente a la plaza Tiananmen. Además, cuatro extranjeros –dos estadounidenses y dos británicos- fueron deportados por desplegar pancartas frente a las instalaciones deportivas en las que reclamaban la independencia del Tíbet, entre muchas otras.
Según fuentes noticiosas, China ha concentrado alrededor de 100,000 hombres para monitorear los Juegos, incluyendo un equipo policial especial, la policía armada popular paramilitar y el Ejército de Liberación Popular, complementados por fuerzas de seguridad voluntarias y privadas.
Por lo pronto, los Juegos están a punto de comenzar, pero la mayoría del pueblo chino tendrá que seguir con su vida, enmarcada en los problemas de totalitarismo del Gobierno y la contaminación del aire, entre muchos otros.
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